El superagente de la blancura

Cómo hacer un limpiador casero para no intoxicar más el planeta

pamela152

El otro día estaba en la cocina preparándome un té de rooibos cuando de pronto boté el frasco de miel de agave sobre la mesa. Antes de que las hormigas veraniegas llegaran en fila india para asaltar mi cocina, saqué del estante un nuevo producto de limpieza y me puse a limpiar. A los pocos minutos comencé a sentir cómo las partículas tóxicas de aquel líquido invadían mis pulmones y empecé a toser hasta marearme. Salí huyendo de la cocina y cerré todas las puertas detrás de mí. Era la primera vez en muchos años que utilizaba un producto no ecológico para limpiar mi casa, pues había tenido la suerte de haber vivido en ciudades donde los productos ecológicos de limpieza eran algo que podía encontrar con facilidad. Ya me había acostumbrado tanto a la ausencia de químicos, que casi morí intoxicada al utilizar aquel líquido.

Tras el incidente me pregunté en qué sitios de Lima podría encontrar productos ecológicos para mi casa. No supe contestarme. Hice una par de llamadas a mis colegas green pero nadie supo decirme. La mayoría me dijo, con un poco de tristeza, que aquí no los iba a encontrar por ahora, hasta que alguien se animara a hacerlos o importarlos.

A los pocos días, cuando la interrogante aún me perseguía y como si el cosmos hubiera oído mis plegarias, me llegó un e-mail de una de mis páginas favoritas de estilo de vida ecológico Mind Body Green, cuyo subject decía algo así como ‘10 recetas caseras para crear limpiadores de todo uso’. Decidí darles una oportunidad, a ver si con una receta casera podía resolver mi problema de limpieza y salud. Leí detenidamente las diez recetas y me decidí por una cuyos ingredientes eran agua, vinagre, cáscara de naranja, bicarbonato de sodio y aceites esenciales. Debía hacerse una mezcla de todos los ingredientes en un recipiente de plástico para luego dejar el líquido reposando durante dos semanas.

Así que salí en busca del envase de vidrio, del bicarbonato, del vinagre blanco y de un recipiente de plástico con spray para poder introducir el líquido una vez culminadas las dos semanas de reposo para poder utilizarlo de una manera más práctica. Luego regresé a casa y comencé con el experimento. Debo confesar que en esta primera fase de preparación el aroma era nauseabundo. No había otro olor más que el de vinagre que sobresalía sobre los otros frágiles aromas. Me desilusioné mucho al pensar que mi casa terminaría sustituyendo el olor a tóxico por el olor tan poco agraciado y punzante del vinagre. Pero no me desanimó al punto de abortar la operación. Decidí esperar las semanas que señalaba la receta y seguir al pie de la letra las indicaciones. Cerré el envase de vidrio, le tomé una foto y lo dejé reposar.

Dos semanas después, completamente aterrada, me animé a abrir la mezcla a pesar de su pestilencia; había llegado a la conclusión de que prefería que mi casa oliera a vinagre a llenar el aire de partículas tóxicas. Pero me sorprendió inmensamente la desaparición por completo del olor punzante: ahora un agradable aroma a naranja se había apoderado de la mezcla. Colé el líquido para introducirlo en el envase con spray, añadí el bicarbonato y luego, para culminar la mezcla, coloqué unas gotas de aceite esencial de árbol de té y unas otras pocas de lavanda y ciprés que tenía entre mi colección de aceites esenciales.

La verdad está en que la mezcla quedó buenísima no solo en términos aromáticos, sino también prácticos. Si bien no me atrevería a usar mi limpiador hippie en manchas demasiado complicadas, para la limpieza sencilla de la casa sirve muy bien. Prefiero que las cosas no queden tan blancas y resplandecientes si eso va a dañar la salud de las personas que habitan en mi casa.

A los pocos días entré a buscar una botella de agua a una bodega de mi barrio y la señora que atendía tenía el televisor prendido, donde casualmente pasaban el comercial del producto tóxico que casi me mata. Decía cosas típicas como ‘el mejor limpiador de grasa’, ‘el superagente de la blancura en la cocina’ y demás frases cliché de los productos de limpieza. Yo imaginaba cómo sería aquel comercial visto desde un plano más objetivo, alejado de la parcialidad marketera. Qué tal si salía yo al lado tosiendo y me desmayaba después de haberlo utilizado. Y también cómo sería si apareciera la imagen de nuestro planeta tosiendo compulsivamente por todos esos superagentes de la blancura que están matando el ecosistema.