La mar de las letras

O cómo navegar océano adentro a bordo de un libro

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Hace unas semanas me fui a una playa del norte a desconectarme de Lima, y cargué un grupo de libros conmigo, esos de bolsillo que no importa si se entierran en la arena. Siempre que viajo al norte elijo los libros más aventureros o los más escapistas, los que debí leer de adolescente pero no pude: ese que me falta de García Márquez o ese pendiente de Jorge Amado. Le comentaba mis planes a mi amigo Jerónimo Pimentel cuando de pronto él me sorprendió con una idea que a primera vista me pareció antojadiza. Me sugería intentarlo con la literatura «marina». ¿Literatura marina? Sí, aquella que ocurre en el mar. Uno la lee desde la orilla con el ruido de fondo del océano y nunca deja de tener la visión del escenario físico donde se dan los sucesos; algo así como el ecran ideal sobre el que se proyectan las fantasías de los escritores que leemos y nuestra imaginación. Como Jerónimo es una autoridad en el tema [ha escrito LA CIUDAD MÁS TRISTE, una novela en la que se pone en los zapatos del mismo Herman Melville, el autor de MOBY DICK] le hice caso. Y es verdad. Es posible internarse en el mar usando libros. Estos serían los que yo recomiendo:

ON CHESIL BEACH [Ian McEwan. Compactos Anagrama]. Para quedarse en la orilla. En esta pequeña obra maestra nadie se moja. Ocurre en un viejo hotel en la costa de Dorset, Inglaterra, y en ella dos muchachos, Florece y Edward, ambos de veintidós años, se enfrentan a su noche de bodas con todo el desconcierto, la ignorancia y el temor de los adolescentes antes de la liberación sexual de los sesenta. Es aún 1961 y los dos, vírgenes y cegados por sus complejos, ingresan de forma dramática a ese mundo adulto para el cual no están preparados. Durante toda la historia, el mar es un elemento que los acompaña y los perturba, que acentúa sus emociones como un bajo constante o un ruido de fondo.

ANTES DE QUE ANOCHEZCA [Reinaldo Arenas, Tusquets de bolsillo]. A diferencia de la parejita de recatados jóvenes ingleses, el protagonista de este libro es un ser voraz y torrencial, una bestia pansexual que devora todo lo que se mueve o arrastra en la isla de Cuba, incluidos animales y plantas, y que mira constantemente el mar como promesa de una libertad que anhela tanto como el resto de sus compatriotas. Denuncia frontal contra el totalitarismo castrista, declaración de amor por la literatura y carta de despedida [Arenas la escribió antes de morir víctima del sida en 1990]; esta novela testimonial es también una magnífica narración llena de sangre en movimiento y adrenalina.

LA LÍNEA DE SOMBRA [Joseph Conrad, Cara y Sello Norma]. Esta novela corta del maestro inglés narra, en la superficie, la primera experiencia de un joven marino como capitán de un barco en las extrañas aguas de Malasia, pero en el fondo es un tratado minucioso de la transformación emocional y existencial que se da entre la adolescencia y la adultez. El mar que rodea a este barco casi fantasma, desolado y lleno de gente que agoniza y que sin embargo, pese a los esfuerzos de todos, parece no avanzar jamás, es casi un símbolo de la extática existencia. Los cambios siempre ocurren en el interior de la gente.

RELATO DE UN NÁUFRAGO [Gabriel García Márquez, Norma]. Ahora sí estamos mar adentro. Y esta brillante crónica periodística de Gabo, escrita antes de confeccionar sus primeras ficciones, reconstruye la lucha por la sobrevivencia de Luis Alejandro Velasco, un marino que se pasó diez días perdido en altamar acosado por el hambre, la sed, la locura y una pandilla de tiburones poco hospitalarios. Narrado con solvencia y fuerza dramática, el testimonio del náufrago es trepidante, desgarrado y por ratos conmovedor. Atentos a la escena en que el marino intenta comerse a un ave que se posa en su bote. Ya se ven toques de realismo mágico.

EL VIEJO Y EL MAR [Ernest Hemingway, De Bolsillo]. Nadie puede dudar de la influencia del viejo Hem sobre el Nobel colombiano. Este texto, que cuenta el encuentro y la confrontación de un anciano pescador ‘salao’ y un pez grande y hermoso en medio del océano, es una poderosa metáfora del desajuste entre un hombre que pierde sus fuerzas vitales y los objetivos heroicos que se propone. El mar es aquí una amenaza, pero también el espacio del reto y un sitio digno para morir en la brega, siempre que se haga con heroísmo. Hemingway lo escribió cuando sus fuerzas también declinaban. El mar puede ser también una página en blanco.