Un mundo de imágenes

Por Rodrigo Alomía / Fotos de Natalia Queirolo
En el placer de viajar, la fotógrafa Natalia Queirolo ha encontrado la excusa perfecta para capturar realidades diversas.
nataNatalia Queirolo tenía catorce años cuando viajó a Nueva York y compró su primera cámara fotográfica: una Nikon N65 análoga. Por aquel entonces la venta de cámaras digitales empezaba a dominar las cifras del mercado internacional, pero Natalia prefirió comprar un equipo análogo porque presintió que con él podría obtener un resultado más fidedigno de la realidad que quería capturar.

La sola idea de tener sus fotos impresas como las tenía su padre, un fotógrafo aficionado que adornaba las paredes de su casa con sus instantáneas, la entusiasmaba mucho. Natalia consiguió varios libros especializados en fotografía y aprendió la teoría practicándola a diario, y, sobre todo, en los viajes que hacía junto con su familia. Desde entonces supo que las historias de diferentes ciudades y países podían convertir su cámara en algo más que un simple accesorio de paseo: para ella era casi un equipo documentalista.

A excepción de la cámara digital Nikon D600 que usa actualmente, pocas cosas han cambiado en la pasión por la fotografía que Natalia cultiva desde la adolescencia. Sigue recorriendo el mundo con anhelo: desde Marruecos hasta España, pasando por Chile, Argentina o México. Este es el resultado de su trabajo.

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Cuba, la antigua

Viajar a Cuba era un sueño que Natalia quería transformar en realidad desde hacía muchos años. Estaba casi segura de que allí encontraría una atmósfera única, diferente a la de los otros países que había visitado. «No es mentira cuando te dicen que en Cuba sientes que el tiempo se hubiera congelado», recuerda. «Estando allí no podía dejar de mirar todo lo que me rodeaba: los carros, las casas viejas, las texturas originales de las paredes, los colores de la ciudad…».

Natalia prefirió no visitar la zona turística de la isla, como la paradisiaca ciudad de Varadero, y en cambio optó por una ruta más clásica, a través de la que conoció una Cuba más profunda y empobrecida. La Habana, Viñales, Cayo Levisa y Trinidad fueron algunas de las ciudades que escogió para trazar ese camino.

Las fotos que hizo de las fachadas y los balcones envejecidos de las casas de La Habana Vieja muestran el instinto documental, pero a la vez abstracto, que la motiva. Cuando vio las sábanas blancas que colgaban de los tendederos y se agitaban con el viento, se paró debajo de los balcones, levantó el lente de su cámara y comenzó a disparar. «Esa perspectiva le dio a una de las fotos un toque muy especial, por eso mucha gente que la ve no entiende cómo fue tomada», dice Natalia. «Tal vez es la foto más bonita que he tomado en mi vida».

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El incansable camino de Qoylluriti
La peregrinación en honor al Señor de Qoylluriti refleja con intensidad el sincretismo religioso que existe en la sierra sur del Perú. Una vez al año más de diez mil fieles se reúnen en el santuario de Sinakara, en el pueblo de Mawayany (Cusco), para emprender una caminata de ocho kilómetros hasta las faldas del nevado Colquepunco.

La devoción es la principal fuente de fuerza para superar las condiciones climáticas adversas que rodean esta tradición ancestral. El santuario se encuentra a más de 4,000 m.s.n.m., en un poblado donde la temperatura puede descender hasta los seis grados bajo cero en las madrugadas, pero eso no impide que los fieles le rindan culto al dios Qoylluriti.

«En Qoylluriti uno de los momentos más lindos ocurrió el último día, cuando los fieles se juntaron frente a la iglesia para bailar y cantar a su dios»

De esa adoración fascinante se contagió la fotógrafa. «La experiencia fue dura y difícil, pero valió la pena», relata. «Uno de los momentos más lindos ocurrió el último día, cuando todos los fieles se juntaron frente a la iglesia para bailar y cantar a su dios».

Tanto en la peregrinación de Qoylluriti como en Cuba, Natalia experimentó la misma sensación: en todo momento mantuvo la mirada inquieta, y en cada forma, persona u objeto encontró posibles imágenes para llevarse consigo. Doce años después de haber comprado su primera cámara, su sensibilidad sigue siendo la guía con la que recorre el mundo en busca de su siguiente fotografía.

Las fotos más logradas de las travesías de Natalia están en su página web: www.nataliaqueirolo.com