LA FAMILIA Y LA UNIÓN CIVIL

Por Pamela Rodríguez
Bruno

Al encender mi computadora esta mañana, cuando quería ponerme a escribir esta columna, se abrió mi Facebook y aparecieron en el muro vi un sin fin de fotos y memes que protestaban en contra del congreso por haber archivado el proyecto de unión civil entre las personas del mismo sexo. No podía creer lo que leía, y entre toda la información, quedé impactada con las declaraciones de los congresistas que votaron en contra. ¿Es posible que gente tan limitada esté a cargo de nuestro país?, pensé. Y al terminar de investigar sobre el tema mi respuesta fue afirmativa. Efectivamente: gente con poco nivel intelectual y sobre todo humano está a cargo de las políticas del Perú.

No quiero ser agresiva de más, porque a pesar del fastidio que siento, no creo que las palabras rabiosas lleven a ninguna parte. Por lo mismo, y dado que la información está al alcance de todos, me abstendré de señalar con el dedo. Aún así leer en 2015 esta declaración de un congresista es lamentable. «Tenemos que ser permeables a los tiempos. No conviene ir demasiado a la modernidad, ni tampoco ir muy retrasados. Lo normal en el país son familias de varón y mujer».

Ese señor no se da cuenta de lo que habla, de que la unión civil entre personas del mismo sexo no es un tema de retraso o modernidad. Es un tema de inclusión y de igualdad, de luchar por un país donde todos tengamos los mismos derechos indistintamente de nuestra inclinación sexual. Es un tema de avanzar a nivel humano. Y por último, si lo entendiéramos desde el plano de la modernidad, tampoco tendría nada de malo. ¿O este señor se va a oponer también a proyectos de innovación médica o ecologista? ¿Será que también estará en contra de la educación y de reformas modernas de transporte público? Lo que dice es un sinsentido. Un país, para poder llamarse país, tiene que poder avanzar e innovar desde todos sus ángulos, y el campo de la igualdad social no tiene por qué ser tratado de otra manera.

Pero bueno, no quiero profundizar en mi argumento, porque siendo sincera, tampoco ahondé más. Antes de poder hacerlo me sentí excluida y de alguna manera ofendida con las declaraciones de este congresista. Porque dice que las familias en este país está formadas por hombre y mujer. Yo no soy gay, y no tendría ningún problema si lo fuera, pero soy una chica de treinta y un años dos veces divorciada y muy orgullosa de la familia que he construido a pesar de no ser estrictamente convencional. Con Raúl, el papá de mi hija, formamos durante ocho años no solo lo que fue una relación de los dos con nuestra hija, sino una familia abierta e inclusiva con la madre y la hija del primer matrimonio de Raúl. Nosotros somos una familia unida y llena de amor, pero no somos una familia de hombre y mujer, somos una familia de seres libres y abiertos que se quieren. Raúl y yo nos separamos haciéndonos promesas mucho más profundas que las que nos hicimos el día de nuestro matrimonio: las de vivir en armonía, desde el amor y de poner la familia por delante.

Pero para ese congresista mi familia no debe ser una familia, así como tampoco deben ser para él familias que constituyen todos mis amigos gays. Es la triste realidad, que en esos curules no solo estén personas que no saben de gobernar países, de evolución social y lo más triste: de personas que no saben del amor.