¿Sientes lo que escuchas?

Por Jesús Cuzcano / Fotos de Ximena Vidaurre
«Te compro a tu novia» y «Agárrala, pégale, azótala» son solo algunas de las estrofas ofensivas que las mujeres tienen que soportar. Según encuesta colombiana, ocho de cada diez mujeres que escuchan reguetón [uno de los géneros más ofensivos] se sienten maltratadas por sus letras. ¿Qué significa ser víctima del acoso musical? Tres compositoras peruanas responden.
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El 18 de febrero, la página de la revista de publicidad Mercado Negro, hizo mención de la campaña USA LA RAZÓN, iniciada a mediados del año pasado por tres fotógrafos colombianos. Como principal iniciativa, mostraban su disconformidad por los contenidos insultantes de las letras en las canciones de reguetón, denunciando con imágenes crudas la intensa violencia que se transmite a través de un elemento tan cotidiano como la música.

Si se toma en cuenta la cantidad de veces al día que se está en contacto con una canción así de agresiva [sea el género que sea] es inevitable no formularse la siguiente pregunta, ¿son los mensajes de las canciones que escuchamos tan potentes como para influir en nuestra sociedad? ¿Alguna vez nos hemos preguntado qué podría pasar por la mente de un niño cuando escucha la estrofa «te compro a tu novia… [porque] no habla con la vecina, ni sale a la esquina»?

«La música –opina Giovanna Núñez, también conocida como La Lá- es el mejor medio en el que se diluyen las propuestas para el colectivo». Para Danitse, cantautora, «es una suerte de reflejo de lo que es la sociedad». Y para la dj Maya Márquez, más bien, «se trata del lado más instintivo de la vida».

Se escuchan en todos lados: en el transporte público, en las discotecas y los bares. La música forma parte importante de la vida y no debería causar sorpresa que sea un claro reflejo de lo que son las personas. Resulta casi imposible negarlo, pero también reproduce el sonido de las creencias en la calle. Cómo pasar inadvertido a Pitbull, aquel cantante que se autoproclama Mr. Wolrdwide, que ha puesto de moda esta lamentable y faltosa estrofa: «Ella me lo paró… el taxi». Quizá, una de las canciones más coreadas por las adolescentes este verano.

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¿Qué pasa cuando estas canciones se sitúan en una sociedad machista? «Es como entrar a un coto de caza -opina La Lá-. Siempre hay un asedio. Y, por ello, como mujer, tu manera de caminar se vuelve más tiesa, no sonríes, te contienes, te reprimes, te ‘neurotizas’». Por su parte, Danitse, opina que se trata de un ejercicio al que las mujeres le hacen frente sabiendo que ya se encuentran un poco expuestas.

«Hay trivialización, banalización y cosificación de la mujer», dice La Lá. Pero, sobre todo -opina Danitse-, «hay un problema transversal que hace que aquellas letras agresivas calen en la sociedad».

En 1978 el diccionario de sociología George y Achilles Theodorson, plantea al ‘feminismo’ como un movimiento social que busca el logro de ciertos derechos y libertades para las mujeres, así como la búsqueda de su igualdad frente a los hombres. Poco se logró. Veintiocho años después, el Atrevete-te-te y su estrofa «súbete la minifalda hasta la espalda, súbetela, deja el show, más alta…», volvería a Calle 13 uno de los mejores grupos de los Premios Grammy Latinos en 2006: Mejor artista nuevo, Mejor álbum de música urbana y Mejor video de canción corta.

Tanto La Lá como Danitse, creen que debe existir responsabilidad por parte de los compositores al momento de elaborar sus piezas. «Creo que el músico tiene la misión de reparar en algún tema -opina Danitse-. Hay una gran responsabilidad, porque hay gente que te va a oír y va a acatar tu mensaje».

La música se escucha en todos lados: en el transporte público, en las discotecas y los bares; forma parte importante de la vida y no debería causar sorpresa que sea un claro reflejo de lo que son las personas.

Por otro lado, Maya considera que existe libertad tanto al encender la radio como al momento de decidir qué es lo que se va a escuchar.

Una de las palabras sobre las que se hace énfasis es la siguiente: Libertad, para escuchar lo que a cada quién le parezca, pero también para poder salir a la calle sin el temor de ser víctima de algún acoso. ¿Se necesita un cambio en la música o un cambio en la sociedad? Quizá, solo sea necesario comenzar a sentir lo que estamos escuchando.

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