Volar para educar

Por Lucia Solis
En 2008 un grupo de jóvenes peruanos creó Ankay, una fundación que, a través de becas universitarias, busca dar la oportunidad de soñar a chicos y chicas de escasos recursos.
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Todo empezó con la siguiente premisa: hay muchas personas que quieren ayudar y demasiados jóvenes que necesitan ayuda. De esa búsqueda de equilibrio nació Ankay –palabra quechua que significa ‘volar’–, una fundación que otorga becas integrales de estudio en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad del Pacífico, y que, además, ofrece un programa de acompañamiento, seguro contra accidentes y toda la ayuda que se logre concretar para jóvenes que no pueden costear una carrera universitaria.

«Como buenos pobres, recibimos de todo», dice Vanessa Banchero, coordinadora de desarrollo de Ankay, proyecto que no cuenta con una oficina con el fin de reducir recursos, y destinar la mayor parte de donaciones a las pensiones y becas de los chicos. Vanessa llegó a la fundación a través de un amigo y en seguida se enamoró de la iniciativa. «Ankay es un instrumento que permite que el talento pueda volar. No hay impedimento para las personas que quieren estudiar y salir adelante», agrega.

Otra integrante de Ankay es Natalia Dongo, quien, al igual que Vanessa, no recibe ningún sueldo por su labor en la fundación. «Tuve la suerte de estudiar en la universidad y me da rabia que eso no sea posible para otras personas. La educación es la mejor herramienta que nos puedan dar; nos cambia la vida», dice Natalia.

Actualmente Ankay cuenta con ocho becarios. El más antiguo es Junior, de 20 años, un joven de Villa María del Triunfo que está a punto de terminar un intercambio estudiantil en Arizona. A su regreso estará listo para cursar el último ciclo de la carrera de Ingeniería de Minas en la Universidad Católica. «Está fascinado», apunta Natalia, quien además asegura estar lista para soltar algunas lágrimas el día de la graduación de Junior.

Alejandra, Natalia y el resto de integrantes de Ankay sueñan con tener algún día un hogar propio para la fundación en el que puedan organizar talleres, charlas y asesorías, donde los chicos encuentren un lugar propicio para estudiar y vivir, de ser necesario.

Muchos de los jóvenes que postulan a Ankay tienen problemas familiares y viven en ambientes hostiles que no les permiten superarse académica o personalmente. «Tienen tantas habilidades que no podemos permitir que se desperdicien», dice Natalia. Lo que hace Ankay es ubicar colegios en las zonas más pobres de Lima, y luego dar charlas de orientación y tomar una serie de evaluaciones para elegir a las dos personas del centro educativo que se beneficiarán con la beca. Promover igualdad de oportunidades, fomentar la inclusión y generar conciencia social son los pilares de la filosofía de Ankay, un proyecto que va creciendo poco a poco y que sigue firme en busca de dar una mano al talento.

Web: www.ankay.org – Facebook: /becasAnkay