Una casa abandonada como refugio de la carne

Escribe: Rodrigo Alomía / Fotos: Sebastián Incio
Un pedazo de historia barranquina se ha fusionado con la propuesta de servir las mejores carnes y parrillas. Nació en octubre pasado y se llama La Cuadra de Salvador, un restaurante de aroma contemporáneo por su propuesta culinaria, pero tradicional por el lugar que lo alberga.
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La chef Titi Conroy suelta una carcajada al mirar la foto que le acaban de tomar. En la foto se le ve muy seria, sin sonrisas, dice Titi. Su restaurante, La Cuadra de Salvador, transmite una sensación más cálida y tradicional, como si fuera tu propia casa. «A ver, probemos con otra pose», dice, y vuelve a posar frente al lente. A su lado, Rafael Ocampo la acompaña. La chef y el gerente ahora sonríen relajados. De fondo la fachada de la casa con sus ventanales grandes y marcos de madera, las paredes de ladrillo en textura rústica y el tejado a dos aguas lucen como de un siglo pasado. ¡Clic! Esta foto les gusta más. Resulta más amigable, como el espíritu del restaurante.

La tradición y calidez de la que habla Titi nace de la arquitectura de la casa, que, más que rendir culto a Barranco, el distrito emblema de la bohemia limeña, puede ser un ícono en sí misma. Una casona histórica que perteneció a Manuel Montero Bernales, alcalde del distrito en los cuarenta. La casa estuvo abandonada durante medio siglo, hasta que el proyecto Casa Cor Perú, una iniciativa que repara edificios emblemáticos alrededor de Lima, devolvió la vida a la casa Montero Bernales en el 2010. Para Titi y Rafael esta casona da un significado al restaurante que va más allá de la comida. «Aquí puedes comer en la barra o en la terraza, si quieres vienes vestido en short o camisa. El objetivo es que te sientas como en casa comiendo en un espacio bonito y descansando de la ciudad», menciona Titi, mientras sostiene la carta del restaurante.

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Titi Conroy estudió hotelería, pero la cocina fue la pasión a la que se dedicó por muchos años. Trabajó haciendo asesoramientos y cartas para conocidos restaurantes de Lima. Rafael Ocampo, empresario, sin experiencia en restaurantes pero con la visión de crear un lugar en el que los comensales pudieran probar cualquiera de las diferentes opciones de carne –todas americanas de res Angus, considerada entre las mejores del mundo– que el cliente puede pedir: asado con hueso, bife angosto, bife ancho o asado de tira sin hueso, entre otros. El toque nacional lo completan las guarniciones, como el rissoto de quinua o papitas nativas, y platos como un lomo saltado, una sabanita a lo pobre con tacu tacu, o unos langostinos crocantes cubiertos de quinua en miel de maracuyá, en un ambiente relajado y en el que siempre se sentirá bienvenido. Así, uno puede saborear comida e historia en un solo lugar. Y como se lee en una de las pizarras del decorado de la barra: «Por más estrecha que sea la cuadra siempre hay un espacio para ti».