Obsesión creativa

Por Raúl Lescano / Foto de Hans Neumann
Gustavo Bockos es diseñador gráfico de profesión pero su manía de concebir el mundo en imágenes lo ha llevado a explotar su creatividad en la publicidad. Hace todo lo posible por no concebir como trabajo su tarea como publicista. Pero tiene un problema, las imágenes son su mejor manera de expresarse y también su obligación como director de arte de una de las más innovadoras agencias publicitarias de Brasil.
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Después de cerca de doce años en la publicidad, Gustavo Bockos, el diseñador gráfico peruano radicado en Brasil, ha llegado a un lugar creado específicamente para él: director de arte, un puesto usual en las agencias publicitarias, pero no en productoras audiovisuales como Zola, creada y conformada por profesionales con complejo de artistas. Bockos es el hombre de las ideas visuales, y como tal se enfrenta a su eterno problema: cómo hacer para que su forma de expresión no sucumba ante las presiones del trabajo.

Gustavo Bockos insiste en que las palabras no son lo suyo. Pero si hay una que lo define, es imágenes. Hoy, por ejemplo, recibió un nuevo proyecto publicitario. Antes que hacer una lista de las principales características de la campaña, Bockos salió al parque y lanzó su iPhone al aire con la cámara de video encendida. Las tomas capturadas parecen las de una pelota que gira en el aire. Ya tiene las primeras ideas para empezar a trabajar.

La formación de Bockos no estuvo tanto en el colegio o la universidad, sino en el tiempo libre que estas le dejaban para su hobby: el dibujo. En las matemáticas, por ejemplo, no encontraba nada que observar o imaginar. La biología y la geografía le resultaban más interesantes, más reales. «Cuando pienso en algo, antes que escribirlo, primero lo dibujo. Las imágenes son muy fuertes para mí, más que las palabras. Me es difícil contar las cosas de la forma en que me las imagino. Yo dibujo para mí y escribo para la gente», dice Bockos.

En su casa sus dibujos lo abrumaban. Cuando sus familiares visitaban la casa, le pedían que retratara a alguien, que hiciera alguna caricatura. Desde los cinco años todos estaban fascinados con su nivel. Pero luego se cansó. En ese entonces, a los nueve años, dejó el dibujo y se dedicó al fútbol y a la natación. Si algo se comienza a transformar en trabajo, se aleja, cambia o, por lo menos, lo maquilla.

Para desconectarse ahora tiene su marca personal Vokos, con la cual da rienda suelta a sus proyectos más vinculados con el diseño y las artes plásticas. Con la V que identifica su marca, por ejemplo, ha llegado a intervenir zapatillas para Nike y carros para Fiat con colores chillones. Pero cuando no es Vokos, sino Gustavo Bockos, ha encontrado una manera radical para no enfrentar su pasión ni su trabajo: piensa todo el día en imágenes y por lo tanto todo el día trabaja. Así no hay una línea divisoria entre una cosa y la otra. Todo es hobby, todo es trabajo. Cuando recibe un nuevo proyecto, lo imprime y lo guarda en el bolsillo de su pantalón. De esa manera la oficina se extiende hasta donde vaya. Si se siente en el vacío cada vez que llega un nuevo proyecto, está seguro de que las ideas van a estar ahí. Para Bockos la prueba de que las ideas no se acaban es que cada día es distinto, que cada día se subirá a un bus nuevo, se cruzará con gente nueva. Y que cuando todo eso suceda, estará pensando en imágenes porque es lo que sabe y debe hacer.

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Como un diseñador gráfico de profesión que terminó involucrado en la publicidad por su creatividad, Bockos se pregunta constantemente si de verdad sabe algo de este rubro. Pero sabe de lo que es capaz la publicidad. Hay muchos perfumes, pero Gustavo puede identificar uno en particular. Si alguna marca definió una etapa de su vida, fue la de Hugo Boss que usaba de pequeño. Ahora, cada vez que huele la fragancia en un aeropuerto, recuerda a sus amigos de entonces disfrutando el verano. «Las marcas funcionan cuando caen sobre ti en un preciso momento de tu vida, como una canción. Como cuando estás enamorado y escuchas cualquier canción y parece que está escrita para ti. Pero eres tú el que crea eso, no es la canción. La publicidad se debe convertir en una muletilla para recordar un momento».

El año pasado esa premisa encontró una de sus máximas expresiones cuando colaboró en la campaña publicitaria para Getty Images, uno de los más grandes bancos de imágenes en internet. En el 2012, la misma campaña se había llevado el Cannes con un video hecho a partir de una minuciosa selección de fotos que, en secuencia, contaban una historia de amor. Esta vez debían hacer algo aún mejor con el banco de videos. Y lo hicieron con una obra hecha con una serie de videos que se enlazan uno con otro simulando una sola historia: una pareja se conoce de niños, crecen juntos, se separan, uno va a la guerra, otra se convierte en hippie y se rencuentran ya de adultos para vivir juntos. Al final el comercial sentencia: «63, 113. 983:15 segundos de video. Historias ilimitadas».

Gustavo Bockos concibe el Cannes solo como una estatua que dice que está haciendo las cosas bien. Le interesa poder irse a dormir con la siguiente idea en la cabeza. Hoy le han trazado una nueva misión: desarrollar en México un comercial para una marca de pan. Gustavo imprimirá el proyecto, lo guardará en su bolsillo y no podrá dormir tranquilo hasta encontrar esa idea que espera por él.