Solo para independientes

Por María Alejandra López/ Fotos de Augusto Escribens y Oliver Lecca
Nuevos y dinámicos espacios se consolidan como un segundo hogar que atiende las necesidades de los trabajadores independientes. Los centros de coworking son tan diversos como las historias que conviven en sus paredes.

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«Es como ir al gimnasio. Si vas solo un día, al siguiente te dolerá el cuerpo, pero si vas un mes entero verás los beneficios». Con este eslogan promocional, Nodo, el primer espacio de coworking en la ciudad más poblada del estado de Yucatán [México], invitó a los trabajadores independientes a probar sus nuevas instalaciones: ante la abundancia de freelancers era necesaria una solución creativa.

¿Qué es el coworking? Si bien el término es popular en Estados Unidos y Europa desde inicios de este siglo [solo en España hay más de quinientos locales destinados a este propósito], en nuestro país esta alternativa aún es incipiente, pero ya se muestra idónea para aquellos que trabajan desde casa y buscan un espacio más profesional [y menos solitario] a modo de ‘oficina’ o centro de operaciones. La estructura es simple: se paga por horas o paquetes, y a cambio se obtiene un entorno de colaboración y convivencia. Pero la ventaja principal de compartir una oficina no solo se traduce en abaratar los costos de mantenerla, sino también en la oportunidad de retroalimentar ideas con otros profesionales.
LA COMUNIDAD
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En un centro de coworking pueden ocurrir sucesos inesperados. Por ejemplo, en Comunal, en Barranco, la comunicadora Daniela Nicholson se reencontró con un amigo a su regreso de Barcelona, y hoy ambos son socios en la empresa de branding Sed. «En este lugar he conseguido clientes, socios, proveedores, colaboradores y también amigos», dice Daniela. Y el networking que se puede hacer en un espacio comunitario de trabajo también es beneficioso para su flujo. Prueba de ello es la propuesta que un coworker hizo a Daniela: «¿Quieres ser mi diseñadora?», le preguntó, y a los pocos días que ella necesitaba una contadora, la encontró en la mesa de al lado. «Esto solo sucede en un sitio así», añade.

En los ambientes de Comunal también se encuentra Isabel Medem, una emprendedora social que no se siente cómoda cuando la llaman ‘innovadora’ [ella es empresaria], a pesar de que hace unas semanas la revista MIT TECHNOLOGY REVIEW, una de las más prestigiosas en su rubro, premió a su empresa X-Runner como la más innovadora del año [su iniciativa busca proveer de agua a los asentamientos humanos de la ciudad como una opción de saneamiento accesible].

La empresa de Isabel es sufragada en parte por fundaciones europeas –«inversionistas ángeles», según sus propias palabras–, pero no representa un negocio lucrativo en sí. De esta manera, este tipo de ‘oficinas’ alternativas se convierte en una opción accesible para personas que, como ella, no cuentan con suficientes fondos para rentar espacios en edificios corporativos.

Isabel, como Daniela, vivió una época en el extranjero; en su caso, en Berlín, donde encontraba centros de coworking en varios distritos. Lo mismo ocurrió a Carlos Zuzunaga, director de Comunal junto con sus amigos Ernesto de Olazaval y Thait Chang-Say, que concibió el espacio mientras estudiaba una maestría en Nueva York. «Cada vez que alguien me citaba era en un centro de coworking», recuerda. Por eso ni bien regresó a Lima el año pasado, encontró un sitio propicio para montar su iniciativa en Barranco y se enrumbó en el proyecto, y para 2016 los tres socios ya planean abrir locales en Miraflores y San Isidro. Hay Comunal para rato.

INSPIRACIÓN PARA RESIDENTES
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«Ser bloguero es ser independiente», afirma Adriana Seminario, creadora del blog de moda The Androgyny, que cuenta con más de cincuenta mil seguidores. El trabajo de Adriana es solitario. «Siempre he trabajado en mi casa o en Starbucks», confiesa desde una de las mesas de Residencia, donde ahora redacta sus exitosos posts. «Faltaba un espacio en el que pudieras sentarte a conversar sobre tus ideas sin esperar que te botaran», añade sobre el nuevo centro de coworking creado por Daniel Olivares y Giancarlo Gomero, donde la bloguera ya ha tenido un par de reuniones laborales.

Para Héctor Arévalo, especialista en programación web y proyectos tecnológicos, lo más enriquecedor de Residencia es el diseño de la casa miraflorina en la que se ubica, donde «hay una obra de arte en cada pared, amplios espacios para conversar, un tobogán que conecta todos los pisos, una sala para siestas… e incluso una cafetería con happy hour. Definitivamente es más divertido que trabajar en casa», comenta.

El proyecto que Héctor desarrolla desde Residencia se llama Cluber y consiste en una aplicación de descuentos en diversos servicios creada exclusivamente para jóvenes universitarios. «Aquí vienen a trabajar muchos publicistas… Si quiero difundir la aplicación, voy a necesitarlos», dice el programador mientras sonríe.

El tiempo en que las grandes empresas monopolizaban a los grandes clientes va quedando atrás. «Ahora los trabajadores independientes marcan la diferencia», apunta Daniel Olivares. De momento ya tienen dónde desarrollar sus ideas.