Un pequeño chef que ahorra por un sueño

Por Joaquín Salas / Foto de Augusto Escribens

IMG_5130 retRED Andrés Sillo no recuerda exactamente cuándo cocinó su primer plato, pero sí tiene en la cabeza el día en que, estando en primaria –y como parte de un proyecto escolar–, preparó un tiradito de pejerrey tan delicioso, que vendió todas las porciones. Hoy tiene catorce años y cursa el cuarto grado de secundaria en Innova Schools, pero a pesar de su juventud ya piensa en su futuro: quiere ser un empresario y tener su propia cadena de cafés. «Quiero ser chef y emprendedor», comenta, quizá pensando en que esa puede ser la forma de dar a su familia la estabilidad económica que necesita. Aunque prefiere no salir muy seguido de casa –hay muchos asaltos y robos en el barrio de San Martín Porres en el que vive–, cada fin de semana Andrés desarrolla su recetario, prepara cupcakes y sale a venderlos por el vecindario. Sus amigos son sus principales consejeros en cuanto a sabores, y también sus mejores clientes. Pero sus padres son quienes lo aconsejan económicamente. A Andrés le cuesta muy poco coger su dinero y meterlo al chanchito. «Viene de familia», asegura. Interesados en inculcarle el valor del ahorro, era usual para sus padres regalarle alcancías en su cumpleaños, y en Andrés se hizo una costumbre guardar su dinero. Esta vez, sin embargo, su plata está destinada a un proyecto que se toma en serio: estudiar gastronomía y poner su propia cadena de cafés. Tiene esa obsesión desde hace dos años, cuando caminando junto a su padre pasó frente a un conocido café, y hoy solo piensa en hacerla realidad. Por lo pronto son los cupcakes su forma de ahorrar, pero Andrés ya proyecta las opciones que tendrá en su café. «Me gusta hacer queques, jugos y todo tipo de postres», comenta. Su interés por aprender ha sido su principal motor, y ha encontrado en el internet la mejor herramienta para conocer más de la cocina. Detrás de un emprendedor suele haber una familia que apoya, y ese ha sido su caso. El último Día del Padre tuvo un gesto especial con el que intentó demostrar a su familia que agradece su apoyo, y que cada día aprende algo nuevo: despertó a su papá con un frapuccino, una de las especialidades que, sin duda, estará en la carta del café de sus sueños.