Navegando en la historia

Por César Becerra / Fotografía de Augusto Escribens
Alec Hughes es un peruano que dio la vuelta al mundo en una embarcación a vela. Desde hace unos años realiza una investigación con la que busca demostrar el contacto entre las culturas prehispánicas y las de Oceanía.
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En una biblioteca de Honolulu, mientras buscaba información sobre el origen de la cultura hawaiana, Alejandro ‘Alec’ Hughes halló pistas sobre la historia velada del antiguo Perú. Alec, que por entonces tenía 20 años y estudiaba en la Universidad Hawaii Pacific, fue arrastrado por la corriente del conocimiento. «Pensé en esto: si la cultura hawaiana tiene gran influencia de la cultura tahitiana, ¿por qué los incas y preíncas no pudieron tener influencia polinésica? Desde mi punto de vista como navegante era totalmente posible que balsas cruzaran el Pacífico. Hay corrientes que te llevan de ida y vuelta», dice Alec.

Alec Hughes se ha sumado a la travesía de investigadores que han hecho grandes contribuciones sobre el tema. El historiador Antonio del Busto, por ejemplo, publicó en el 2006 TÚPAC YUPANQUI: DESCUBRIDOR DE OCEANÍA, libro sobre la hipotética llegada de un inca aventurero a islas polinésicas en el siglo XV. «Imagino que este inca sintió curiosidad al enterarse de leyendas como la de Naylamp, el navegante mitológico que desembarcó con sus flotas en Lambayeque. No me sorprendería que Naylamp haya sido polinésico», apunta Alec.

«Mi propuesta consiste en demostrar que navegantes precolombinos llegaron al otro lado del océano, y que navegantes polinesios llegaron aquí. ¿Quién lo hizo primero? No importa»

Otro predecesor es Thor Heyerdahl, explorador noruego que en 1947 probó que era factible viajar a la Polinesia desde Sudamérica en balsas rudimentarias fabricadas con madera. El nórdico lo hizo a bordo de la famosa Kon-tiki, que inspiró a los cineastas noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg a filmar la cinta del mismo nombre, nominada al Oscar 2012 como mejor película de habla no inglesa. Y más atrás, en tiempos coloniales, exploradores españoles como Pedro Sarmiento de Gamboa y Álvaro Mendaña partieron desde el Callao y descubrieron islas en Oceanía…

A Alec Hughes, entonces, no le faltan fundamentos.
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Arqueólogo experimental

Alec corre tabla, pesca y navega desde niño, pero no es historiador, arqueólogo ni antropólogo. Tiene 42 años, es administrador de empresas y trabaja en una compañía de desarrollo de software. Parece un tipo normal, pero las personas que tienen un vínculo intenso con el mar suelen embarcarse en aventuras insospechadas, como los fenicios, los vikingos o los conquistadores europeos. Sin ir tan lejos, como el propio abuelo de Alec, el primer uruguayo en cruzar el océano Atlántico en un barco a vela. O como su padre, uruguayo también, con quien dio la vuelta al mundo en 1999 en un viaje de diez meses y 25 mil millas náuticas. «El mar es mi segundo hábitat», dice Alec, que vivió en un velero durante año y medio cuando estudiaba en Hawái.

Aventuras marinas tiene muchas, pero hay algunas que recuerda con mayor intensidad. Como la travesía que hizo en el archipiélago hawaiano a bordo de un velero, que pudo costarle la vida. «Las condiciones eran óptimas cuando partimos, pero se presentó una tormenta muy fuerte. Tuve que enfrentar las olas más grandes que he navegado. Al regresar, vi en las noticias que ese evento fue el oleaje de la década».

En términos físicos, el administrador de empresas con vocación de navegante sabe lo que hay más allá del horizonte. Puede ir a La Punta, subir a una embarcación y averiguarlo. Pero en términos históricos, en el vaporoso dominio del tiempo pasado, la navegación se hace más complicada: no hay rutas claras a la hora de rastrear huellas en el mar.

«En la isla de Pascua hay un muro incaico», dispara Alec. Sentado en su oficina, rodeado de libros, el ejecutivo habla sobre su investigación con entusiasmo. «Vinapú, según Del Busto, fue construida por Túpac Yupanqui», añade. El sitio arqueológico bien podría estar en el Cusco y a nadie le resultaría extraño. Tiene el corte preciso de las piedras, la textura, el ensamblaje de las ruinas incas… lo único raro está en que la construcción se encuentra en una isla ubicada a más de 4 mil kilómetros de lo que fue el Imperio incaico. ¿Qué hace un fragmento de Sacsayhuamán entre tanto moái?

«La vuelta al mundo con mi padre fue un sueño suyo, un proyecto de vida en el que yo, simplemente, fui su acompañante»

Alec hurga entre las páginas de sus libros y lee más citas. «Los maoríes de Nueva Zelanda usaban quipus». «‘Arica’ y ‘Arequipa’ son palabras de origen polinésico». «En Tonga, Oceanía, hay un sitio arqueológico igualito a la Puerta del Sol de Tiahuanaco».

El navegante quiere dejar claro que no pretende afirmar que los antiguos habitantes del Perú provienen de la Polinesia. « Mi propuesta consiste en demostrar que, mucho antes del descubrimiento de América, navegantes precolombinos llegaron al otro lado del océano, y que navegantes polinesios llegaron aquí. ¿Quién lo hizo primero? No importa».

Un ejemplo increíble es la historia de un pescador que conoció en Samoa. «Vi a un niño que, por alguna razón, me pareció peruano. Le hice algunas preguntas en inglés y, cuando le conté que yo era peruano, me dijo que su papá también. Resulta que el señor salió de Piura a pescar, pero su barco fue arrastrado por las corrientes marinas hasta Samoa. Unos atuneros lo acogieron y se quedó a trabajar allí». La distancia entre Piura y Samoa, por cierto, es de 10 mil kilómetros. Si en tiempos modernos se puede hacer un viaje accidental de este tipo, ¿por qué no pudo ocurrir lo mismo hace más de quinientos años?

Futura publicación

Alec investiga y escribe porque anhela encontrar verdades que ayuden a repensar la identidad histórica de los peruanos, pero también desea homenajear a sus colegas de la antigüedad. «Lograron grandes hazañas con muy poco. No tenían radares, ni brújulas ni GPS. Se lanzaron al mar con balsas y usaron la naturaleza como aliada. Sus actos demuestran que la curiosidad es un impulso muy fuerte en el ser humano. Les tengo un gran aprecio».

ATANDO CABOS es el título del libro que escribe y publicará algún día. El nombre se debe a las sogas náuticas, pero también a la serie de coincidencias que Alec ha vivido desde la revelación que tuvo en la biblioteca hawaiana. «Hace cinco años, durante una visita a un tío uruguayo, vi un libro con un nombre que, obviamente, me llamó la atención: IORONA TAHITI. ¿Y qué crees? Hablaba sobre los vínculos entre América y la Polinesia. Me dijeron que era de mi abuelo y me permitieron llevármelo. He atado cabos todo este tiempo».
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