Antes de que los olviden

¿Qué haces cuando se vuelve a juntar la banda de rock que amaste de mocoso?

Una noche, en YouTube reviso videos de viejos grupos de rock latinoamericano. Me encuentro con uno que registra una insólita entrevista realizada en un canal mexicano a Saúl Hernández y Alejandro Markovich. Eran las dos cabezas creativas de la mítica banda de rock Caifanes, y anunciaban la reunión del grupo después de una separación de más de quince años tras el lanzamiento del último álbum de la banda, El nervio del volcán. Ambos aparecen muy maduros, y acaso por eso sortean de una manera bastante elegante el tema que los dividió, que incluyó una ardua pelea de egos, una diferencia insalvable de corte económico y hasta una golpiza de proporciones mayores. Me es imposible no pensar en Gustavo Cerati cuando escucho las razones para el reencuentro. Los dos músicos se juntaron después de que a Marcovich se le diagnosticara un tumor en el cerebro que lo forzó a una arriesgada intervención quirúrgica en noviembre del año pasado. Ese mismo año, el bajista Sabo Romo había sufrido un ataque al corazón que casi lo liquida. «La idea la estábamos barajando hace dos años», declararía el tecladista, Diego Herrera, en un documental a propósito del concierto histórico que la banda ofreció en el Festival Vive Latino de este año. «Nos decíamos, “Juntémonos otra vez; nos están dando chance allá arriba: aún estamos vivos los cinco”».

Veo el video en que los cinco hombres de más de cincuenta años tocan ante un alucinado público que bordea las 80 mil personas, y me doy cuenta de que al interpretar el tema Antes de que nos olviden, el grupo parece referirse a sus miembros, reflexionando sobre asuntos como la fugacidad, la muerte y la trascendencia, que acaso Saúl Hernández no previó cuando lo compuso. De los cinco escuincles que durante los ochenta parecían «vendedores de ataúdes» (tal como los nombró un empresario disquero de esa época) y que tocaban en espacios totalmente subterráneos, no queda casi nada, salvo la música. Hay un sonido que solo ocurre entre los cinco y que es difícil reseñar con palabras. Sabo contará, días después, que hubo gente que llegó al concierto con pañales puestos para no perder sus ubicaciones. Luego, se echará a llorar en cámaras. De pronto, para mucha gente que los escuchó en los años en que eran un grupo que revolucionaba la música de su país y del continente, y para aquellas generaciones que crecieron escuchando sus discos sin la esperanza de verlos juntos sobre un escenario, algo se resolvió. Lo mismo ocurrió, aunque con matices, con los reencuentros de los otros dos grupos legendarios de América Latina: Soda Stereo y Los Prisioneros.

También, hay algo que se agita dentro de mí ante la imagen de Markovich y Hernández tocando juntos y sonriéndose durante el concierto. Para la gente de mi generación, crecida en los ochenta y destruida por una crisis de autoestima, Caifanes sintetizó algo que no resolvía el consumo esquizofrénico que propiciaron, jalando en direcciones opuestas, Jorge González y Gustavo Cerati. Recuerdo perfectamente que en esos años adolescentes yo tocaba en una banda en la que todos nos sentíamos mestizos, cutres y tercamente escindidos: amábamos la rabia y el afán de denuncia de Los Prisioneros y venerábamos su discurso de Independencia cultural; pero a la vez nos moríamos secretamente por tocar con la limpieza y el glamour de los Soda. De pronto, aparecieron los Caifanes y encontramos en algunas de las paradojas que los constituían una suerte de extraña respuesta. Ellos eran físicamente similares a nosotros –sobre todo Saúl– y, como nosotros, se vestían estilo los Cure, pero a la vez tocaban sin complejos la cumbia La negra Tomasa. La evolución de su música, sincrética y desprejuiciada, nos terminó de hacer entender. «Tocábamos La negra Tomasa y sin saberlo nos estábamos acercando a ver quiénes éramos, por qué estábamos ahí», escucho decir a Saúl Hernández en uno de los videos documentales realizados a raíz de su reunión. «Éramos mexicanos, sí, pero habíamos escuchado toda la vida música en inglés. Entonces, ¿dónde estábamos? ¿Cuál era nuestra música? ».

Caifanes realiza durante estos días una gira por todo México y parte de Estados Unidos, y no son pocos los que sueñan con que lleguen a Sudamérica. Sería ideal. Sin embargo, hay algo que contienen estos videos últimos de la banda que realmente basta y sobra. Que toquen así en los días que corren, incluso cuando sea en el ordenador de la casa, solo refrenda la utilidad de que en algunos espacios, y bajo ciertas circunstancias, todavía exista lugar para la comprensión y el perdón.