Ojos bien abiertos

Por Brunos Ascenzo / Ilustración por Sissy Junek

Untitled-1
Empezamos el 2015 con despidos masivos e injustificados por parte del que roba pero hace obra. Descubrimos días después que el mayor prófugo de la justicia peruana apareció campante sobre la otra orilla del lago Titicaca, mientras el ministro que debía capturarlo redactaba –desde un celular pagado por nosotros– ofensivos tweets en los que maltrataba el honor de mujeres y personalidades peruanas a las que debería estar cuidando, y no insultando. Nos enteramos de que la actual gestión de la Municipalidad de Lima, para justificar sus despidos, alteró un artículo de la ley y aumentó una frase que no existe en la original. Se la inventaron, sin asco. Y la difundieron, sin culpa.
Nos despertamos un lunes con la noticia de que la obra teatral la cautiva iba a ser denunciada por un procurador de apellido Galindo por hacer apología al terrorismo. El procurador declaró que nunca vio la obra (¿?), pero anunció que tenía el 50% de la demanda redactada. ¿Cómo? Qué importa. Eso es lo de menos cuando de cortinas de humo se trata. O cuando la ignorancia te asalta. Quizás el siguiente paso sea investigar la comedia los mataviejas por promover el asesinato de personas de la tercera edad. A estas alturas, no me extrañaría leer una noticia así en la prensa de mañana. Hemos entrado en la dimensión desconocida. Y esa no es una buena noticia.

A lo largo de mi vida he escuchado innumerables frases destinadas a ignorar la vida política de nuestro país. Argumentos como «en la mesa no se habla de política»; frases armadas que repiten cual muletilla que la política resulta aburrida y corrupta, y que no es necesario preocuparse por ella porque ya nada se puede hacer al respecto. Incluso en la radio en la que trabajo, en la que tengo total libertad para hablar y opinar sobre el tema que me dé la gana, no son muy bienvenidos los comentarios políticos, pues los jóvenes «cambian de emisora cuando se habla de política». No nos lo hemos inventado nosotros; está comprobado por los estudios de audiencia.

Ha llegado el momento de cambiar el cuento. No podemos dar más la espalda a nuestro país. No damos para más, y no es broma. Es hora de despertar. De hablar. De discutir. De darnos cuenta de que estamos mal y de que algo hay que hacer con lo que viene. Lo que ya existe está podrido. Huele mal y podría oler mucho peor en poco tiempo.

El próximo año tendremos elecciones. El Movadef está desesperado por conseguir algún rezago de poder, mientras en los colegios los jóvenes no saben quién es Abimael Guzmán. El mismo procurador Galindo prohibió la inclusión de preguntas sobre el terrorismo en los libros escolares porque también las consideraba apología. ¿Sabrá este señor lo que significa realmente ‘hacer apología’?

Aparecen partidos políticos financiados por el narcotráfico, y cada vez hay más sicariato en nuestra ciudad. Te matan en la pollería de la esquina o en El Rincón Gaucho. Tenemos presidentes regionales encarcelados por corrupción que han vuelto a salir elegidos, pero no pueden gobernar porque están tras las rejas. La autoridad, encerrada, y el país, desprotegido. El Perú está al revés, y los que ahora están arriba no pretenden enderezarlo.

Duele leer diariamente el nivel de deterioro al que hemos llegado. La falta de moral y de vergüenza de los que rogaron por nuestra confianza. Hiere la autoestima. Recorta la esperanza. Pero nunca la hemos tenido fácil. Hemos hecho colas para conseguir leche, sobrevivido a coches bombas, derrocado dictaduras y vencido a terroristas. Nuestra historia nos avala para bien y para mal. No vamos a dejar que ladrones de saco y corbata nos levanten en peso ni nos resignaremos a que el debate mediático se ciña a los amores y desamores del reality de moda. No esperemos a que sea demasiado tarde. Es momento de estar con los ojos bien abiertos.