Vicio de motociclista

Escribe: David Gavidia / Fotos: César Campos
Carlo Vellutino es el peruano que más veces ha recorrido el Dakar, la carrera más peligrosa del mundo. Mientras se entrena para su quinta participación en 2014 asegura que compite por diversión. ¿Puede un adicto a las carreras vivir sin adrenalina?
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Alza los brazos y la bandera peruana. Aunque hay pocos compatriotas para recibirlo, el motociclista Carlo Vellutino da pequeños brincos de alegría. «Esta competición se ha convertido en mi vicio», comenta el piloto resumiendo aquellos quince días de competición, en enero de este año. Es la cuarta vez que recorre el Dakar, el rally más peligroso del mundo, y la tercera que logra culminarlo. Con su moto KTM manejó dieciséis horas diarias, desde las cinco de la mañana. Saltó dunas, cruzó ríos, páramos implacables con temperatura de 47 grados. Manejó por el Perú, Argentina y esa mañana de verano, luego de vencer los áridos desiertos de Calama, Salta, Fiambalá, La Serena, estacionó su moto en el podio de quienes domaron este desafío llamado Dakar. Por eso, a su llegada a Santiago de Chile, alza su bandera, feliz. «En esta competencia, ir en moto, es mucho más complicado que en cualquier otro vehículo», comenta hoy, en Lima, diez meses después de aquel día en Chile. Vellutino se encuentra entrenando para su participación en el próximo Dakar de enero 2014. Se prepara para dominar los terrenos más ariscos, las constantes caídas, los frecuentes resbalones y golpes. Ensaya para regular las velocidades. Ir a treinta kilómetros por hora y luego acelerar a 140 no es cosa fácil. «Acá tú eres solo», dice Vellutino, 42 años, 1.85 de estatura, desde su oficina en Miraflores. Ser solo significa duplicar las funciones, hacer de piloto y copiloto al mismo tiempo, observar sin ayuda la hoja de ruta y el GPS, estar atento a los cambios en el terreno, saber cuándo saltar y cuándo acelerar sin una voz de apoyo que te lea los planos. Es la figura de un capitán sin oficiales. Vellutino se prepara para su quinta participación en el Dakar. La del 2014 será la sexta edición en Sudamérica y recorrerá territorio argentino, boliviano y chileno. Por eso, durante ocho meses el piloto peruano viene entrenando cinco días a la semana. Potencia su resistencia muscular, hace spinning, natación y bicicleta. Los fines de semana, con su moto, practica en San Bartolo o en las dunas de Ica. «Desde que se corría en África, recorrer el Dakar era mi gran sueño. Yo decía ‘algún día la haré’ y cuando en 2009 llegó a Sudamérica no dudé en competir», cuenta el peruano que más veces ha participado en la carrera más vertiginosa del planeta. Lo hizo en 2010, pero no culminó por problemas físicos. Recién en 2011 la terminó. Fue el primer piloto nacional en lograrlo. Llegó a Buenos Aires. Luego repitió en Lima 2012, y este 2013 conquistó Santiago, alcanzando el puesto 91 con más de 60 horas de viaje. ¿Por qué el Dakar y no otra competencia? «Porque recoge todas mis pasiones: la moto, el ‘campo traviesa’, los campamentos, son quince días maravillosos por lo que atraviesas lugares increíbles que solo los puedes ver en el Dakar y en una moto o en un 4×4. Es súper entretenido». Sin embargo, Vellutino no oculta lo riesgoso que resulta la competición. Las cifras del Dakar son duras. Desde 1979 a la fecha, veintiséis pilotos han perdido la vida. La primera víctima fue el motociclista Patrick Dodin, quien falleció en Níger. El último fue otro motociclista, el francés Thomas Bourgin, de veinticinco años, quien murió en un accidente en Calama, Chile. Los años más trágicos fueron en 1986, cuando perdieron la vida siete personas, luego 1988, en el que fallecieron seis. Las tragedias han convertido a muchos pilotos en mitos, y la carrera en el gran desafío. Pero Vellutino, no está dispuesto a sacrificarse. Para él, esta carrera es una diversión, un gran reto, con el que soñó desde que tenía ocho años e iba a su escuela en Arequipa, manejando motocicleta.

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«Soy un piloto amateur, manejo hace 35 años y corro el Dakar como un hobby. No pretendo ganar. Solo disfrutar. Para mi llegar a la meta es completar un gran objetivo tan difícil como competir en la carrera más dura y más difícil de toda mi vida», cuenta, quien se puede considerar un verdadero domador del rally más famoso del mundo. «Para mí, todo esto, es solo una inyección de adrenalina».