Los misterios de la química

Las señales que el instinto nos da cuando nos enamoramos

Vanesa Enriquez

Muchas veces oímos decir que los amores a primera vista son imprudentes e impulsivos. Yo, por el contrario, les tengo mucho respeto. En la mayoría de casos creo que se trata de un acto de entrega ciega a algo mucho más sabio que nuestra racionalidad: el instinto. No conozco una historia de amor en la que ambas personas no sean capaces de señalar el momento exacto cuando reconocieron que el corazón latía diferente al lado de la persona que aman o amaron. ¿No son la mayoría de romances amores a primera vista? La mayoría dirá que ese primer flechazo se debe a algo llamado ‘química’. Y quizá no se equivoquen.

Lo dijo Jung, uno de los pioneros del psicoanálisis: «El encuentro entre dos personalidades es como el contacto entre dos substancias químicas. Si hay alguna reacción, ambas serán transformadas». A veces creemos que podemos hacer mucho para hacer nuevos amigos, conservar relaciones, enamorar a alguien, entenderte con el jefe que no toleras, hacer que tus hijos se lleven mejor. Pero no. Poco se puede hacer cuando no hay buena química entre dos personas. Desde el primer minuto, la química anuncia el rumbo por donde trascurrirán los caminos de una relación. Casi siempre son tres las opciones: la relación positiva-constructiva, la negativa-destructiva y la neutra, en la que simplemente no pasa nada.

Pero la química no solo dibuja las buenas relaciones y los romances de película. La química se manifiesta también de manera inmediata cuando las cosas no caminan bien. El instinto nos permite leer los mensajes que la química produce. Piensen en las relaciones que han tenido y que acabaron mal. ¿Acaso no tuvimos señales claras de que sería así desde el comienzo? La mayoría dirá que sí. Algo nos lo dijo; desde el primer momento nuestro cuerpo no se sintió cómodo, nos fue difícil mirar a esa persona a los ojos, las palabras no fluían con naturalidad. ¿Qué se podía hacer? Esforzarse un poco para intentar cambiar las cosas, pero la mayoría de veces no resultaba. Cuando la química se dispara en términos destructivos, nada puede hacerse. Aceptarlo y salir a tiempo de una química destructiva es la mejor opción antes de que la relación te destruya.

Hace poco fui testigo de una discusión de pareja en un café. Visto desde afuera, como espectadora, podía entender el punto que cada uno sostenía. Pero al oírlos pensaba en que no hay nada que se pueda hacer cuando dos personas no se entienden. Entre tanta conversa la pareja no llegaba a un acuerdo. Daban círculos en la misma dirección como una rueda de la fortuna. Hasta que la chica, al cabo de una hora de divagar, dijo: «Por favor, hagamos el esfuerzo de abstraernos de nosotros mismos para resolver esto. Aquí hay una solución práctica, podemos llegar a un acuerdo si somos capaces de entendernos fuera de la química, que nos destruye desde el primer día. Entre nosotros nunca hubo nada que se sintiera bien ni natural, ¿verdad?», preguntó ella, mientras el chico asentía. «No pasa nada –seguía ella–. Ni tú eres malo ni yo soy mala. Simplemente no nos llevamos y nunca nos vamos a llevar. Así es la naturaleza. Intentemos razonar». Me parecía un buen punto. Pero ¿qué habría pasado si ella hubiera sido fiel a lo que sintió desde el primer minuto? ¿Que habría pasado con nuestras relaciones de haber escuchado los mensajes de la química? La razón tiene límites. El instinto también, pero tiene menos.