Surf Art

La nueva ola del arte

Escribe Cesar Ochoa / Fotos: Cesar Campos
Recorre miles de kilómetros antes de estrellarse contra la orilla. Toda ola es un espectáculo irrepetible. En el preciso instante en que muere, el hombre suele surcarla sobre una tabla como una forma de rendirle pleitesía. Un grupo de artistas ha plasmado sus sueños e ilusiones en obras de arte inspiradas en ese juego de equilibrio y adrenalina.

El mar nunca dejará de fascinarnos. En los 3 mil kilómetros de costa que posee el Perú, cientos de olas revientan cada día, después de obedecer a las órdenes del viento. No existen dos olas iguales, todas son expresiones únicas de energía y cada playa es un escenario donde la fuerza del océano es un espectáculo constante. En un litoral como el nuestro, donde rompe la ola más larga del mundo y donde la más grande registrada llegó a tener quince metros de altura, los hombres han aprendido a dominarlas desde tiempos inmemoriales en ese preciso instante, cuando mueren, que es la única oportunidad en que pueden ser surcadas por el hombre.

Mucha agua ha corrido desde los mochicas, quienes confeccionaron los caballitos de totora para hacerse a la mar, hasta Sofía Mulanovich, quien en 2004 se coronó campeona mundial de surf.. La llamada cultura surf está alcanzando una popularidad nunca antes vista. Se habla de surf, se hacen concursos internacionales, se confecciona ropa rider inspirada en las culturas ancestrales, los tablistas alcanzan el estatus de rockstar de las playas y, por supuesto, se hace arte inspirado en el mar.

En la Galería Delbarrio, en Chorrillos, un distrito de tablistas, se presenta por segundo año consecutivo la exposición colectiva SURF ART PERÚ, donde más de treinta artistas –entre escultores, pintores, fotógrafos, dibujantes y grabadores– muestran lo mejor de su trabajo inspirado en el mar. Este grupo de talentos no solo busca cautivar, sino también enviar un mensaje a la conciencia de todos: para no acordarse del mar solo en verano, para no contaminarlo, para no depredarlo. «El océano es nuestro». Ese es el lema de la exposición, perfecto para una ciudad de 8.5 millones de habitantes que creció al lado del Pacífico. Jaime Gassner, Mariana de Vivanco, Andrea Zegarra Ballón y José Carlos Vargas nos muestran su trabajo en la playa, como quien regresa a las raíces de su inspiración.

Una imagen frívola

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Jaime Gassner, fotógrafo, tablista y director creativo de la Galería Delbarrio, buscó en archivos digitales hasta toparse con una imagen cautivadora. Era el fotograma de una película de Elvis Presley donde se aprecia un mundo de frivolidad costera. La obra se titula The King’s tend. «Algunos van a la playa y no se bañan en el mar: van con tacos, maquillados y peinados, como tratando de trasladar su vida superficial de la ciudad hasta el borde del océano», dice. La imagen de Elvis refleja esa actitud. Gassner intervino la imagen resaltando el taco de una de las chicas con un amarillo intenso. El objetivo: traer esa imagen a la actualidad, decir que hay personas que van a las playas del sur de Lima con ese aire superficial, cuando debería ser lo contrario. Esto es el resultado de sus últimas producciones centradas en la búsqueda y el descubrimiento, pues ha vuelto su mirada a fotografías y películas antiguas. «En otros lados, la playa sería el lugar más aprovechado, pero aquí le damos la espalda», explica. el artista.
El tablista ensimismado

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La pintura de Mariana de Vivanco no tiene nombre. Se trata de un juego de reflejos de un tablista que está en la orilla del mar, adentrándose en ella para correr tabla. «Trato de reflejar el ensimismamiento humano», dice. En su trabajo los espacios son surreales y mágicos. El paisaje siempre refleja el estado emocional del personaje. La imagen muestra un atardecer fresco en el que un personaje solitario se conecta con la naturaleza. Es un acrílico sobre papel canvas. Un juego cromático que transita entre el dibujo y la pintura. El vidrio es un intermedio entre la obra y el espectador que le confiere un aire de elegancia y misterio. «En el fondo es un reflejo de mí misma», subraya la artista, quien suele pintar en base a imágenes que saca de sus sueños. Para ella, cuando una obra refleja un estado emocional se genera una conexión directa con el espectador. Una emoción plasmada en un cuadro es capaz de conmover.