Mi itinerario parisino

Por Pamela Rodríguez

Pamelarod
Hace unas semanas publiqué en esta columna «Las sombras de la ciudad de la luz», en que contaba lo incómoda que me sentí en Francia cuando los parisinos salían por sus ventanas a callarme la boca por hablar un poquito fuerte en la calle a las once de la noche. Pero me quedó pendiente escribir a favor de la ciudad, porque si bien me incomodé con la represión nocturna de los ciudadanos, también siento que París me ha inspirado mucho y que conocí lugares maravillosos que me gustaría compartir.

Para comenzar el Palais de Tokyo, un museo dedicado al arte moderno y contemporáneo. Ahí amé el espacio y también la curaduría, de manera especial recuerdo la intervención Baitogogo de Henrique Oliveira. El artista brasileño tiene una estética increíble, y logró convertir las columnas del edificio en una enredadera de raíces de árboles que parecían interconectarse entre sí. Me hizo sentir, de una manera estéticamente armoniosa, cómo la construcción humana y la construcción de la naturaleza están reñidas entre sí. Pero esa es solo la primera de las tantas piezas que se me vienen a la cabeza que me parecieron maravillosas. Si estás buscando dosis de inspiración a la vena, tienes que ir.

También me gustó mucho el Centro Pompidou; el edificio me pareció una obra de arte. Me detuve un rato largo a observarlo antes de entrar a ver las obras. Desde hacía mucho tiempo tenía ganas de ver una muestra de Jeff Koons, y por suerte encontré la principal del museo. Los demás espacios poseen una selección muy buena de arte. Para mi gusto la encontré un poco anticuada, pero no por eso menos interesante y buena. Además en la tienda del Pompidou encontré objetos de diseño utilitario geniales, y todo tipo de cosas particulares y divertidas. Recomiendo echarle un vistazo.

Mis restaurantes favoritos fueron dos que luego me enteré que eran del mismo dueño. Tal vez mi amigo crítico culinario Ignacio Medina podría discutirme que no son los mejores restaurantes de París a nivel gastronómico, pero como siempre le digo: «tenían una‘ondaza’». El primero al que fuimos se llama Le Derrière, y tengo que decirles que es uno de los restaurantes más divertidos que he conocido en mi vida. El espacio lo encontré maravilloso, su ambiente y decoración extravagantes. Por ejemplo, las tarjetas que daban de recuerdo eran todas de fotos de potos. Pero no imaginen potos lindos, sino peludos de viejos. Ya sé, suena horrible, pero lo increíble era cómo los parisinos tienen tan buen gusto que hacen que hasta un poto de viejo se vea bien en una postal de merchandising. Esa noche estaba en el restaurante el famoso cantante argelino Rachid, quien a primera vista parece el Tom Waits de Argelia. Su personalidad bizarra, y sus cantos y bailes sin duda le dieron un toque muy especial a la noche.

Al lado de Le Derrière queda el restaurante 404, que ofrece comida de África del Norte. Es extraño que no hable de comida francesa si viajé a Francia, pero, aunque probé platos muy buenos, no me impactaron tanto como este restaurante, cuyas muchas recetas me hicieron sentir dentro de un antiguo palacio marroquí, donde me marearon con aguas de esencias de azahares y me llené de disfrute cuando comí el couscous vegetariano hasta no poder hablar. El ambiente también era muy encendido.

Las dos tiendas que me enseñó mi talentosísimo amigo, el artista plástico Pierre Stockholm, fueron por lejos mis favoritas. Ambas son tremendas tiendas de concepto cuya selección de productos es fabulosa. En ellas se encuentra de todo, desde cosas de decoración hasta accesorios para cocina, perfumes, cámaras, todo tipo de potingues de peluquería, ropa de lo más espectacular, libros alucinantes y revistas de todo tipo. Este sitio es peligroso; es para volverse loca con los objetos elegidos con tan buen gusto.

Y, por último, mi lugar favorito fue una pequeña perfumería de autor escondida en una calle pequeña: Atelier Cologne. París como ciudad me dijo mucho, pero la explosión sensorial que tuve con los perfumes de esta tiendita me lo dijo todo. Son sofisticados los franceses, y especiales como ellos solos.