Un coleccionista solidario

Jack Cohen

Escribe: David Gavidia / Foto: Kami Velvet
Es uno de los más importantes coleccionistas de arte contemporáneo del Perú. Miembro del comité de selección de Art Lima y del comité de adquisiciones del Whitney Museum en Nueva York, Jack Cohen es, además, uno de los socios de Impakto, la galería que recoge las más destacadas tendencias del mundo artístico en Miraflores. ¿Cuán difícil es para un amante del arte desprenderse de sus objetos más preciados?
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A los diecisiete años, Jack Cohen se dirigió a una galería de arte en Nueva York. Encontró un grabado autografiado por Salvador Dalí y pensó que sería un buen regalo para su mamá. Con un puñado de dólares ahorrados lo compró y, con la buena intención de obsequiar lo que uno desea se lo dio, feliz. Era el Día de la Madre de 1976. «Siempre tuve mucho interés por Dalí, además lo había conocido cuando era muy chico, por eso me parecía un gran regalo», cuenta Cohen, mientras recuerda la historia sobre su primera adquisición, como quien rememora una vieja hazaña.

Hoy Jack Cohen tiene 54 años y es un ingeniero industrial graduado en la Universidad Cornell de Nueva York. Pero sobre todo, es uno de los coleccionistas de arte más importantes del país y uno de los cuatro socios de Impakto, la primera galería de arte contemporáneo en el Perú. Un espacio que abrió sus puertas en junio de este año para promover y mostrar las obras de artistas contemporáneos de todo el mundo, en Miraflores.

«Mi gusto por la colección de arte comenzó desde muchacho –dice Cohen recorriendo la galería–. Mis padres me llevaban a los museos, y obvio, cuando eres chico, te parecen aburridos pero cuando creces y vas madurando coges más interés». El coleccionista habla mientras recorre los pasillos de Impakto. Durante su paseo aprecia un conjunto de fotografías, óleos, acuarelas y dibujos hechos a lápiz y acrílicos que conforman la exposición denominada Hiperrealismo y sus consecuencias. Cohen está en su hábitat. Mira con detenimiento cada obra y habla sobre el trabajo de artistas como Yigal Ozeri, de Estados Unidos o A Kassen, de Dinamarca. «Aquí traemos lo mejor del arte contemporáneo internacional. Es una oportunidad para que las personas vean otras posibilidades, vean arte del exterior y abran más sus ojos», comenta.

Pero volvamos al pasado, cuando aún no había ni galería ni grandes cuadros que exhibir, sino solo un profundo interés por comenzar a explorar las expresiones humanas. Durante los años universitarios, el joven que estudiaba Ingeniería Industrial, observó de cerca las obras de artistas americanos, europeos y asiáticos. Jack Cohen se deslumbró ante tanta sensación de belleza. «Hace treinta años tenía un gusto muy básico y poco profundo. No me sentía lo suficientemente preparado en cuestión de cultura y educación», recuerda. Pero eso cambió. Como su interés venía desde pequeño, cada nueva exposición artística que visitaba era un síntoma de madurez en sus gustos y en su comprensión de nuevas expresiones. Comenzó a frecuentar más galerías y ferias en Estados Unidos, se dedicó a estudiar a fondo el arte no por lo que dicen los expertos sino por lo que él siente como ser humano.

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El oficio del buen gusto

Como los artistas, los coleccionistas también evolucionan y deben salir de su zona de confort. Escapar de esa esfera de tranquilidad significa, a veces, tener que comenzar a desprenderse de los objetos que uno más aprecia. Y ese momento llegó.

Aunque no precisa ni nombres ni tipo de obra, Cohen recuerda la primera vez que vendió una pieza de arte. Fue ante la insistencia de un compañero. Más allá del valor económico, priorizó la importancia de lo que significaba para el comprador tenerla entre sus objetos del deseo. «Me di cuenta de que para él era muy importante adquirirla, era necesaria para completar una serie de piezas de su colección. Entonces se la vendí».

«Fue lo más fregado y doloroso», recuerda. Las piezas de arte forman parte de la vida de un coleccionista, son su escenario cotidiano, sea en su casa u oficina. Reflejan un estilo y un periodo de su vida. Pero después Cohen aprendió a desprenderse de sus objetos. «Ahora ya no me afecta mucho», dice, con la experiencia que le dan los años. Aunque sabe que no se trata de vender por vender, sino de que la obra vaya a buenas manos. Y es que, más importante que el dinero es el valor de la estética y la sensación que transmite cada obra en cada persona. «Soy un coleccionista con conciencia», dice y sonríe.

«Galería Impakto tiene lo mejor del arte contemporáneo internacional. Es una oportunidad para que las personas vean otras posibilidades, vean arte del exterior y abran más sus ojos»

Ocurre que para él, el valor del arte radica en lo que transmite. «El que adquiere una obra de arte pensando en que es una inversión está perdiendo su plata. ¿Por qué? porque ni lo goza ni lo entiende. Esta pieza debe darte satisfacción», reflexiona quien más que un coleccionista compulsivo se considera uno capaz de generar educación. Por eso, la galería está abierta para todos, afirma este hombre que ha cosechado toda una filosofía cuya dualidad oscila entre la vida y la belleza. «El arte tiene que llenarte el alma y eso no se puede trasladar a dólares, sino a sentimiento», dice.


¿Puede ser obsesiva la vocación artística de un coleccionista? Cohen dice que sí, pero lo justifica: «El arte es una cosa maravillosa pero enfermiza. Una vez que uno se convierte en coleccionista tienes que llenar ciertos vacíos que ves en tu colección. Y eso nunca termina, porque uno va cambiando y sus gustos van modificando y uno va madurando», sentencia este importante coleccionista de arte, entre óleos, acrílicos y fotografías: el mundo que ha creado.