Nadie nos bajará el volumen

¿Acaso existen formas de arte más valoradas que otras en el Perú?

Todos los que vivimos para la música sabemos lo difícil que es, en este país, decir que vivimos de ella. De hecho es difícil creer que, a pesar de que la industria musical se ha reducido y de que no existen políticas culturales coherentes e inclusivas, la escena de la música peruana haya crecido tanto en los últimos años. Incluso, alguien que no esté familiarizado con el mundo de la música en el Perú podría preguntarse: si no se puede vivir de la música en este país, ¿por qué hay tanta gente que le dedica su vida a eso? ¿Por qué la escena musical peruana está llena de Quijotes que fantasean con edificar algo en uno de los terrenos culturales más hostiles del planeta?

Yo tengo una respuesta bastante sencilla: la música es tan antigua como la humanidad. Desde que el ser humano existe, hay música. Nunca hubo cultura que no tuviera alguna forma de expresión musical. Podríamos decir que hay una mística detrás de este lenguaje y que, si sabemos mirarlo, sirve como un gran espejo donde podemos ver reflejada una foto bastante clara de cómo nos organizamos, cómo sentimos y cómo somos. Si uno sabe escuchar y analizar la música con sensibilidad, notará que en ella están grabadas las huellas de lo que nos identifica.

Algunas cosas que pasaron en estos días me han hecho pensar que algunos no tienen conciencia del valor de la música en nuestra cultura. Con ello no quisiera insinuar una supremacía cultural, decir que la música es más importante que otras artes. Creo que todas las manifestaciones artísticas tienen la misma carga de identidad y todas son igual de valiosas a la hora de delinear la cultura. Claro, yo comprendo esto y me suena bastante lógico, pero, a juzgar por lo que seis bandas peruanas vivimos la semana pasada, parece que PromPerú no tiene estos fundamentos de inclusión cultural en su forma de trabajo.

«Creo que de manera irresponsable, se ha politizado la cocina por encima de todas las artes», publicó en su muro de Facebook el etnomusicólogo Renato Romero, y me parece interesante su reflexión. Todos podemos sentirnos contentos y orgullosos del camino que se han trazado los cocineros peruanos, pero no creo que todos podamos sentir orgullo de que entidades como PromPerú tenga preferencias y establezca diferencias entre las artes. Digo esto porque hace una semana, con absoluta ligereza y sin mayor reparo, PromPerú canceló el financiamiento de una delegación de seis bandas peruanas a uno de los festivales mas importantes del mundo, el South by Southwest en Austin [Texas]. Al recibir la mala noticia por correo, comencé a preguntar desde mis redes sociales: ¿PromPerú habría cancelado el financiamiento de la delegación peruana a Madrid Fusión un mes antes del evento? Pues, no, ¿verdad? ¿Por qué entonces sí lo hizo con los músicos?

Lo que más me impactó es que la convocatoria y la inscripción al festival fue idea de PromPerú. Fueron ellos que, tras evaluar el festival, decidieron agrupar a seis bandas peruanas representativas de la escena musical independiente [Kanaku y El Tigre, Bareto, Dengue Dengue Dengue!, Autobus, Pamela Rodríguez, Yushimi] para hacer un showcase titulado Sounds of Perú. La idea no era mala; es más, todos los años nuestros colegas chilenos, uruguayos y mexicanos se agrupan en el mismo festival para mostrar su talento y el modelo funciona con mucho éxito. ¿Entonces por qué tras convocarnos e inscribirnos cancelan todo sin dar mayor explicación? ¿Por qué dan un paso atrás aun sabiendo que se trata de un festival tan serio y prestigioso, que incluso ya nos anunciaba en su página web y en los comunicados de prensa?

También tengo una respuesta: porque no nos respetan. Y porque creo que no son conscientes de las repercusiones que esto pudo tener en nuestras carreras, vidas, agendas y reputación, no solo como bandas sino como peruanos.

Este hecho abrió muchos debates. Hay quienes alegaban que las seis bandas no representábamos a la escena independiente. Hay quienes, incluso, nos bulearon en las redes sociales diciendo que debíamos buscar nuestro camino con nuestros recursos. Pienso que cada quien es libre de tener una opinión y una postura respecto a la selección de las bandas, así como también todos podemos opinar respecto a cómo se maneja el dinero del Estado. Pero creo que esos temas hacen que el núcleo del problema se pierda por la tangente, y la falta grave e indiscutible de PromPerú se diluya.

Personalmente, creo que si PromPerú nos había convocado, inscrito y agrupado en un festival importante debió ser consecuente y sacar las cosas adelante y no dejarnos colgados, y menos a un mes del evento. PromPerú debió cumplir con nosotros aunque nos hubiera convocado para hacer un concierto en el parque Kennedy. Debió cumplir con nosotros de la misma manera que cumple con los demás, como unos buenos padres que no hacen diferencias.

Esta mañana, un amigo me preguntaba cuáles eran las consecuencias de todo esto. Si bien no es nada tan grave, lo considero algo bastante triste: iremos las tres bandas que sí podemos financiar la asistencia. Las demás no irán por falta de recursos. Le dije apenada: «Es solo una raya más al tigre. Nuestro país es especialista en desigualdad. Lastima que esta vez venga de quienes delinean la política cultural». Así es la ignorancia de triste.