UN MITO QUE SABE A ACTUALIDAD

Por Gabriela Ramos / Fotos de Ximena Vidaurre
Hace 110 años, en una calle aledaña a Palacio de Gobierno, Virgilio Boitano, Luis y Antonio Cordano inauguraron Saloon América, el restaurante que más de un siglo después se convertiría en El Cordano, un emblema de la Lima bohemia.

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Atravesar las puertas de madera añeja del Cordano es casi como cruzar un umbral del tiempo. Al entrar, te reciben losetas de tonos grises y guindas desteñidas, mesas de mármol y sillas de madera distribuidas a lo largo de los tres salones que componen este bar que abrió sus puertas en 1905. Las paredes, descascaradas por algunas zonas, están inundadas de marcos y cuadros que dan a entrever su legado histórico: retratos de personajes ilustres, peruanos y extranjeros, que ayudaron a forjar un mito en el centro histórico de nuestra ciudad.

Del Cordano se han dicho ya muchas cosas. Solía ser la parada imprescindible de cuanto bohemio y revolucionario pasara por la ciudad. De hecho, hay una leyenda que sitúa al Che Guevara en una mesa arrinconada del primer salón, aunque no hay registros fotográficos que confirmen su presencia. Incluso se dice que un jefe de la antigua estación ferroviaria murió instantáneamente de un paro cardiaco al celebrar su cumpleaños en el bar.
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Pero este sitio emblemático no vive solo de leyendas. En 1979 los trabajadores del lugar adquirieron el local de manos de la familia Cordano, y desde esa fecha no han dejado de laborar al máximo cada día para mantener la calidad de los primeros años y, sobre todo, la tradición que inunda cada ambiente del lugar. Luis Alberto Granado, subgerente y uno de los ocho socios del lugar, destaca que este aspecto es el que mantiene la esencia y mística del Cordano. «Nosotros tratamos de mantener lo que siempre estuvo en la historia. El mundo está evolucionando y hay mucha modernidad, pero la gente viene aquí por los toques de antigüedad. Es lo que tratamos de preservar».

Hoy por hoy, el turismo es uno de los pilares que sostiene al Cordano, así como la afluencia del público nacional que vuelve a buscar la tradición en este lugar con reminiscencias de antaño. Aquí no hay lugar para la experimentación gourmet; aquí se respetan las recetas que han sido preservadas a lo largo de 110 años. «Al Cordano han venido muchos chicos de institutos y academias queriendo implementar ideas acordes al llamado boom gastronómico. Quieren medir las recetas a través de gramos, pero la teoría no sobrepasa a la práctica. Nosotros improvisamos con el cálculo, pero llevamos años haciéndolo mucho tiempo y ya sabemos la mezcla que dará un buen resultado», apunta Luis Alberto.

Esa es su apuesta y sin duda les ha funcionado. Hoy por hoy, aun cuando muchos negocios situados a su alrededor han fracasado, el Cordano se mantiene en pie, e incluso hay planes de internacionalizarlo. «La patente ya la tenemos, así que todo es cuestión de esforzarse», añade Luis Alberto. Mientras tanto, el bar seguirá con las puertas abiertas para quien quiera rodearse de historia y dejarse envolver por la bohemia.