Decálogo del hombre casado que nunca dejará a su mujer por ti

Una guía práctica para reconocerlo. No es difícil: todos son iguales.

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Esta columna es dedicada a las mujeres enredadas con hombres casados. Mujeres que corren el riesgo de llorar desconsoladamente y a escondidas durante muchos meses o años, como les ha sucedido a varias amigas queridas que, si hubiesen estado atentas a estas diez señales, no estarían intentando hoy recomponer un corazón hecho polvo.

1) Los hemos visto alguna vez. Para reconocer a uno hay que prestar atención a su mirada perdida y alicaída, como una flor marchita. A primera vista, y sin esconderlo mucho, su semblante dice que algo le falta en la vida. Anda un poco ansioso y tiene la piel medio grisácea.

2) Si te atreves a ahondar en el porqué de su aspecto y pesada energía, dirá que su vida carece de pasiones. Te contará que está muy mal casado y que su matrimonio se sostiene por amor a los hijos.

3) Al verte joven, soltera y guapa te dirá que necesita una mujer como tú para reactivar sus instintos dormidos y su felicidad olvidada, que solo una mujer como tú sería capaz de hacerlo disfrutar de la vida por primera vez.

4) Si pudieras leer su mente, te enterarías de algo más. No solo te ha visto joven, soltera y guapa, sino también como la presa perfecta en su noche de cacería. Te vio lo suficientemente frágil como para creer que lidiará contigo en caso de que la cosa se complique, o te consideró lo suficientemente liberal como para saber que el romance no será un gran derrumbe para ti si se rompe. Si es un poquito más inteligente, analizará velozmente tu vida para cerciorarse de que también tengas algo que no quieres dejar. Así sentirá que tiene la jugada asegurada.

5) Casi siempre él te dirá que está casado con la mujer más sosa del mundo, que a la vez es la ganadora del premio a la más bruja de la Vía Láctea; medalla de oro del Concurso Mundial de Aburrimiento y la tetracampeona de la mujer con menos libido sobre la faz de la tierra. Las esposas de estos hombres son mujeres muy crueles que gritan, abandonan y tienen –juran ellos– una espeluznante cara de culo. Pero, ojo, siempre son descritas como buenas madres.

6) Por lo general, estos hombres tienen un concepto del ‘matrimonio’ bastante anticuado. Creen –como creían nuestros abuelitos– que los matrimonios, aunque sean de espanto, deben permanecer unidos por los hijos. Nunca entendieron el concepto moderno de ‘familia’, en que las personas buscan, por separado, su felicidad en armonía con sus ex parejas y los hijos que procrearon juntos. Son personas convencionales que prefieren vivir amoríos por debajo de la alfombra, como también lo hacían nuestros abuelitos.

7) De no aplicar la regla número 6, la que sigue es aún peor. Estos señores dicen vivir afectados por venir de hogares abiertamente disfuncionales. Tienen padres alocados o ausentes, cuya inestabilidad les ocasionó tantos traumas que no son capaces de hacer nada que les recuerde a sus desconsiderados progenitores.

8) Estos hombres no saben manejar el miedo. Tienen miedo de dejar a su mujer, de perder a sus hijos y del qué dirán. Pero, en la mayoría de los casos, el miedo es generado por algo más mundano y superficial: tienen miedo a perder sus propiedades y a tener que repartir su dinerito.

9) Tú serás la reina de su vida; la mujer más hermosa, la del cuerpecito más excitante y la más divertida de todas. Su falta de pasión, de pronto, se convertirá en un tsunami de pasión para ti. Todo será hermoso, apasionante; el sexo será el mejor que dos personas hayan podido experimentar en el universo. Él será el animal más exquisito del mundo, la fiera más inmensa y audaz. Pero…

10) El día que le digas que te enamoraste, que las cosas ya llegaron a un punto en que crees que ya deberían pasar a otro nivel y que es el momento de tomar decisiones, la fiera inmensa se verá inmediatamente convertida en una rata que se escabullirá de regreso a su siniestra alcantarilla, a una velocidad que resultará imposible de seguir con la vista. Porque tú solo fuiste un escape, una máscara para ocultar algo muy triste: que este tipo de hombres no tienen los huevos para ser felices. Y nunca los tendrán.