Tres veces Mandela

Por César Ochoa / Ilustración: Viringo
Dirigió a Sudáfrica hacia el fin de una brutal segregación racial y la transformó en una nación que fue capaz de perdonar y reconciliarse. Aquí tres pasajes de la vida de Nelson Mandela [1918-2013] que explican por qué es considerado el último héroe del siglo XX.
Nelson Mandela_final

Hay dos tipos de personas: las que dicen y las que hacen. El líder sudafricano Nelson Mandela será recordado por ser un hombre de acción, como alguien que fue capaz de dejar este mundo mejor de como lo encontró. Nació en 1918 en Mvezo, Sudáfrica, en el seno de una familia noble [nieto de Ngubengcuka, rey de la tribu Tembu]. Su vida política, marcada por la lucha, la cárcel y la redención, empezó cuando a los veinticuatro años se unió al Congreso Nacional Africano para combatir la segregación racial en su país, el apartheid, un régimen que suprimió derechos básicos de los negros, desde el sufragio hasta la libertad de ingresar a lugares donde había gente blanca. Aunque inició su lucha de forma pacífica, incurrió en el sabotaje a empresas de su país, en su afán por responder con violencia la masacre de negros que protestaban pacíficamente en la ciudad de Sharpeville.

Una vez capturado, Mandela fue condenado a cadena perpetua. Su historia parecía terminar en una prisión rodeada de tiburones. Pero el encierro en la isla de Robben, lejos de llenarlo de rencor, lo ennobleció, pues allí entendió que la reconciliación y el perdón eran los únicos caminos para sacar adelante a un país dividido por el odio. En los últimos cinco años de prisión [de los veintisiete que sufrió], logró que el gobernante de entonces, Frederik de Klerk, viera en él a persona ideal para negociar los términos de paz de su país. Mandela demostró su talento de abogado y la sabiduría acumulada a lo largo de tanto sufrimiento. Su idea era clara: la solución debía ser pacífica y democrática. Una vez libre, a los 71 años, se encaminó hacia la presidencia de Sudáfrica, desde donde acabó con el apartheid y amistó a toda una nación. Hace unas semanas, Mandela falleció pacíficamente a los 95 años. Tres pasajes claves de su historia son suficientes para explicar su grandeza.

Antes de la cárcel
Pretoria, Sudáfrica
20 de abril de 1964

Tras regresar a Sudáfrica luego de visitar varios países africanos y Gran Bretaña en donde pidió apoyo para su movimiento de liberación, Mandela fue arrestado, acusado de rebelión y abandono ilegal del país. Desde el banquillo, en la apertura de su juicio, el futuro premio Nobel de la Paz pronunció un discurso de cuatro horas. Allí reconoció que el sabotaje [que no implicaba pérdida de vidas], había sido su estrategia de lucha contra el apartheid en los últimos dos años, tras la matanza de 69 manifestantes negros en Shaperville. Antes de ese hecho, la estrategia de su movimiento, el Congreso Nacional Africano, había sido la desobediencia civil pacífica. Las acciones [destrucción planificada de plantas de energía, interferencia de líneas ferroviarias, etc.] —dijo Mandela— se realizaron solo cuando todo lo demás había fallado, cuando todos los canales de la protesta pacífica habían sido prohibidos. Finalizó sus palabras con una elocuencia que pasó a la historia: «Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha por el pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He apreciado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas, en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir y ver realizado. Pero, su señoría, si es necesario, es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir». Aunque por ley le correspondía la pena de muerte, gracias a la presión internacional, finalmente lo condenaron a cadena perpetua.

Durante la cárcel
Prisión de Pollsmoor,
Sudáfrica, 1983

Los primeros nueve años de los dieciocho que pasaría en la prisión de la isla de Robben, Mandela vivió una pesadilla. En su celda minúscula tenía una comida a base de maíz, impedimento de hablar y media hora de visitas cada seis meses. Sin embargo, en ese contexto, cambió su forma de pensar. Mario Vargas Llosa, en su columna PIEDRA DE TOQUE, de junio pasado, analizó ese periodo de Mandela. «En vez de suicidarse o enloquecerse […] hizo una autocrítica radical de sus convicciones y alcanzó aquella serenidad y sabiduría que a partir de entonces guiarían todas sus iniciativas políticas», escribió el Nobel. «Debió de tomarle mucho tiempo —meses, años— convencerse de que toda esa concepción de la lucha contra la opresión y el racismo en África del Sur era errónea e ineficaz y que había que renunciar a la violencia y optar por métodos pacíficos».

Cuando fue trasladado a la prisión de máxima seguridad de Pollsmoor, en Ciudad del Cabo, sus artes de convencimiento a través de ideales, su templanza y entereza salieron a flote. Sus carcelarios, lejos de convertirse en sus verdugos del día a día, se contagiaron de su forma de pensar y entablaron amistad con él. En ese momento, Nelson Mandela escribió una carta a la esposa de uno de ellos: Christo Brand. «Estimada señora —comenzó Mandela en afrikaans, la lengua de los inventores del apartheid y que aprendió en prisión— su marido es un hombre talentoso de muy buen corazón. Siempre está de buen humor y dispuesto a ayudar a la gente. Pero carece de ambición, y como consecuencia descuida sus propios intereses, y también los de su mujer e hijos. En repetidas ocasiones he pretendido convencerlo de que estudie, pero todos mis intentos han fracasado. Me veo obligado ahora a pedirle ayuda a usted. Tal vez logre persuadirlo de que haga lo que toda persona joven y responsable en todo el mundo hace: atender a sus intereses y a su futuro». Así era Mandela, quien saldría libre el 11 de febrero de 1990, el mismo que recibirá el premio Nobel de la Paz en 1993 y que al año siguiente se convertirá en el primer presidente negro de Sudáfrica bajo un mensaje de reconciliación y perdón.

En libertad, antes de su gobierno
Sudáfrica, enero de 1994

Cuatro meses antes de las históricas elecciones en las que Nelson Mandela sería elegido presidente, algunos miembros del Congreso Nacional Africano, seguros de que ganarían los comicios, discutían un asunto delicado: el himno nacional que regiría cuando Mandela tuviera el mando. Die Stem era el cántico nacional de ese entonces, y ensalzaba los triunfos de los blancos en el siglo XIX, quienes habían aplastado la resistencia negra. El himno paralelo era Nkosi Sikelele, toda una manifestación del pueblo que buscaba la libertad. Como parecía lógico, una vez en el gobierno, —decían los miembros— sustituirían Die Stem por Nkosi Sikelele. Tokyo Sexwale, antiguo preso en Robben Island y principal miembro del Comité Ejecutivo Nacional, contó que disfrutaban de la reunión, ansiosos de ese triunfo, cuando todo cambió al ingresar Mandela a la reunión, sin embargo, todo cambió. Una vez que el futuro presidente supo de la decisión, les dijo: «Nunca pensé que unas personas experimentadas como vosotros iban a tomar una decisión de tal magnitud sobre un tema tan importante sin ni siquiera esperar al presidente de vuestra organización». Mandela prosiguió, con tono severo. «Esta canción [Die Stem], que despachan con tanta facilidad, contiene las emociones de muchos a los que todavía no representan, y de un plumazo quieren tomar una decisión que destruiría la misma base —la única— sobre la que estamos construyendo el país: la reconciliación». Entonces Mandela propuso que se cantarían ambos himnos, en todas las ceremonias, uno después de otro, desde a la posesión de mando hasta en los partidos de rugby. Era, una vez más, aquella lógica de perdonar y caminar juntos. Todo el país así lo entendió. En 1997 ambos himnos se combinarían en uno solo.

Fuentes: An ideal for which I am prepared to die, The Guardian.com, lunes 23 de abril de 2007 / Nelson Mandela, South Africa’s Liberator as Prisoner and President, Dies at 95, Bill Keller, www.nytimes.com, 5 de diciembre de 2013 / Mandela y su carcelero, el “señor Brand”, John Carlin, elpais.com, 7 de diciembre de 2013 / Mandela confidencial, John Carlin, elpais.com, 18 de agosto de 2006 / El último héroe del siglo XX, El dominical, El Comercio, edición impresa, 15 de diciembre de 2013 / Salvar una nación, John Carlin, elpais.com, 18 de enero de 2009 / Nelson Mandela: The long walk is over, www.economist.com, 5 de diciembre de 2013.