Una campeona que compra sueños

Sofía Mulanovich

Escribe: César Ochoa / Foto: Musuk Nolte
De surfista campeona y trotamundos a promotora de sueños. Sofía Mulánovich ha fundado su propia asociación para ayudar a niños y jóvenes talentosos pero de bajos recursos. Es su forma de devolver y agradecer todo el apoyo que le dieron, cuando solo era una niña que quería conquistar el mundo con su tabla.
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Es una mañana soleada en la playa Señoritas, al sur de Lima, y Sofía Mulánovich, la tablista más importante del Perú, está sobre la terraza de su casa, donde suele practicar Chi Kung, una tipo de meditación china. Hasta allí acaba de llegar Náthaly Zapata, una trujillana de veinticuatro años a quien ha otorgado una subvención económica a través de su asociación para cumplir su sueño: realizar un viaje por Bolivia, Brasil, Colombia y Perú como parte de llamada Ruta Inka, un programa para futuros líderes que busca revalorar las culturas milenarias y promover relaciones de hermandad con otros pueblos indígenas de América. Náthaly había sido seleccionada para la travesía pero no podía costearla. «Gracias por todo, Sofía», le dice Náthaly mientras la abraza y le dice que la experiencia ha sido increíble.

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La Asociación Sofía Mulánovich nació a inicios de año para incentivar a los jóvenes a perseguir sus sueños, animándoles a explorar y descubir caminos a través de las artes, los deportes y la conciencia social y ambiental. «A mí siempre me han apoyado mucho. Ahora quiero devolver tanto cariño. Por eso fundé la asociación», dice Sofía bajando hacia la orilla del mar, junto a Náthaly. De hecho, para la campeona mundial de surf 2004, este emprendimiento constituye ahora su principal actividad. Hace poco anunció su retiro, para fin de año, de la WCT, el torneo mundial donde competía desde hace once años y que la mantenía en viajes interminables. «Me retiro porque tengo otras motivaciones», dijo tras su anuncio. «Quiero cumplir sueños, dedicarme totalmente a ello».

La ayuda a Náthaly constituye el primero de su clase [serán tres hasta final de año] y fue elegido porque Sofía se sintió muy identificada. «Aunque todavía no teníamos fondos, decidí ser su sponsor porque sé cuánto uno aprende de los viajes. Entiendo lo que se siente cuando uno se apasiona por algo». En la carta que todos los postulantes a la subvención deben enviar, Náthaly, quien acaba de terminar la carrera de Derecho, escribió: «Si puedo combinar mis actividades de activismo social y voluntariado juvenil con el cuidado del medio ambiente, sería lo mejor a lo que me podría dedicar». En otro pasaje, expuso: «La experiencia que ganaría con mi participación en la Ruta Inka me daría una amplia perspectiva de las cosas por las que lucho». Proactividad, decisión, metas claras. Esos valores de Náthaly convencieron. Luego del viaje, ha terminado por convencerse de que se dedicará al derecho ambiental: vio de cerca problemas como la contaminación del Amazonas, la tala ilegal, la pobreza en zonas rurales. «Me encanta saber que una ayuda como esta tiene efecto multiplicador. Imagínate cuánto puedo crecer Náthaly en el futuro gracias a este apoyo», remarca Sofía.

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Cada año, además, la Asociación Sofía Mulanovich realizará cuatro eventos para que niños y jóvenes exploren actividades artísticas. Se trata del programa El arte del surf, que ya ha realizado dos actividades con apoyo de la Embajada de Estados Unidos. Fueron clases de surf para niños con bajos recursos, pintado de murales y entrega de filtros de agua potable. Asi, se logró pintar un mural de diez metros en Punta Hermosa [junto con el artista Flavio Caporali] y limpiar quinientos metros de la playa Mamacona. «Para mí no habrá nada mejor que enterarme de que uno de los chicos que fueron a mis eventos se convirteron en deportistas destacados, grandes ambientalistas o artistas increibles», dice Sofía. Ella confía en que muchos niños podrán desarrollar habilidades que, de otra manera, quizá no las descubrirían. «A mí me gusta la pintura», dice Sofía sonriendo. «Pinto horrible, pero me encanta». De inmediato, señala un cuadro que está en una pared. Es una suerte de collage en el que se aprecia un robot y la palabra freedom. Es uno de sus pasatiempos.

Sofía está muy entusiasmada con su proyecto. Dice que a diario reciben cartas de personas que quieren cumplir sueños, pero quiere dejar claro que todos pueden ayudar a cumplirlos a través de las donaciones que hagan a su asociación. «Aquí se trata de sembrar confianza», dice Sofía. «Cuando te sientes apoyado, te la crees, te sientes capaz de todo».

Para más información ingresa a: www.asociacionsofiamulanovich.com