Una aldea argentina que espera el fin del mundo

¿Qué espera alguien que piensa que todo se va a acabar?

Escribe desde Córdoba: Sol Aliverti // Foto: Diego Lima

Charbonier es un pueblo al norte de Córdoba, en Argentina. Allí, la tierra es dura, los árboles son cortos y la sombra es algo que se sueña. Allí, unos tres kilómetros adentro, camino a otro pueblo llamado San Marcos Sierras, viven trece personas, nueve perros, y una gata: es pequeña, gris y está preñada. El lugar es una aldea maya donde rige otro tiempo. Se llama Magos de Tollán. Tollán es algo así como la tierra prometida. Para unirse basta con encontrar ese portón al costado del camino de tierra. Para permanecer es necesario cumplir tres reglas: no fumar, no tomar alcohol, no comer carne. Si la entrada a la tierra del tiempo galáctico tiene reglas, serán esas y no otras.

En la aldea hay tres casas de adobe. De una de ellas sale Betty, o esa mujer de 77 años de pelo largo y blanquísimo que no se sorprende de vernos llegar. Nos indica por dónde es que está el resto de los aldeanos. «Que esperen ahí», ordena una voz desde adentro. Ahí es una construcción de adobe hexagonal que funciona como cocina y recepción. Un espacio común donde hay banderas de la paz colgando, budas meditando, tarros con maní, cocina a leña, calendarios mayas en las paredes, frazadas apiladas en el suelo, zanahorias, remolachas y verdura sobre la mesa. Y moscas. Y alguno de los nueve perros. Y más moscas.

De la habitación contigua sale Claudio, un niño de ocho años que pregunta por tu sello, es decir, el signo con el cual nacemos según el calendario maya y por el cual tenemos una misión, una energía particular. Mili, su hermana de cinco años, nos mira en silencio. Del comedor preguntan la fecha de nacimiento. Sale Rodolfo, uno de los fundadores de la aldea y padre de los dos. Busca una brújula maya –un disco con tres circunferencias que se giran y se interponen–, pone una esfera para allá, otra para acá, mide, calcula y dice: Sos Caminante del Cielo Rojo Galáctico. Los magos de Tollán se llaman por sus nombres mayas. Saber cuál es el sello que te caracteriza es tan vital en este lugar como lo es para un cirujano saber el tipo y factor de sangre.