Una pieza de moda como armadura

Escribe: Gloria Ziegler / Foto: Vito Mirr
La diseñadora peruana Chiara Macchiavello cree que la ropa aún funciona como protección. En los próximos días lanzará Escudo, una marca de ropa y un proyecto social que reúne a diseñadores y artesanos de Huancavelica para rescatar y revalorizar técnicas milenarias fusionadas con la vanguardia del diseño contemporáneo.
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Chiara Macchiavello podría haberse consagrado como la discípula peruana de Alexander McQueen. Desde el inicio supo armonizar en sus prendas la tradición cultural peruana con el diseño contemporáneo, y –como el diseñador inglés– se convirtió en la artista que creaba las piezas más exclusivas e innovadoras en su país. Sin embargo, eso nunca le bastó.

Hace dos años, cuando creó el vestuario de la compañía D1, de Vania Masías, para un show en Broadway, ya hablaba de convertir la alta costura en productos a precios accesibles para los peruanos, y cuestionaba que en el país se fabricaran las principales marcas del mundo –Versace, Ralph Lauren, Dolce Gabbana, entre otras– y se exportaran telas y fibras, pero no diseño. Era una provocación que desentonaba con el ego de los diseñadores porque lo que realmente buscaba Chiara Macchiavello era revolucionar la industria de la moda en el Perú. Una apuesta enorme, si se miraba lo que estaba alcanzando Gastón Acurio con la gastronomía. Pero no se intimidó, y esta mañana de noviembre Chiara sonríe y dice que ESCUDO –la primera marca que lanzará en diciembre la Casa Macchiavello y que engloba un proyecto social con artesanos de Huancavelica– es su propuesta para conseguirlo. «Creamos piezas para que acompañen a la gente, para que sean parte de su identidad. Y lo hicimos no solo desde una marca, sino desde un proyecto que busca rescatar las técnicas artesanales que aún se mantienen en diferentes regiones del país», cuenta la diseñadora, desde la casona barranquina de 1920, que dentro de poco funcionará como boutique.

Desde que lanzó su primera colección en Londres, hace nueve años, Chiara Macchiavello viajó por la selva y la sierra, investigó las distintas culturas precolombinas, se contactó con artesanos, hizo pequeñas colecciones para representar al Perú y pensó en desarrollar una marca. Pero también se dio cuenta de que sola no podía hacerlo. En enero, cuando Milan –su primer hijo– tenía apenas unos meses y ella se sentía aterrada de solo pensar que no trabajaba como siempre, se asoció con su hermana, la diseñadora Giuliana Macchiavello, y Janice Rubini, y comenzaron a delinear lo que sería Escudo, una marca devota al diseño y comprometida con la identidad, como la definen ellas mismas. «A lo largo de la historia, el escudo ha sido un objeto que te protege en la lucha, y, de alguna manera, la ropa también lo hace –explica Macchiavello–. Te sientes de una u otra manera de acuerdo a como estás vestido. Nos influye no solo como seres humanos, sino como sociedad. El escudo también ha sido un objeto portador de identidad: las familias, los países tienen escudos; y esta marca plantea eso: contenido e identidad».

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Para revalorizar la tradición artesanal del tejido y bordado en una propuesta que se fusione con el diseño contemporáneo necesitaban trabajar junto con los artesanos de la sierra central, fusionar las propuestas. No sería la primera vez. Durante los últimos cuatro años, Chiara Macchiavello realizó una serie de proyectos con un grupo de tejedores que conoció durante sus prácticas en una fábrica de tejidos para bebes. Y hace unos meses, cuando ya habían depurado los primeros diseños y tenían las fibras de algodón pima orgánico, baby alpaca y lana merino, que querían emplear en los vestidos, faldas, chaquetas y accesorios que simbolizarían armaduras, viajaron por tierra hasta Huancavelica para volver a convocarlos. Durante ese viaje, en cada una de las casas que alcanzaban a ver desde la carretera, siempre encontraban las cruces de techo andinas, que se colocan a modo de protección, y que luego reinterpretarían hasta convertirlas en el mismo símbolo de ESCUDO. El mismo camino que volverían a transitar las prendas varias veces hasta crear su propia historia. Desde el telar del artesano en Huancavelica, que la teje hilo por hilo, hasta el taller de Lima, donde se realiza el entretelado y el patronaje, a las manos de los bordadores de otra comunidad en las afueras de Huancavelica, antes de regresar al taller de Lima para la confección.

«Más que en la marca, creemos en el proyecto –explica Chiara Machiavello, mientras acomoda los muebles de su oficina–. En los últimos años se ha tocado mucho el tema de la sierra, pero varias veces no se ha hecho con calidad, o ha habido un poco de abuso». Habla de apropiación de símbolos no como medios de inspiración, sino como copias sin valor agregado. Sin embargo –dice– confía en el potencial que aún tienen sus artesanos. Entonces camina hacia la biblioteca, que tiene en un extremo del estudio, y regresa a la mesa de trabajo con ACERVOS E IDENTIDADES, el catálogo de una muestra que hace unos años reunió en Lima todas las disciplinas artísticas de la sierra. «Esta muestra fue un disparador increíble», cuenta. Allí pudo ver por primera vez en vivo, sin intermediarios, una de las pecheras que Aquilino Ramos bordaba en hilos de oro, y entendió que esas piezas simbolizaban lo inevitable: la mezcla de la cultura colonial con la tradicional prehispánica. Esa mixtura estaba en miles de cosas, incluso en el bordado. «Él fue nuestra gran inspiración para el bordado en altorrelieve, en los diseños que habíamos creado nosotras mismas, como también lo fue la tradición de las aplicaciones de botones en los trajes de baile», cuenta la diseñadora.

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En un pequeño salón, junto a su oficina, el equipo de diseño prepara las últimas piezas de una pequeña colección y en la terraza de la casona un grupo de costureras trabajan apuradas. Allí montaron un taller de producción en forma de camión para simbolizar el viaje que hacen las prendas durante el proceso de confección. Necesitan terminar la muestra de dieciocho piezas que llevarán dentro de unos días a la nueva boutique de Sergio Dávila en Nolita, el barrio de Manhattan al oeste de Soho. «En los últimos años ha habido muchos sucesos que han hecho que el peruano se sienta orgulloso de ser peruano, y hoy, por ejemplo, hay mucho más apoyo al diseño peruano, pero aún necesitamos exportar para que este proyecto social sea sostenible y podamos dar más trabajos a estas comunidades».

En este momento, mientras Chiara Macchiavello habla sobre lo vital de una propuesta como esta en el circuito internacional de la moda, una de sus últimas muestras de bordado viaja por la carretera rumbo a Huancavelica, donde los artesanos completarán la historia de Escudo: la de ellos mismos.