Andrea Tregear

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Ximena Vidaurre
Cinco objetos imprescindibles en la vida de la artista plástica barranquina.


Andrea tenía diecisiete años cuando conoció a un hombre que trabajaba con acrílico en La Victoria. Había llegado hasta él en busca de materiales para hacer una maqueta, pero terminó descubriendo un mundo que la fascinó. «Hicimos un trueque: mientras me enseñaba las técnicas para trabajar el acrílico, yo diseñaba para él en su taller», recuerda Andrea, quien trabajó allí durante dos años.

Hoy es reconocida por ser la pionera en el desarrollo total del acrílico en piezas de arte. Su trabajo contempla la reinterpretación de objetos cotidianos y cuenta con un amplio bagaje gracias a los años en que estudió diseño de modas, de muebles y talleres de escultura.

En 2014 firmó un contrato con un agente de arte de Miami, y para el próximo año prepara un ambicioso proyecto con el que espera difundir su trabajo entre más personas.

Quince años después de descubrir las maravillas del acrílico, Andrea no imagina cómo podría vivir sin él. Ahora –dice– es su segunda piel.