Un coleccionista de Fútbol que extraña patear un balón

Escribe: César Ochoa / Foto: César Campos
Una lesión lo alejó del balompié profesional, pero esa pasión frustrada se juntó con su afán coleccionista. Hoy Jack Hurtado, a sus veintiún años, cuenta con más de 350 álbumes de fútbol de veinte países. Tiene tantos que ya no caben en su casa, por lo que ha planeado aumentar su colección para fundar su propio museo

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Jack Hurtado era un muchacho que jugaba en las ligas menores de Sporting Cristal. Era un hábil mediocampista acostumbrado a anotar goles. Un día, en el campo de entrenamiento de La Florida, en el Rímac, un infortunado suceso cambió su vida. Antes de que pudiera patear una pase que venía hacia a él, un jugador contrario le propinó una pisada brutal que casi le fractura tres dedos del pie derecho. Pitazo del árbitro. Falta criminal. Jack salió de la cancha cargado por sus compañeros. Al llegar a su casa, lloró de impotencia.

Él intentó volver a jugar al ritmo de siempre pero nada era igual. El fútbol profesional, el deporte de todas sus pasiones, se despidió de él a los doce años a raíz de aquella lesión. Pero lejos de ser la historia de un crack que pudo ser y no fue, fue el comienzo de una afición que ya venía desde hacía tiempo. Jack vivía afanado en coleccionar cards de súperhéroes, chipitaps de series animadas y los muñequitos que venían con las golosinas, Todo lo que un niño podía coleccionar, él lo tenía. Pero hasta ese entonces nunca había completado una colección. El año 2004 todo cambió. Logró llenar el álbum de la Copa América que organizó Perú. Cuando la vio así, con todas sus figuritas, sintió como si hubiera marcado el mejor gol de su vida.

Lo que se propuso entonces parecía irrealizable: conseguir la mayor cantidad de álbumes completos posibles sin importar el país o el año. Hoy, a sus veintiún años, tiene una colección de más de 350 álbumes completos provenientes de veinte países.

Dos años después de iniciar su recopilación, Jack comenzó a contactarse por Internet con coleccionistas de otros lugares del mundo. Allí se enteró de que lo que aquí es una afición de pocos, en países como Italia, Uruguay o España es una fiebre que crece cada año. Él supo entonces que era un mundo donde las colecciones particulares se alimentaban de intercambios vía correo postal y donde la confianza del uno con el otro era la única garantía de que la transacción sería mutua. Jack perfeccionó su inglés y hasta aprendió portugués con tal de lograr más intercambios. A la fecha ha realizado más de doscientos y solo una vez le fallaron.

Hay un mar de álbumes en su casa. Está el rarísimo Ídolos del fútbol peruano de 1969, donde se ve al equipo nacional que hizo vibrar a todos en el Mundial de México 70, pero además contiene a todos los clubs de primera y segunda división, incluso los equipos interescolares. Hay álbumes de todos los mundiales de fútbol, trading cards de la Liga Española de varias temporadas, con más 1.200 figuritas cada uno. Jack ha llegado a intercambiar álbumes con Gianni Bellini, un coleccionista italiano, considerado el más importante del mundo por sus casi 1.500 álbumes. Jack sueña con viajar a Módena, sede de Panini, la editorial de figuritas más grande del mundo.

Hoy este coleccionistas comparte su vida de estudiante de periodismo con sus viajes a países de Sudamérica, donde asiste a conferencias, visita museos de fútbol y conoce a otros cómo él. Está entusiasmado con su proyecto personal, el Museo Coleccionables de Fútbol, el primero de su clase en Perú. Por ahora es una página de Facebook con fotos su colección y sus actividades, como exposiciones públicas y maratones de intercambio de figuritas. Jack sueña con que pronto sea uno convencional, donde la gente pueda apreciar sus ejemplares.

Hace un tiempo, el editor de un diario popular deportivo, conocido con el apodo de El cazador, por arrasar colecciones de otros a cambio de jugosas cantidades de dinero, le quiso comprar parte de la suya. Pero no tuvo tiempo siquiera de soltarte una cifra. «No señor, lo siento –le dijo–. Mi colección no se vende».