SE BUSCA MALETA

Por Pamela Rodríguez
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Pocas cosas son más estresantes que estar parada frente a la cinta de maletas en un aeropuerto. Pocas cosas tan angustiantes como ver que cada vez van quedando menos maletas en la cinta y que no aparece la propia. Y nada es peor que se confirme que la maleta no llegó.

Me acaba de pasar. Estoy en el Jorge Chávez regresando a Lima después de haber estado unos días de viaje y la maleta donde metí las pocas compritas que hice ha desaparecido.

Me encontré con un escenario aún peor cuando caí en cuenta de que perder una maleta es un tedioso trámite burocrático. Tuve que llenar varios papeles en los cuales me preguntaban cosas absurdas sobre mi maleta. Cosas que jamás hubiera observado con tanto detenimiento. Hice mi mejor esfuerzo en contestar al máximo detalle.

El personal de la aerolínea se portó bastante bien, a pesar del toque deshumanizado que tiene la mayoría de personas que trabajan en los counters del aeropuerto. Pero aun así no eran capaces de comprendernos y calmarnos. Así como yo, había una gran fila de personas preocupadas por su equipaje, exigiendo la devolución inmediata. Personalmente yo solo buscaba buena atención, una sonrisa, comprensión, y, sobre todo, información. Con eso me quedaba tranquila. Pero allí en ese caos no había ninguna de las anteriores. Solo una incertidumbre a la cual debía ceder sin hacerme más hígado de la cuenta.

Mientras llenaba tranquila la papelería, recordé una cita de Maya Angelou, una de mis escritoras favoritas de mi adolescencia feminista: «He aprendido que puedes aprender mucho de una persona al observarla manejar tres cosas: un día de lluvia, las luces de Navidad enredadas y el equipaje perdido».

Y por primera vez entendí, al menos lo de la actitud con el equipaje perdido. Y fue curioso, ya que estaba inducida a la fuerza a esa vivencia, a observar las reacciones de las personas a mi alrededor. Había señoras histéricas dando de alaridos. No sé si creían que gritando iban a acercar sus pertenencias por arte de magia. Me costaba entender el lado pragmático de su actitud, pero allí no había nada de eso sino una extraversión loca de la frustración y rabia que sentían. Había otras personas extremadamente pasivas paraditas detrás del montón esperando que la gente les diera algo de información. Y estaban también los proactivos y serenos que solo preguntaban cosas relevantes, directas al grano.

Yo no sé bien en qué grupo estaba. Tal vez en medio de los pasivos y proactivos serenos. Pero fue interesante el análisis en función a la frase de Maya. Como dirían los angloparlantes «shit happens», y hay que enseñarnos a lidiar con todo tipo de «shit» sin perder los papeles, y buscando ser parte de la solución y no del problema. Por ahora solo espero que mi equipaje aparezca, mientras reflexiono, como para no aburrirme; que la vida no es lo que te pasa, sino lo que decides hacer con ella.