Yvan Rodic

Un coolhunter suizo muy duro de cazar

Escribe: Adriana Seminario / Foto: César Campos
Es el hombre detrás de Face Hunter, uno de los blogs de street style más famosos del mundo. Yvan Rodic es comunicador y fotógrafo de profesión, pero cazador de tendencias por naturaleza. Desde Armenia hasta París, su curiosidad por descubrir los looks de la calle lo ha convertido en un explorador cultural con un blog de más de medio millón de visitas mensuales. Una bloguer de moda lo acompañó durante su primera visita a Perú. Para el suizo, las calles son un escaparate en movimiento, una pasarela inadvertida. Lima es una de ellas. ¿Cómo se caza a un coolhunter inquieto?
yvan

Todo empezó hace siete años, cuando le regalaron una cámara de fotos. Yvan Rodic tenía veinticinco. Acababa de graduarse de la universidad y redactaba anuncios para Leo Burnett y Saatchi & Saatchi en Bruselas, París y Ginebra. Sin embargo, a Rodic siempre le fascinó la moda. Vivía en Suiza, pero cuando se mudó a París, empezó a asistir a desfiles de moda y a conocer gente de ese círculo que lo inspiraba. Luego de un año de salir a las calles siempre con su cámara en el hombro y capturar los looks que le gustaban, comenzó a publicar esas fotos en su blog. Ser bloguer, entonces, no era una profesión. Lo hacía por diversión. Solo quería capturar lo que, a decir de él, «la gente del mundo quiere expresar a través de lo que lleva puesto».

Hoy, Yván Rodic es un tipo que no pasa mucho tiempo en un mismo lugar. En 2011 no estuvo más de diez días en un solo sitio. Amsterdam, Estambul, San Petersburgo, Reyjkyavik, Cancún y Londres son algunas de las ciudades que ha visitado. Y fue gracias a esa diversidad cultural y de estilos que captura, que su blog, Face Hunter, es un éxito internacional: Yvan Rodic fue nombrado por la revista Elle como el bloguer de moda más importante del mundo. Esta es su primera vez en Perú. Y esta noche seré una de sus guías.

Face Hunter en Ayahuasca

He llegado temprano a Ayahuasca, un conocido bar de Barranco, el distrito donde ocurre gran parte de la movida cultural en Lima. Romina Maruyama, del blog Monita de Seda, nos avisó para tomarnos unas copas con Yvan. La mesa está reservada, pero nadie ha llegado. Una amiga diseñadora me acompaña y salimos a fumar un cigarro en la terraza mientras esperamos. Entonces, llega Yvan. Lleva puesto un blazer azul marino, camisa ligeramente abierta con un estampado de puntos, pantalones blancos de corte recto y unos zapatos acharolados en verde botella. Nada extravagante, todo lo contrario. Bastante impecable, bastante suizo. Del hombro derecho cuelga su cámara, una Fujifilm x10. En lugar de la típica correa negra de cámara, lleva un cinto hermoso de cuero trenzado con cadenas doradas que compró en México. No guarda la cámara por un instante. Nunca sabe cuándo podría necesitarla.

Yvan Rodic pide un mojito, trago apto para todas las nacionalidades. Me pregunta si voy a tomar un pisco sour. Dice, o intenta decir en castellano, que está emocionado por la comida peruana. Su español es tan bueno como mi ruso. No tarda en excusarse con una leve sonrisa y se dispone a contar en inglés el porqué eligió Perú de entre todos los destinos de Latinoamérica. Al parecer, probó comida peruana en Londres y le quedó en el paladar una curiosidad por conocer ese país tan delicioso. Como ese plato que te encanta, pero no sabes cuál es el ingrediente que lleva, Yvan Rodic llegó a Perú para descubrirlo.

Somos diez en la mesa. Nueve chicas devotas de la moda y el bloguer de streetstyle más solicitado del momento. Yvan nos muestra su Instagram lleno de fotos del Centro de Lima. Estuvo paseando por allí el día del aniversario de la ciudad. Además de iglesias, ha capturado a una guapa chica venezolana con el Cerro San Cristóbal de fondo. Al suizo le fascina caminar.

Pero esta noche Yvan Rodic quiere bailar. Sus conocimientos de salsa son mínimos, pero parece no importarle. Salimos del bar y nos dirigimos a un local clásico de la juerga criolla, la peña Del Carajo. En la fila, Yvan Rodic enciende su cámara, siempre al hombro derecho, y empieza a fotografiar algunas de las chicas que nos acompañan. Es curioso cómo este suizo hiperactivo, soltero y sin hijos, logra mantener su camisa y saco sin arrugas a pesar de todo lo que debe agacharse para fotografiar mujeres peruanas, en su mayoría de baja estatura. Yvan Rodic debe medir un poco más de metro ochenta, lo cual puede resultar un poco complicado para un fotógrafo como él. Para tomar fotos de gente en Lima, Yvan debe inclinarse hasta casi la mitad de su altura.

En la calle, la cadena dorada de su cámara brilla bajo la luz de un farol. Los vendedores de chicles, cigarrillos y caramelos observan con curiosidad a Yvan y se ríen. El suizo les devuelve la sonrisa y le pide a la bloguer de Fashion in da Hat que se coloque frente al muro gris, al lado de la puerta del local. Es ahí, dice Yvan, donde cae una luz impecable, de estudio. Los cazadores de estilo son obsesivos hasta el detalle para lograr una toma impecable. La luz, siempre es la luz.
La chica de la falda naranja

Al día siguiente de nuestra salida a Ayahuasca, recogimos a Yvan Rodic luego de su almuerzo en Amaz, un conocido restaurante de comida gourmet amazónica en Miraflores. A pesar del calor imposible, Yvan luce fresco en una camisa de mosaicos, pantalones beige con dobladillo, medias houndstooth [estampado pata de gallo] azules y sus repetidos botines verde botella Opening Ceremony. Rodic almorzó un paiche frito y tacacho con cecina. Al fin, dice, ha probado los sabores de las tres regiones del Perú –costa, sierra y selva–, en menos de cinco días.

Nos dirigimos al Puente de los Suspiros, en Barranco. Pero unas calles antes de llegar, cambiamos de plan y decidimos ir hasta el malecón a pie. A Yvan, decíamos, le fascina caminar.

Quiero hacerle unos retratos. Simples, básicos. Pero es imposible: el tipo no deja de moverse. Yvan Rodic debe tener algún radar de estilo interno que le hace ir de un lado para otro, buscando el mejor ángulo para cada toma. No hace fotos para una editorial de moda. Es streetstyle puro y duro. No se fija en si sus modelos son altos, flacos, gordos. Si tienen una cara de portada de revista o si son de un estrato social determinado. Para él, la diversidad es lo más importante.

Se nos acercan dos chicas que caminan por el parque. Yvan Rodic voltea de inmediato. Una de ellas lleva una falda naranja intenso y una cabellera castaña, rizada y espesa hasta la cintura. Rápidamente, me pide que les diga que quiere tomarles una foto. «¡Hola! ¿Qué tal? Disculpa, mi amigo quiere tomarte una foto para un blog de moda. Es al toque, ¿está bien?». La chica mira a su amiga, al lado, y ambas ríen nerviosamente. Yvan le pide que se coloque a unos pasos, siempre pendiente de la luz. Que camine, que sonría. Unos pasos más atrás, un poco a la izquierda. «Una últimah fouto, por favour», dice. Le pregunta su nombre, pero lo olvida a los minutos. Yo tampoco lo recuerdo. Esperamos que la chica no se haya ido lejos.

Yvan Rodic es un suizo ávido de capturar cada segundo de Lima. Va de un lado para otro, cruzando la pista sin mirar y agachándose a la mitad de su altura para fotografiar a una chica sentada en el malecón con su novio. Hago de traductora nuevamente y le explico que el extranjero que está detrás mío tiene un blog de moda y quiere hacerle una foto. Ella ríe. «¿Qué, pero así? ¿Con esta ropa? ¡Pero no me veo bien!». Yvan suelta un cómico «houla» al tiempo que sonríe. Rompe la tensión y dispara su cámara.

Mientras nos acercamos al Puente de los Suspiros, le pregunto sobre sus constantes viajes. Quiero decir: estar en cuatro países distintos en un mes no debe resultar precisamente barato. Él pone una figura bastante sencilla: «¿Te parece caro tomar el bus todos los días para ir a trabajar?». Bueno, eso es tomar un vuelo para él. Muchos de sus viajes son auspiciados por marcas. Desde Islandia hasta Australia, sus servicios de fotógrafo son requeridos en distintas partes del planeta, y las marcas costean hasta el último detalle. No en vano realizó con Esprit una serie de vídeos para el proyecto I Love mi City. En ellos, Rodic aterrizó en Nueva York, Paris, Amsterdam y Hong Kong a mediados de 2012 para conocer la ciudad a través de los ojos de una It Girl local. Pasear por el Sena junto a Margaux Lonnenberg y tirar a la piscina de la terraza de un edificio en Manhattan a Christina Caradona, todas son cosas que ya tienen check en su lista. Venir a Perú era una de las que le faltaba.

Encontramos a la chica de falda naranja luego de tomar la última foto. Estaba comprando artesanías debajo del Puente de los Suspiros. Su falda resulta inconfundible. «¿Cómo se dice “cómo te llamas?”», me pregunta Yvan, sobre qué decirle a la chica. Entonces, el suizo sube las escaleras de dos en dos y se acerca a ella. Adivino la conversación y escucho un tenue: «Me llamo Luciana».

La chica de la falda naranja quizá no tenga idea de que su foto será vista por miles de personas en la web.

coolhunter

La calle es una pasarela

Yvan Rodic acaba de regresar de Cusco. Estuvo en la ciudad imperial por 48 horas exactas, y sintió los estragos del soroche en los cinco primeros escalones del Sacsayhuamán. «Incas were absolutely insane», fue su comentario en Instagram luego de subir los andenes y conocer Machu Picchu. Entre sus fotos están las clásicas tomas de Aguas Calientes y las de una llama que lo ignora completamente.

Esta noche Rodic dará una charla de Face Hunter en una escuela de modas, su última aparición antes de partir a Londres, Estocolmo y Copenhague, hasta donde tiene agendado. En la charla hay más de doscientas personas. Yvan Rodic lleva puestos los zapatos verde botella de Opening Ceremony y solo pienso en la casualidad que los use para esta ceremonia de iniciación al mundo del streetstyle y las posibilidades de vivir de la moda. De que te puedas ganar la vida con un blog de moda.

Mientras Yvan Rodic habla –y lo traducen– todos parecen hipnotizados frente a las fotografías de una japonesa grunge usando Burberry en Tokyo, tribus urbanas siendo el epicentro de nuevas tendencias y los vídeos de colaboración de Face Hunter con Giorgio Armani, Esprit y Volvo. Las marcas quieren ser cool. Todos quieren estar en la moda o al menos tener un pie en ella.

Cuando Yvan termina, algunas manos tímidas se alzan para pedir el micrófono y hacer preguntas. El suizo espera la traducción con el mismo gesto paciente con el que se traduce su respuesta al público. Me doy cuenta de que es mi oportunidad para hacerle una pregunta que no le hice en todos estos días que estuve persiguiéndolo. Pido el micrófono y disparo:
Yvan, ¿qué hace que quieras fotografiar a una persona? ¿Es el color de su ropa, su cabello, que lleve algo de moda? ¿Qué tenía la chica de falda naranja en Barranco que llamó tu atención?

El coolhunter recuerda muy bien ese día y se ríe.

Su respuesta parece simple, pero no lo es.
—No busco algo súper fashion —explica Rodic—. A veces es algo interno en las personas, su actitud y la naturalidad con la que lleven puesta la ropa. La chica de falda naranja tenía un aire bohemio, fresco. Eso llamó mi atención.

Sus botines verde botella lucen inmaculados, como nuevos. No me explico cómo, luego de trepar Machu Picchu, caminar por el Centro de Lima, Barranco, Chorrillos y básicamente todos los lugares posibles para ensuciarse los zapatos.
—Me gusta el hecho de que la gente no entienda muy bien por qué les tomo fotos. En Europa, la cultura de blogs ya es grande y todos saben qué es una foto de streetstyle para un blog de moda. Aquí no, pero es mejor. En Lima son más naturales.

Muchos se acercan a Yvan para tomarse fotos con él, entregarle la tarjeta de su blog o simplemente esperar que vea algo en ellos y les tome una foto. Yvan Rodic no decepciona. Su Fujifilm x10 es una extensión de su cuerpo y captura el estilo de algunos asistentes antes de partir a su fiesta de despedida en un bar de Miraflores: todo está listo para su vuelo de regreso a Londres. Pero la verdadera despedida la hace al día siguiente. Por la mañana, puso esto en su muro de Facebook: «La he pasado increíble. ¡Hasta luego, Lima! ¡Te Amo, Perú!».

Imagino lo gracioso que debe ser escucharlo decir aquello en español.