Política de Familia

Por Ornella Palumbo / Fotos de Augusto Escribens
Madeleine Osterling cambia de rumbo a los 55 años. Le pone pausa a su carrera de abogada para iniciarse en la política como candidata a la alcaldía de San Isidro por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, la hija del ex presidente que mandó a arrestar a su padre. Aunque en su familia haya políticos, artistas, abogados y cocineros, en las tres generaciones vigentes de los Osterling el respeto a las ideas es ley.
IMG_1079 retRED

La noche que Alberto Fujimori disolvió el Congreso de la República, Madeleine Osterling salió corriendo de su casa, cruzó el cerco vivo que la separaba de la de su padre y lo encontró atónito frente al televisor. Cuando el discurso fatídico terminó, don Felipe Osterling –entonces senador y presidente del Congreso– salió raudamente, y un fusil cruzado sobre su pecho lo detuvo en el umbral de la puerta de la calle. «Le dieron una semana de arresto domiciliario. Sus amigos entraban por mi casa para visitarlo», recuerda Madeleine. Esa noche el apellido Fujimori se acuñó como sinónimo de dictadura. Una semana después, otra vez, un fusil impidió que don Felipe entre al Palacio Legislativo y el Perú se enteró de su férrea oposición al partido de gobierno a través de los medios de comunicación.

Veintidós años después, Madeleine Osterling Letts es candidata por el partido de Keiko Fujimori. Hace dos meses que la lideresa política la convocó. Antes de aceptar la propuesta, Madeleine pidió consejo a su padre. «No quería tomar una decisión que lo ofendiera o que lo haga sentir traicionado. Adoro a mi padre por sobre todas las cosas», dice Madeleine. Don Felipe, quien se ha pronunciado a favor del indulto humanitario para su ex adversario político, felicitó a su hija. Le dijo que era tiempo de reconciliaciones para el bien del país. Una lágrima acaba de detenerse al borde de los párpados de Madeleine. Su padre y mentor está muy enfermo.

Madeleine estudió Derecho para emular a su padre. Es abogada especializada en Derecho Minero, Tributario y de Telecomunicaciones. Ha defendido a las empresas más poderosas en el país –las mineras Doe Run, Barrick, Volcan, y Telefónica están en su agenda de contactos–, y cree firmemente que las relaciones entre los abogados y sus clientes se han modernizado muchísimo en los últimos años. «No es como antes, que el abogado despachaba desde su escritorio. Yo he subido a la mina», dice ella. Aquellas mineras de capitales gigantescos de las que depende en buena medida la economía del país muchas veces han sido las malas de la película. Han recibido denuncias por contaminación y por intentar engañar al Estado. Madeleine tiene una fórmula para lograr un buen resultado en su trabajo: «Las autoridades deben ser tus socios. Y si algo se hace mal, lo primero es dar la cara», dice Madeleine. Su consigna bien podría aplicarse en política.

IMG_1128 retRED

Si Madeleine gana las elecciones municipales, su nombre desaparecerá de los recuentos de los sueldos millonarios en el Perú. «La parte económica no la pensé mucho. Pensé en devolver a mi comunidad lo que me ha dado», dice ella. Y aunque la política pueda ser una gran exterminadora de relaciones, se ha mantenido firme en su decisión. Ha recibido críticas por su postulación, por el partido elegido y hasta por sus arrugas. «Antes yo era muy temerosa de la opinión pública, pero ahora no me importa. A los 55 años tengo claro quién soy. Y si tengo arrugas, bueno, tengo mala genética. Lo asumo», dice Madeleine con una sonrisa franca y enemiga del Photoshop electoral, igual a la de los afiches que cuelgan de su balcón, en un sétimo piso, desde donde se ve buena parte del distrito que pretende gobernar.

Del lado opuesto del balcón se oye la voz de su hija Macarena. «Amo a mi madre, pero ¿fujimorismo?», cuestiona la joven artista en abierto desacuerdo. La relación de Madeleine y Macarena es libre. Sin embargo, la diferencia entre sus ideas no tiene que ver con el amor. La peor noche de la madre fue la del 11 de marzo del 2011. Macarena iba montando su skate por la calle Choquehuanca al mismo tiempo que un taxista distraído la alcanzaba a toda velocidad. Minutos después, el teléfono timbró en casa de Madeleine. «Han atropellado a tu hija; está tirada en la pista», le dijo la voz de una amiga sanisidrina. La pierna de Macarena quedó tan dañada que tuvieron que hacerle cinco operaciones para reconstruirla. Madeleine tiene razones de sobra para preocuparse por la tranquilidad de su distrito.

Su segunda hija, Cristina, estudia arte en Nueva York y el último, Sebastián, de solo 24 años, tiene dos empresas: una dedicada a sembrar cacao en Pucallpa y otra que exporta quinua a Canadá, Jordania y Líbano gracias a la asesoría de su madre. «Yo soy una ejecutora. A mí me gusta que las cosas sucedan. El futuro no existe. Existe el presente; ahorita», dice la abogada.

Muchas personas le han preguntado por qué no postuló por el Partido Popular Cristiano si su padre fue el líder por tantos años. Luis Bedoya Reyes la vio crecer. Rafael Rey visitaba a don Felipe. Sin embargo, Madeleine cuenta que su padre no hablaba de política ante sus hijos. Los llevaba al estadio a ver al Sporting Cristal, pero jamás a un local del PPC. «No me siento atada al PPC. En cambio, con Keiko tengo mucha afinidad», dice ella. Las ideas de Madeleine tal vez no concuerden con las de su familia, pero el respeto a ellas apunta al mismo lugar.