Tú, la hierba condenada*

Por Cesar Becerra
Holanda, Estados Unidos y Uruguay lideran la vanguardia en cuanto a políticas de consumo y producción de marihuana. Esos avances han provocado reacciones polarizadas en el Perú. Mientras unos piden que se repliquen tales experiencias, otros aseguran que hacerlo sería un gran error. ¿A quién le creemos?
marihuana

La muralla antiverde

«Sería una locura, estoy seguro de que no es una solución». Sentado en su escritorio, Milton Rojas, psicólogo y especialista de Cedro, explica que la descriminalización del consumo de marihuana no es viable en el Perú. Está convencido. De hecho, horas antes, había presentado un libro sobre el consumo de esta droga por escolares. «Nuestro enfoque se basa en evidencia científica, no en reflexiones ni artículos. Uno de nuestros hallazgos, por ejemplo, es que el cerebro de un chico que fuma marihuana antes de los doce años está más dañado que el de alguien que empieza a consumirla en la adultez».

De acuerdo con una encuesta realizada por Cedro, en trece ciudades del Perú [Lima Metropolitana incluida], nueve de cada diez personas rechazan la legalización de la marihuana. Asimismo, Rojas asegura que siete de cada diez adictos que reciben atención en Cedro son consumidores de esta droga. No es solo una estadística –dice–, sino también un problema de salud pública: esta hierba es un puente hacia el consumo de drogas más peligrosas como la cocaína, altamente adictiva, y que provoca daño neurológico irreparable y alteraciones cardiacas. Rojas no está de acuerdo con Mario Vargas Llosa, el escritor y premio Nobel que ha celebrado las políticas de descriminalización de drogas en otros países. También le parece que existe un «forado» que merece atención: la cantidad de marihuana permitida legalmente para el consumo personal –ocho gramos– es suficiente para dedicarse a la comercialización y, por tanto, incurrir en un delito. Cree que las políticas antidrogas en nuestro país están funcionando y que no es correcto que los detractores se enfoquen solo en los errores. Para Rojas, que ve y atiende a drogadictos todos los días, el Perú no está preparado para aplicar políticas promarihuana. La postura de Cedro es inflexible.

Cruzada legal

«Ellos son los prohibicionistas», dice Jerome Mangelinckx, coordinador de políticas legales y seguridad ciudadana de la ONG Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos [CIDDH], sobre Rojas y Cedro. Mangelinckx es un joven belga que habla muy bien el español. En algún momento te ofrecerá una hoja de papel para que escribas por qué se debería legalizar la marihuana y después te tomará una foto para publicarla en la página de Facebook del CIDDH. Explica que el propósito fundamental de la ONG es impulsar una reforma en políticas de drogas. La institución se enfoca en grupos considerados vulnerables por culpa del tráfico ilícito, como campesinos, mujeres encarceladas y consumidores de todos los niveles.

En cuanto a la marihuana, Mangelinckx se sitúa en las antípodas de Rojas, pues considera que la descriminalización no provocaría un aumento en el consumo. Piensa que, más bien, el Estado arrebataría un mercado importante al narcotráfico y, así, lo convertiría en una fuente importante de ingresos legales. También le resulta necesario acelerar el debate porque hay miles de personas que se beneficiarían por las aplicaciones medicinales de la marihuana. Desde hace buen tiempo se emplea –legal o ilegalmente, según el país– como terapia contra el dolor, el glaucoma, ciertos trastornos mentales, entre otras afecciones. Mangelinckx afirma esto mientras enseña una hoja impresa en la que hay varios links que ofrecen más de trescientos estudios científicos. Uno de ellos, realizado por la Universidad de California, concluye que la marihuana ayuda a regular los trastornos de sueño que experimentan los pacientes con VIH. Otra investigación, publicada en la revista Neuropsychopharmacology, señala que el cannabidiol –uno de los compuestos químicos de la marihuana– tiene efectos positivos en las personas que sufren trastorno de ansiedad social.

El especialista belga afirma que las autoridades gastan sus escasos recursos para capturar a los últimos eslabones de la cadena del tráfico ilícito. «El 75% de intervenciones por droga son consumidores. Nosotros creemos que la detención no previene ni disuade el consumo». Por ello la ONG tiene la Línea Verde, un número telefónico al que puede llamar cualquier persona detenida por posesión de marihuana. «Nosotros vamos con abogados a la comisaría y brindamos apoyo», afirma. Pero para entender mejor este punto, es necesario revisar qué dice la ley peruana.

No es ilegal que una persona posea hasta ocho gramos de marihuana, pues está dentro de los límites del consumo personal. La figura legal cambia cuando la persona cuenta con más de ocho gramos. La posesión entre nueve y cien gramos de marihuana significa microcomercialización –de frente, sin pesquisas–, actividad que merece hasta siete años de cárcel. A partir de cien gramos, la persona puede recibir hasta veinticinco años de prisión.

Ciertamente gran parte de las detenciones se realizan sin investigación previa, según Mangelinckx. La situación real: si usted fuma un porrito de un gramo en la calle, un policía podría llevarlo a una comisaría y encerrarlo por varios días. «Se violan la presunción de inocencia y los derechos fundamentales de cualquier persona, cuando debería ser al revés: aplicar técnicas de inteligencia y actuar si se demuestra que hay delito. Las autoridades deberían dedicar tiempo y recursos a la lucha contra el crimen de verdad». Por ello CIDDH también organiza, junto con la Defensoría del Pueblo, talleres para policías a fin de que estén mejor preparados a la hora de encarar el escenario de posesión de marihuana. La idea es fomentar una actividad preventiva más que punitiva. Reducir daños en vez de castigar.

Legalizing Marijuana

Golpes documentados

Fabián Fiestas, responsable de la Unidad de Análisis y Generación de Evidencia en Salud Pública, afirma que es difícil determinar cuáles serían las consecuencias de la despenalización del consumo de marihuana en el Perú. «No hay experiencia en países similares al nuestro. Debido a que es un problema relacionado con características sociopolíticas y económicas, la forma como podría reaccionar nuestro país sería distinta a la de un país europeo o incluso a uno de la región como Uruguay». Fiestas, un hombre de ciencias y evidencias, tiene datos concretos. El especialista es coautor de un estudio sobre el tema, titulado Efectos de la marihuana en la cognición: una revisión desde la perspectiva neurobiológica. En ese trabajo, publicado en el 2012 por la Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública, Fiestas concluye, tras analizar un copioso número de investigaciones y evidencias, que el uso frecuente de esta hierba se vincula al desarrollo de alteraciones en la atención, la toma de decisiones, las emociones y la memoria. «También causa síndrome amotivacional, que es cuando la persona pierde motivación en diversos ámbitos de su vida», precisa.

Reuven Samolski, psiquiatra de la Clínica Javier Prado, precisa que el consumo crónico de marihuana puede disparar, en quienes tienen la predisposición, la aparición o el agravamiento de trastornos mentales, como depresión, ansiedad e, incluso, psicosis o esquizofrenia. De acuerdo con el National Institute on Drug Abuse de Estados Unidos, el consumo frecuente de esta hierba puede causar problemas cardiacos y respiratorios. Además, según un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Southern California’s Keck, publicado en el 2012, podría elevar el riesgo de desarrollar cáncer testicular.

Activismo local

—¿Ser activista te ha traído problemas?
—En algunos momentos he sentido que me ha generado más problemas que beneficios —responde Luis Gavancho, fotógrafo y coordinador de Legaliza Perú, colectivo que desde el 2009 lucha por la despenalización—. Me han cerrado algunas puertas, claro, pero hoy colaboro con empresas que valoran mi trabajo. Las satisfacciones han sido más grandes, sin duda. Me siento muy bien cuando la gente me escribe y me cuenta que lo que estamos haciendo la ayuda mucho.

Si se aprueba la descriminalización en el Perú, aumenta el consumo: es una falacia para Gavancho. Explica que, más bien, ocurre un sinceramiento de estadísticas, es decir, consumidores que se hacen visibles en números. No cree que el Estado deba asumir el peso de la producción de la hierba, sino que existan productores independientes dedicados al autocultivo. También está seguro de que la marihuana podría emplearse con éxito en aplicaciones medicinales. Menciona el polémico caso de Rick Simpson, un canadiense que ha desarrollado un aceite a base de THC que se emplea como tratamiento contra el cáncer. En internet podrán encontrar reacciones entusiastas sobre el producto, pero también críticas muy severas. Aun así, Gavancho tiene fe. «La hierba es el futuro: cada vez le encuentran más propiedades terapéuticas». El activista planea formar una organización que, entre otras cosas, se dedique a la investigación científica. Por otra parte, lo descorazona la apatía de muchos consumidores. «Como consiguen marihuana barata y de manera fácil prefieren no tener problemas». Siente que la lucha contra la estigmatización implica establecer buenas relaciones: ser un buen vecino, un buen padre de familia, un buen ciudadano. «En Legaliza Perú no solo hablamos de derechos, sino también de deberes».

Hora de debatir

La idea de este artículo no es tomar partido por una postura en particular. De hecho hay problemas de salud pública que son más críticos. Según el INEI, hay cien mil personas que consumen drogas ilegales en el Perú; pero también hay dos millones de fumadores de tabaco, y un millón de alcohólicos, de acuerdo con el Ministerio de Salud. Es decir, gente que sufre por el consumo excesivo de sustancias que dañan. A nivel mundial, según la ONU, más de 250 mil personas mueren cada año por culpa del consumo de drogas ilegales. Sin embargo, el tabaco provoca más de 6 millones de muertes anuales; el alcohol, 2.5 millones.

Saber cómo debería encararse la descriminalización de la marihuana requiere un análisis más complejo que, simplemente, estar a favor o en contra. En tal sentido, un espacio idóneo para perfilar ideas y afinar argumentos es el debate público. Para Milton Rojas de Cedro, la calidad de un debate serio, responsable y respetuoso depende de la participación de científicos, médicos, psicólogos y especialistas en el tema. «He asistido a debates, pero la contraparte suele estar conformada por activistas, legalizadores, consumidores, abogados o economistas. Así no hay equilibrio».

Jerome Mangelinckx siente que el debate está lejos de abrirse. «Me gustaría debatir con Devida, la Policía Nacional, la Fiscalía, el Poder Judicial, el Ministerio de Salud, el Ministerio de la Mujer, el INPE, actores claves que necesitan reenfocar su labor en este aspecto, pero no han mostrado disposición para debatir». Ricardo Soberón, director del CIDDH, asegura que Cedro aceptó debatir en estas semanas. «Dijeron que sí, pero no sabemos nada. Creo que han dado marcha atrás».

«Cerrar los espacios de diálogo provoca que las posiciones se polaricen más», señala Jessica Huertas, especialista del área de Prevención y Tratamientos de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas [Devida]. Un punto que ella destaca es la ruptura del estereotipo: que no solo sea el consumidor con look jamaiquino quien defienda la descriminalización. «Un buen debate no solo debería contar con posturas radicalmente opuestas, sino también con posturas intermedias». A dialogar entonces.

El caso uruguayo
En diciembre del 2013, la Cámara de Diputados de Uruguay aprobó que el cultivo, la venta y el consumo de marihuana estén despenalizados bajo ciertos criterios. Uno de ellos es que el Estado regule las actividades de este mercado. Asimismo, para acceder a esta droga, hay que tener más de dieciocho años y registrarse como consumidor. Se podrá comprar marihuana en farmacias autorizadas, pero también se podrá cultivar hasta 480 gramos anuales o inscribirse en clubes de cannabis. La posesión máxima por persona no debería exceder los cuarenta gramos. Aún se está implementando la ley, pero lo cierto es que más de la mitad de los uruguayos está en contra de esta iniciativa.

¿Medicina natural?
En diversos estados de Estados Unidos es legal comprar marihuana con fines medicinales. Se necesita receta, eso sí. Por otra parte, hay un importante crecimiento en el campo de la investigación científica. En Colorado, una niña con síndrome de Dravet, tratada con una cepa especial de marihuana, disminuyó la frecuencia y la intensidad de las convulsiones que le impedían tener una vida normal. Asimismo se estudian maneras de luchar contra enfermedades, como diabetes, retinitis pigmentosa o VIH a partir de derivados de la mencionada planta.

*THC son las siglas de tetrahidrocannabinol, el principal compuesto químico de la marihuana.