El peso de los años

Por Gonzalo Coloma

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Hoy decidí botar ropa de mi clóset. Uno a uno fui sacando los pantalones y, sorpresa mía, nada me queda… En realidad no es tan sorpresa. Hace más de un año que me visto con los mismos cuatro pantalones. Los demás se quedaban en el clóset para cuando bajara de peso. Mis camisas, lo mismo, una a una iban yendo a la bolsa donde ponía toda la ropa que iría a donar. Pero lo más increíble no fue la sensación de dejar ir toda esa ropa, sino el hecho de dejar ir toda una época. Empecé a sentir que estaba cambiando; en especial durante los últimos tres años, cuando vi cómo mi talla de pantalón oscilaba de 34 a 36 [por ratos me seguían quedando los 34; hoy es imposible].
Mido un metro con ochenta y cinco centímetros. De chico fui muy deportista, y flaco, pero cuando entré a la universidad, por culpa de las clases, no hacía tanto deporte como acostumbraba, y mi primera panza apareció. Sin embargo, seguía siendo tan flaco que a un amigo incluso se le ocurrió la chapa ‘Pita con nudo’. Muy graciosa, ella. En esa época pesaba ochenta y cuatro kilos, y jugaba básquet en el equipo de la universidad.

Cuando me fui a Canadá y empecé a entrenar en mi primera escuela de circo, mi cuerpo cambió drásticamente. Bajé a setenta y cuatro kilos, con solo 7% de grasa corporal, tanto que cuando mis papás me vieron, pensaron que no comía bien: lo cierto era que el ejercicio se había comido toda mi grasa. Luego, con el entrenamiento de circo de ocho horas al día, subí a ochenta y seis, pero mantuve el 7% de grasa. Había ganado doce kilos de puro músculo… y aun así se me seguía viendo muy flaco.

Cuando terminó la escuela de circo, dejé de entrenar tanto para dedicarme más a los espectáculos, y mi cuerpo empezó a ganar grasa y a perder músculo, pero seguía pesando alrededor de ochenta y seis kilos… hasta que hace tres años definitivamente dejé de ser ‘un flaquito’. Mis piernas, brazos, torso y barriga se ancharon, y pensé: ¡me estoy volviendo gordo! Seguía entrenando poco y haciendo muchos shows, y siempre me decía que al volver a Montreal me metería al gimnasio y quemaría todo rapidito. Pero pasaron tres años, y mi peso siguió incrementándose hasta llegar a los noventa y nueve kilos… ¡¡No podía ser: llegaría a los cien kilos!!

Por suerte hace dos meses comencé a crear un show y, con ello, reanudé los entrenamientos de ocho horas diarias. A este ritmo ya he perdido cinco kilos. Me siento en buena forma, puedo correr cinco kilómetros en 25 minutos y realizar tres shows de 45 minutos cada uno en un mismo día. Me siento bien en mi cuerpo, pero ¡aun así peso noventa y cinco kilos!

Hoy, mientras descartaba mis pantalones talla 34 y mis polos talla M, iba despojándome también de mi cuerpo de joven acróbata y aceptando el paso a uno nuevo, a un cuerpo de hombre que no sabe por cuánto tiempo más podrá seguir haciendo lo que más disfruta: estar en un escenario haciendo circo.