Queremos tanto a los vinilos

Escribe: David Gavidia / Fotos: Marco Garro y Fernando Criollo
En tiempos en que miles de canciones se pueden almacenar en MP3, iPods o USB, el número de nostálgicos que se aferran al sonido de los discos de vinilo crece y crece en Lima. Una tienda, un portal web y una cofradía de melómanos que revaloran la música del LP explican por qué.
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Old Box
Giovanni Ciccia

«Esta no es una tienda de antigüedades. Acá encuentras todo lo que te mueva una fibra emotiva», advierte el actor, director de teatro y músico Giovanni Ciccia, mientras ingresa a Old Box, su tienda especializada en la venta de discos de vinilo. Ciccia es un melómano nostálgico. En las vitrinas de la tienda aparecen long plays que van desde Sex Pistols hasta Narcosis, de Parchís hasta Petete, de Olivia Newton John al soundtrack de STARS WARS. No recuerda cómo comenzó con esta fascinación de almacenar objetos del ayer, ni su pasión por ese viejo formato. «Me di cuenta de que tenía muchas cosas guardadas que representaban un montón de recuerdos y me dije: puedo hacer un buen negocio». No se equivocó. Ciccia ha conseguido cada producto de la tienda cachineando mucho y gracias a los contactos que tiene con otros coleccionistas en el extranjero. Solo en su tienda tiene mil vinilos; en su casa, otros mil, y en el depósito [que son los LPs que están en el tránsito de irse a la tienda o quedarse con el actor] otros quinientos. Para él los sonidos que salen de un tocadiscos son los mejores, los más honestos. Old Box abrió hace un año en un pequeño local de la avenida Larco. Pero como la cantidad de público y de vinilos crecía, debió mudarse hace dos meses a un espacio más grande en la cuadra diez de la misma avenida. «Es una tienda que encaja en lo vintage, donde también puedes hallar un Nintendo en su caja, un Topo Gigio o billeteras de The Walking Dead», explica este actor, quien se ha definido como un recolector del pasado, un cazador de recuerdos: «Me he pasado la vida recuperando objetos del pasado para rearmar mis recuerdos. Seguro el público que viene acá trata de hacer lo mismo».

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La cumbia de mis viejos
Víctor Zela y María Isabel Coasaca

No recuerdan con exactitud el día, pero sí que sonrieron al pensar que la tarea sería titánica. Digitalizar más de dos mil discos de vinilo dedicados a la cumbia peruana no es sencillo, menos, dar a conocer la historia y discografía de orquestas casi olvidadas. ¿Cómo hacerlo?, se preguntaron los esposos Víctor Zela y María Isabel Coasaca, dueños de tan grande colección privada de LPs. Y hallaron la fórmula: crearon la página web La cumbia de mis viejos, la primera biblioteca virtual dedicada a reivindicar y evitar que esta música desaparezca. El proyecto comenzó en el 2009. Los esposos han digitalizado 300 álbumes. Aún les falta 40 mil. En la página www.lacumbiademisviejos.com se encuentra un catálogo con canciones de Los Mirlos, o grupos tan extraños como los 4 Gatos, Los Acapulqueños o Los Yabar Juniors. «Hay mucho de nostalgia en todo esto. La antigua cumbia peruana nunca se pudo digitalizar porque las disqueras quebraron y se perdió la fuente original. Nosotros lo hacemos, pues creemos que si se pierden los vinilos, las canciones pueden perderse para siempre. Hay mucho riesgo de que suceda», coincide esta pareja de comunicadores, expertos en medios digitales. La obsesión por el género convirtió a los esposos en unos constantes detectives. Los viajes de placer se convirtieron en un recorrido por la historia de la cumbia. Si iban para el Cusco, seguían los rastros de agrupaciones como Los Génesis o el Grupo Mandarina, Los Hiltons, Los Parkers o El Grupo Ácido. Su investigación los ha convertido en verdaderas enciclopedias de la cumbia nacional. Para llegar a un público más amplio, Víctor y María Isabel llevaron su proyecto a las redes sociales. Su cuenta de Facebook tiene más de 6 mil seguidores y en Twitter alcanzan los 600, pero su canal de YouTube, donde almacenan la discografía de los grupos cumbiamberos, llega a más de 200 mil visitas. Ahora la antigua cumbia nacional tiene una nueva ventana.

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Vinyl Collectors
César Jiménez

La convocatoria nace a través de las redes sociales. Día: domingo 6 de octubre. Lugar: km 11 de la avenida Túpac Amaru, Comas. Evento: tercera vinileada del año. Descripción: encuentro de fanáticos amantes del LP. Pronto, al aviso, se irán sumando gente que llama más gente. Todos con un gusto en común: la música grabada en vinilo. Y ahí está César Jiménez, uno de los fundadores de Vinyl Collectors, la primera comunidad de coleccionistas del vinilo en el Perú. En su tienda ubicada en la cuadra dos del jirón Quilca, en el centro de Lima, Jiménez hace cálculos. Espera que el evento sea más grande que el del año anterior.

Hablar de mucha gente puede ser una exageración. Si van treinta personas es un éxito. Soñar con cientos tampoco es disparatado, sobre todo cuando esta fiebre por el ayer se contagia tan rápido. «En el Perú son pocos los que compran, leen y coleccionan los libros. Con los discos sucede lo mismo. En Vinyl Collectors queremos rescatar al long play. Confraternizamos, intercambiamos música y nos volvemos a enamorar del pasado», cuenta Jiménez, apasionado del rock y de la música instrumental.

La página de Facebook de esta cofradía tiene mil 390 integrantes. Sin embargo no todos se suman a las reuniones. A ellas solo van los especialistas. A la mayoría le encanta el rock, pero también los que aman la salsa o el jazz. Están quienes comparten sus discos de Willie Colón y Led Zeppelin, y también quienes llevan a Héctor Lavoe o Black Sabbath. Desde las redes sociales, el grupo comparte datos, abre foros de discusión: «¿Prefieren el original de LIVE AND LET DIE, de Paul McCartney, o el cover de Guns n’ Roses?», pregunta uno. «¿Está bien el precio que estoy pagando por tres vinilos edición europea de Pink Floyd?», consulta otro. Cada quien da su mejor consejo.

¿Por qué el amor por los vinilos? «Porque es un formato que desarrolla un sonido muy distinto al CD, al MP3 y a los USB. El long play perdura, la canción no se borra, salvo que lo maltrates», responde Jiménez. Vinyl Collectors lleva cuatro años de formación y apunta a convertirse en una institución fuerte. Por estos días, algunos integrantes andan en Chile y Argentina buscando más fanáticos, más agrupaciones y más vinilos que sirvan para enriquecer su proyecto. Se viene el quinto año de la cofradía y quieren celebrarlo a lo grande, con una fiesta que reúna 10 mil discos.