El amigo de todos

Por Juliana Oxenford

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Me había prometido hacer de esta columna una especie de pared en blanco para escribir de todo, menos de política. Tenía un juramento con mi almohada de no darle más vitrina de la que buenamente le concedo ‒a mi estilo‒ todas las noches a la misma hora y en el mismo canal. Pero esta vez no puedo cumplirlo. Lo admito, lo digo sin roche, lo grito a los cuatro vientos, asumo mi responsabilidad; condénenme, rajen de mí en Facebook, háganme bullying virtual… Me declaro públicamente débil ante la obsesiva curiosidad de seguir levantando alfombras en busca de una nueva huella, testimonio o indicio que me lleve a saber más del amigo del presidente y su famosa esposa [de la captura, que se encargue Urresti; siempre y cuando reciba la orden de centrar su desbordante energía en perseguirlo, en vez de distraernos con asuntos peloteros y su eterna bronca con el impresentable señor Burga].
Ciertamente me resulta absolutamente alucinante la estrategia utilizada por la gente que nos gobierna: partir de la premisa de que los peruanos somos mononeuronales y que, por lo tanto, a los ‘huevonesʼ se les ‘hueveaʼ. Sí, señores, suena fuerte pero es tan real como que el exasesor de la campaña presidencial sigue sin aparecer después de haber hecho su agosto, setiembre, octubre, noviembre y diciembre [con grati incluida] metiendo mano en adjudicaciones estatales con una varita mágica de marca ‘Humalaʼ.

De algo puedo dar fe: en política la magia no existe. Lo que hay es un grupo de seudoilusionistas que intentan hacernos creer que pronto uno de ellos se sacará el sombrero para presentarnos un conejo con la cara de Belaunde Lossio, y que un día el escándalo pasará al olvido con un ‘colorín colorado, este cuento se ha acabadoʼ. Qué equivocados están. Disculpen, presidente, primera dama, presidenta del Consejo de Ministros, congresistas, amigos todos, pero de cuentazos ya estamos curados. Es nuestro derecho saber qué está pasando en nuestra casa. Aquí vivimos y crecen nuestros hijos. Es lo mínimo que podemos exigir… ¿O acaso no es el jefe de esta gran familia aquel que prometió igualdad e inclusión; el mismo que hace algunos años nos tocó la puerta, prometió honestidad, y hasta se despojó de su temerario polo rojo para vestirse de blanco y ganarse nuestra confianza?

Ahora, pues, a las pruebas me remito. Que la valiente exprocuradora Vilcatoma siga desembuchando; que el ministro de Justicia pida perdón y vaya con su floro a buscar a algún patero que quiera seguir oyéndolo sin levantar la cabeza, machucar ‘recʼ ni grabarlo; que el hasta ahora asesor de apellido bonito y actitud fea cambie de vocación; que Urresti pida al grupo Terna que le haga el favor de terminar con el jueguito de quién se esconde más tiempo; que la presidenta del Consejo de Ministros retome esas formas que tanta popularidad le dieron y que hoy se han transformado en una patería desmesurada y preocupante; que Nadine deje de defender lo indefendible, contenga su evidente verborrea virtual y se anime a dedicar un tweet tan contundente como el que alguna vez le regaló a su otrora amigo Chehade: «¿Es tan difícil caminar derecho?».

Que abra el pico Belaunde Lossio; que caiga el amigo de todos; que pase el desgraciado. 