IDEAS

Por Pamela Rodríguez
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Siempre que me siento a escribir esta columna tengo una idea concreta. El ejercicio consiste en desarrollar la idea en un máximo de ochocientas palabras. Tengo medida la cantidad de pulsaciones de teclas que me lleva escribir una columna. Es un acto intuitivo con el que me he familiarizado después de dos años con esta ventana en mi cabeza.

Pero hoy no tengo una idea en concreto y cuando eso pasa me pongo triste, siento que soy un pozo sin ideas, experiencias ni opiniones.

Pero no es que esta vez no tenga ideas. Lo que no tengo es una en concreto de la que quiera hablar mucho. Comienzo.

Quisiera contarles que ayer visité la municipalidad de San Isidro. Que adoré ver al alcalde sin terno. Que los chicos que me atendieron tienen ideas modernas y que espero sean apoyados por la comunidad para que logren concretar su visión. Me gustó poner mi firma sobre el proyecto de convertir la avenida Libertadores en una avenida semipeatonal. Firmé a pesar de estar frente a mi tienda, La Sanahoria, y tenga que lidiar con una obra más.

Estoy pensando en que me gusta trabajar los domingos. Es más, creo que todos los días se deben parecer a los domingos. Con menos carros pero más bicicletas y patines. Pienso que me gusta la ciclovía de la avenida Arequipa y que Lima debería tener más como esas.

También estoy pensando que me gustaría que alguien me dé el teléfono personal del alcalde Luis Castañeda para invitarlo a tomar un café. Me gustaría entenderlo antes de criticarlo. Quisiera decirle que me duele en el alma que haya pintado los murales de Lima. Quisiera entenderlo y ver la manera de crear con él un nuevo proyecto de arte urbano. Tiene que tener corazón, ¿verdad? No creo que nadie en este mundo sea tan desalmado.

Sigo pensando que mis amigos homosexuales deberían poder casarse y adoptar hijos. Pero ya hablé de eso en mi anterior columna.

Somos tan pocos los que pensamos en una ciudad articulada, inclusiva, que haga más sensible a su gente con las artes y que tenga orden. Cómo quisiera que no suenen bocinas y que no asalten a tanta gente en Barranco, donde vivo. Pienso en mi amigo Ramiro [Llona] y lo respeto por no haber querido participar en Art Lima. Cosa que lleva a preguntarme: ¿No hay otro camino? ¿Alguien me da el teléfono del señor Castañeda? ¿De Lucho? ¿Luchito? ¿Cómo debería hablarle? ¿Será accesible?

Ojalá hubiera más gente sirviendo a la comunidad como la que conocí ayer en San Isidro… Ya casi son ochocientas palabras, creo. No hice conteo.