Lucho Quequezana

Dicen que Lucho Quequezana está «loco». Loco por la música. Y es que cuando descubrió la zampoña, a los 12 años, ese niño del Rímac se convirtió en un muchacho que solo quería pasar el día «jugando» con todo tipo de instrumentos musicales. Todo el día. Incluso mientras viajaba en los buses, donde perfeccionaba su técnica del charango. A punto de tocar con más de sesenta músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional, Lucho Quequezana recuerda esos días de práctica intensa que lo llevaron a la cima.