Una tajada con sabor bonaerense

Por Diana Hidalgo / Fotos de Santiago Barco
Luego de más de diez años de experiencia en la gestión de Mangos de Larcomar, Gianna Menchelli acaba de inaugurar un espacio más íntimo al que ahora dedica casi todo su tiempo. El restaurante se llama Morelia y ofrece pizzas a la parrilla, acompañadas de toda la mística y del sabor de las pizzerías bonaerenses. Sus dos hijos pequeños son sus cómplices en esta nueva hazaña.
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El lugar es de techo alto, de piso y mesas de madera. De música de fondo suena En la ciudad de la furia, de Soda Stereo. Gianna Menchelli, dueña del restaurante Morelia, atiende su iPhone con una mano y con la otra vigila que todo marche bien esta tarde, tanto en el negocio como con sus dos pequeños: Lucía [o Luchi, como ella le dice] tiene ocho, y Diego tiene cuatro. Los dos pelean por su atención. Ella hace malabares para poder cubrir todo sin fallar demasiado en el intento. Lucía, a pesar de que quiere ser arquitecta como su papá, ayuda a su mamá en el restaurante. Además de jugar con las masas y la harina de las pizzas, en estos días se ha dedicado a contestar el teléfono y a apuntar las reservas. «Últimamente paro tan poco en casa que traigo acá a los chicos para que me acompañen», dice la empresaria.

Gianna Menchelli está cansada, pero feliz. El último 19 de junio –luego de siete años de gestiones y espera– abrió por fin su restaurante Morelia en una esquina de Miraflores. El mismo día de la inauguración también celebró el aniversario número diez de su matrimonio. Ahí, entre la adrenalina del nacimiento de un nuevo proyecto, la ilusión de los primeros clientes y las correrías de sus dos hijos pequeños, hizo que este proyecto vea la luz.

La idea de este proyecto llegó desde un momento también familiar. Una noche, hace doce años, su esposo llevó a Gianna a Morelia, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. Él, bonaerense, sabía que allí comerían las mejores pizzas a la parrilla de todo Buenos Aires. Gianna –quien ya tenía la experiencia en la administración y gerencia del restaurante Mangos de Larcomar– quedó fascinada, y al poco tiempo se le ocurrió que una oferta de comida de este tipo podía tener acogida en Lima. Entonces la empresaria pidió la asesoría de unz maestro pizzero argentino de Palermo y se embarcó en un proyecto que hace poco se hizo realidad, aunque ella siga sin creerlo del todo.

—Morelia es mi nuevo bebe –dice Gianna– sentada en una mesa de su restaurante.

Diego, su hijo más pequeño, corretea por el local con un pedazo de masa de pizza en las manos y el iPhone de su mamá, que usa para entretenerse con sus juegos favoritos. Gianna se ríe con ellos y a la vez está muy atenta a que traigan los ingredientes necesarios para la apertura en la noche. Su voz ligeramente ronca y fuerte resuena por todo el lugar. Todos saben que deben estar muy atentos a lo que la madre dice.

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Para elegir la decoración del restaurante, Gianna caminó durante varios días el mercado de pulgas de Buenos Aires en búsqueda de piezas únicas para crear su nuevo espacio. Allí encontró cuadros y objetos antiguos muy bien conservados que trajo a Lima para armar la identidad de su restaurante. «Yo lo decoré todo solita, quería que tenga un estilo joven y con mucha onda», cuenta. Su idea era que el local tenga un estilo vintage, pero también que transmita la mística de las pizzerías bonaerenses. Tanto en estética como en música y sabor.

La carta de Morelia tiene como plato estrella las pizzas a la parrilla, pero también ofrece carnes, comida italiana, helados artesanales, las clásicas empanadas argentinas y una carta variada de tragos, en el que Gianna resalta el gin tonic. Desde que abrió el restaurante se ha vuelto fanática de esta bebida. «Te aseguro que ahora tenemos acá el mejor gin tonic de toda Lima», dice más sonriente de lo usual. Lucía y Diego la miran para jalarla hacia sus juegos. No hay nada que ella quisiese más que sentarse a perder un poco de tiempo con sus pequeños. Pero, por ahora, solo queda que ellos dos ganen tiempo con su madre en su terreno. Así, Gianna pilotea Morelia al ritmo de música argentina y las risas de sus dos chicos.