Exijo ser un héroe

En tiempos de My Space y Sound Cloud, ¿sirve para algo la radio?

Cuando fui adolescente tuve una banda de rock. Nunca grabamos nada profesionalmente aunque sé que algún día escribiré un libro sobre ella. Se llamaba Eviterna. Y su nombre me parece ahora la revelación de un deseo escapista ante la Lima de bombas, huelgas y paquetazos de fines de los ochenta y principios de los noventa en que la música se pirateaba en casetes que rebobinábamos con lapiceros e intercambiábamos como podíamos con gentes de otros distritos a las que les gustaba la misma música que a nosotros. No teníamos ni los medios ni la fe ni la disciplina para alcanzar algún tipo de éxito y la música de la radio nos desalentaba por completo. Una canción de Los Prisioneros que ninguna estación se animó jamás a programar –y que titula esta columna– nos hacía soñar la posibilidad del triunfo a pesar de ser los tipos más simples de un barrio cualquiera en una ciudad de apagones. Tocamos en varios sitios esperando el milagro secreto y tocamos como decenas de bandas que se oponían al circuito comercial y sonaban mal por los pésimos equipos de los conciertos de la época. Nos extinguimos sin dejar rastro. En la FM triunfaba New Kids on the Block.

A inicios de este año, me enteré de que un tema de la banda de un reciente alumno mío en la universidad, Fernando Alayo, había figurado entre los 35 mejores surcos de rock independiente de todo el mundo según una lista confeccionada en el mes de diciembre por críticos y bloggers asociados al influyente periódico inglés The Guardian. La noticia ya había explotado en los medios cuando una tarde, a petición mía, Fernando me contó la historia aleccionadora del éxito de su tema (You Go Behind The Truth) y de su grupo, Grisvolta. La podría resumir así: Él y otros chicos se juntan a tocar, interpretan covers espléndidos de Radiohead y deciden organizar conciertos de homenaje a la banda inglesa para recaudar fondos; en los conciertos interpretan sus propias canciones y un productor los escucha y les ofrece grabar un disco: lo hacen. Cuando lo presentan a las radios, todas se niegan tajantemente a pasar la música y ellos venden apenas unas cuantas copias. Pasan meses y nada. Han fracasado. Un día, sin nada que perder, deciden colgar sus temas gratis en MySpace y en SoundCloud, y crean cuentas en Facebook y Twitter. Aparentemente, no pasa nada en los siguientes meses. De pronto, un portal virtual de rock peruano los sitúa en una encuesta para lo mejor del año 2011 y los seguidores de este portal, que al parecer han escuchado el disco desde la comodidad de sus ordenadores, eligen su disco, Monochromo, como el Álbum del Año. La noticia llama la atención de un conocedor que alerta a los especialistas de The Guardian. Escogen You Go Behind The Truth. Cuando la noticia rebota en la portada virtual de El Comercio, todo da un giro: Fernando me cuenta que han agotado la edición de su disco y preparan la segunda, que pronto estará en tiendas. También, me dice que la radio comercial peruana –salvo contadas excepciones– aún se resiste a pasar sus canciones.

La historia, por cierto, no es nueva. Desde que Radiohead decidiera colgar In Rainbows en una plataforma de Internet para que la gente pagara lo que quisiera por descargarla, algo se ha modificado en el mundo de la música independiente. La banda Arctic Monkeys, por ejemplo, labró su fama desde MySpace y ahora parece ocurrir que grupos de todas partes del globo (junto a Grisvolta, la lista de The Guardian nos ofrece propuestas de China, Estonia, Malta, Chile o Rumanía) tienen la opción de aparecer en espacios virtuales compartidos por una audiencia liberada de la tiranía de las radioemisoras y de los sellos discográficos que solo desean lucrar. Ha sido un escenario así el que ha permitido que la excelente música de un grupo de jóvenes limeños que no podían vender sus discos sea atendida más allá del mezquino circuito comercial local. Quizá algo se haya vuelto más justo. Hace muy poco, el músico canadiense Neil Young declaró que la oferta de las páginas que ofrecen reproducción y descarga de música gratis no debería ser satanizada ni criticada tan alegremente por la industria. «Así es como la música se mueve ahora», señaló el genio de Harvest Moon. «Esa es la radio». Leo sus declaraciones y me alegro de que así sea. En la otra radio, claro, siguen sonando Los Wachiturros y varias compañías se siguen peleando por imponer «el tema del verano». Allá ellos.