Espero que les guste

Y otras frases que un artista verdadero debe borrar de su cabeza

pamela_154

Hace poco recibí una carta de una chica de quince años que está comenzando a hacer música. Ella es cantante y compositora de su propio proyecto solista de música pop. Me invitó a uno de sus conciertos para que la escuche porque quería que le diga lo que pensaba de su trabajo. Le contesté que sí, que pasaría un rato a verla y que luego le enviaría mis comentarios por e-mail.

Cuando llegué al local del centro de Lima el concierto estaba comenzando. Me senté y comencé a observar y escuchar atenta. La niña era muy linda. Su belleza era perceptible aun estando su carita escondida por debajo de sus hombros. Llevaba puesto un vestido escotado en la espalda y unos tacones muy altos. Ambas cosas, pude intuir, no la dejaban estar cómoda en el escenario y hacían que sus piernitas nerviosas temblaran aún más.

La niña saludó al público con timidez. Dijo cuatro cosas de manera muy torpe, sus palabras se atropellaban unas con otras. Tenía, sin embargo, un modo bastante tierno de mover los ojos de un lado al otro cada vez que perdía el hilo de lo que quería decir. Pero, ¿sabía esa niña lo que quería decir? ¿O estaba diciendo lo que creía que debía decir sin escuchar lo que salía del fondo de su alma? Me incliné por la segunda hipótesis y seguí observándola mientras que su actitud me hacía sentir tan tensa como comprensiva.

Al terminar sus palabras de introducción a su concierto dijo: «Ahora voy a cantar mi canción Lágrimas silenciosas. Espero que les guste». Y se sentó al piano.

La niña no carecía de talento. Su voz era tan bonita, resonante y profunda que por unos minutos me distraje de lo que me hizo sentir aquella frase con la que la niña presentó su canción. Pero enseguida retome el hilo. ¿Porque había dicho “espero les guste”? Tenía años sin escuchar esa frase salir de la boca de un artista.

Cuando eres artista y esperas que lo que haces guste, estás comenzando ya coja de una pierna. En escena, una no puede esperar nada de nadie, y creo que tener expectativas formadas respecto al público es un error. A lo máximo que uno puede aspirar es a conectarse con una misma, sentir que la música toma posesión de uno y luego proyectarla hacia los oyentes, entendiendo por adelantado que una –ni nuestro arte– no nació para gustarle a todos. Subir a un escenario a cantar es un acto de amor más que una exhibición de habilidades. Debería ser un desnudo de autenticidad pura que no debería jamás conformar sus bases en las expectativas ajenas, sino en los principios y valores netamente artísticos.

Puede que la niña al verse desprotegida en el escenario –como todos lo estamos–, haya dicho lo primero que le salió de la cabeza y que le sonó bien. ¿Pero que diría un psicólogo Lacaneano?¿Por qué su subconsciente eligió las palabras “espero les guste” y no otras? Tal vez porque el arte se ha trivializado, como tantas cosas en estos tiempos. El valor del “duende”, de la autenticidad, del sonido del alma ha perdido valor, y en su remplazo están los escotes de espalda, los espíritus tímidos y las frases condescendientes que buscan desesperadas la aprobación absoluta e inmediata. Y cuantos grandes talentos caen en esas redes tan crueles.

Niña linda, niña frágil: me encantaría no haberme distraído con el debate interno que generó aquella frase tuya, para poder hacer lo que me pediste: criticar tu obra musical, pero tu actitud me generó la urgencia de decirte que seas fuerte para vencer tus temores y que más nunca debes pedir permiso para cantar.

Alguna vez me dijo alguien, cuando tenía tu edad, que yo tenía que creérmela para que lo demás me pudieran creer, pero no. Pienso que no es necesario creértela, solo tienes que ser. Si tu llamado a la música es verdadero, la música y tú jamás se dejarán. No llenes esa relación eterna y cósmica de inseguridades, procura construir bases sólidas, que no estén conformadas por las voces de otros y tu necesidad de aprobación, constrúyelas desde lo más auténtico de tu ser. Te aseguro que en el mundo hay millones de voces y canciones, pero no hay ninguna otra que salga de ti.

En mi experiencia, solo he encontrado un antídoto para el pánico escénico y creativo: respira tranquila y se tú.