Roles de carne y hueso

Por Rodrigo Alomía / Retratos de Oliver Lecca
Este 22 de febrero se celebra otra edición más de los premios Óscar en el Dolby Theatre de Los Ángeles, y muchos se preguntan qué largometraje se alzará con la estatuilla en la categoría a Mejor Película. De entre los ocho títulos nominados, escogimos tres de ellos [El francotirador, Boyhood y La teoría del todo] y buscamos a los personajes cuyas historias se aproximan a la de los protagonistas de la pantalla grande.

EL FRANCOTIRADOR / JACQUES CHOY KU, ARMERO
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La historia de Chris Kyle, el francotirador más letal de la historia militar estadounidense con 160 muertes confirmadas durante la guerra contra Irak, destaca por estar repleta de pasajes heroicos como también trágicos. Salvó en más de una oportunidad la vida de sus compatriotas disparando el gatillo de su rifle como ningún otro militar lo hizo antes, y se ganó el apodo de “El demonio de Ramadi” entre los iraquíes que le pusieron precio a su cabeza. Había recompensas de hasta $ 180,000 por verlo muerto, pero en sus cuatro incursiones en el país de Oriente Medio se mantuvo con vida. Regresó a casa para siempre en 2009, cargando el peso de los horrores y los traumas de guerra, escribió y publicó su autobiografía en 2012, y un año más tarde fue asesinado por un veterano aquejado por el trastorno por estrés postraumático.

Considerado héroe por unos y un asesino enfundado en un traje militar por otros, la vida de Kyle cobró más fama con la adaptación cinematográfica de Clint Eastwood, y con ello también el oficio de los francotiradores. Para Jacques Choy Ku, armero de Armaq S.A. y experto en airsoft (un deporte de simulación militar), el francotirador no solo es un hombre entrenado, sino también una suerte de matemático que conoce los cálculos necesarios para que su disparo sea certero. «Cada francotirador ya tiene graduada su arma según los metros de distancia de su objetivo; por ejemplo, hasta los 500 metros puede darle a su blanco sin problema porque está dentro de su rango efectivo», explica.

Después de los 800 metros de distancia la hazaña se complica. Hay que usar miras telescópicas con retículas con puntos de precisión, observar la fuerza del viento, graduar con clics el MOA o Minuts of Angle, respirar de la manera correcta y disparar justo entre la inhalación y exhalación. «Otros se basan en la rotación del planeta para disparar», dice Choy Ku. «Cuando la distancia es muy alta, la bala demora de dos a tres segundos en viajar desde su origen hasta su objetivo, y en esos segundos el planeta ya giró y varió la balística del tiro».

Pero para Kyle ni siquiera eso fue un obstáculo. Un día de 2008, en las afueras de la ciudad de Sadr, mató a un insurgente iraquí que estaba amenazando un convoy norteamericano con una granada. Le disparó con su McMillan Tac-338 desde una distancia de 1,920 metros, casi dos kilómetros. Y si esto no bastara, las balas de calibre cincuenta que la armada estadounidense acostumbra usar en los rifles de francotirador, son tan letales como un mini explosivo, al punto de que «solo el aire a través del cual la bala pasa puede arrancarte un brazo», comenta.

Muchas de las réplicas de rifles que Choy Ku tiene en su colección son exactas a las vistas en la película de Eastwood, pero lejanas en el contexto real en que se usaron. El impacto de la guerra, ahora relevado en esta cinta, puede resumirse en una frase que mencionaba Kyle en su biografía: «La primera vez, ni siquiera estás seguro de que puedas hacerlo [matar]. Pero yo no estaba allí mirando a esas personas como personas. No me preguntaba si tenían familia. Sólo estaba tratando de mantener a mi gente a salvo».

BOYHOOD / RODRIGO SÁNCHEZ PATIÑO, ACTOR
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Cuando en febrero de 2014 se estrenó Boyhood en el Festival de Berlín, la crítica no cesó de echarle flores y se llevó a casa el Oso de Plata de la Berlinale. Dirigida por el estadounidense Richard Linklater, esta cinta destaca por un detalle inusual que antes no se había visto en el cine: demoró doce años en grabarse, no por temas de presupuesto como algunos pensaron, sino porque la historia narra la vida de un niño de siete años que crece [y vive y reniega y ríe y padece] ante nosotros en 165 minutos que dura el largometraje. ¿Puede ocurrir algo semejante en la no ficción?

Rodrigo Sánchez Patiño conoció el mundo de la televisión desde niño. Primero, visitando el set de grabación donde su madre conducía un programa infantil en los años ochenta, y después grabando comerciales para marcas de todo tipo. Pero el gran salto no llegaría sino hasta los dieciséis años. Luego de ser extra en la serie Torbellino, interpretó al hermano del personaje principal en la telenovela María Emilia, querida y fue llamado para conducir el recordado programa para niños Mi amigo Rodrigo. Lucía una cabellera ondulada y larga, presentaba dibujos animados como Spiderman y Transformers, y grababa notas desde museos y circos o incluso hasta trepado en una avioneta de la FAP.

Hoy, más de quince años después, aún hay gente que le pregunta «oye, loco, ¿y qué fue de tu pelito?» cuando se lo topan en la calle. «Y ahora con las justas tengo pelo», se carcajea Rodrigo desde su casa en Chorrillos. A sus 33 años tiene dos hijos [y un tercero en camino] y un largo historial a cuestas en el teatro, y sobre todo en la televisión, que lo lleva a cuestionarse si acaso su vida ha transcurrido frente a los ojos de terceros como en el caso de Boyhood. «He crecido con la tele y una buena parte de mi vida está ahí, y de hecho es raro ver toda la vida de este pata [refiriéndose al protagonista de la película] en poco más de dos horas», dice. «Y en verdad así se pasa la vida: rápido; es genial ver al protagonista crecer e identificarte con las diferentes etapas de su vida».

Rodrigo todavía recuerda ese día que tenía que llorar para la grabación de una novela, y el director a cargo le gritó delante de todos, porque no podía lagrimear. «¡Me traumó! Hasta que años más tarde tenía que llorar nuevamente para una película de Aldo Salvini y me dijo que él no quería ver mis lágrimas, que quien tenía que llorar era el público con la película», comenta. Hoy, mientras está a la espera del estreno nacional de dos películas en las que aparecerá [Magallanes y Asu Mare 2], y graba los capítulos de la teleserie Locura de amor, retroceder en sus pasos le ha vuelto a confirmar que la actuación lo mantendrá por muchos años más en escena. Si rodar Boyhood tardó doce años, el acto de Rodrigo aún está lejos de concluir.

LA TEORÍA DEL TODO / MODESTO MONTOYA, FÍSICO NUCLEAR
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El título de la película sobre la vida de Stephen Hawking no es casualidad. La teoría del todo era un anhelo que el físico teórico tenía desde su juventud, y que hizo público en su libro Breve historia del tiempo en 1988, cuando la esclerosis lateral amiotrófica ya lo había condenado a pasar sus días postrado en una silla de ruedas. Lo que Hawking quería, en pocas palabras, era obtener una ecuación que explicase el origen del universo y las leyes que desde entonces lo han regido. «Esa es la esperanza de los científicos; en los años en que hacía mi tesis eso nos apasionaba y estábamos convencidos de que en verdad habría esa fórmula», dice Modesto Montoya, doctor en Física de Partículas por la Universidad de París Sur y uno de los estudiosos más respetados del país.

Como sucedió con Hawking, la curiosidad sobre los elementos que conforman el universo propició que Montoya siguiera una carrera vinculada a la ciencia física. Todavía recuerda su niñez en Salpo, un pueblo en las alturas de La Libertad donde su abuelo le enseñó a observar las estrellas y la Luna sin necesidad de tecnología de punta. «Él me decía que los científicos son los que más cerca están a Dios, porque siempre buscan saber cómo está hecha su obra», comenta. Pero no es que Montoya meta ciencia y religión dentro de un solo saco. Todo lo contrario. Al igual que Hawking —quien decía que la física moderna descarta a Dios como creador del universo—, él está convencido de que la ciencia no es un asunto de fe. «Cuando uno hace ciencia, efectivamente, no debe pensar en Dios, sino buscar una interpretación, basada en hechos, a la naturaleza que encuentra».

Hawking ha destinado gran parte de su vida a estudiar y teorizar sobre los agujeros negros, esa área finita del espacio cuyo interior concentra tanta masa que ni siquiera la luz puede escapar de ella. ¿Y cómo se relaciona esto con la física de partículas estudiada por Montoya? Él lo explica sencillo. «El universo nació de una gran explosión —Hawking decía que fue un agujero negro que explotó— y en fracciones de segundos se dispersó un conjunto muy grande de partículas que luego fueron juntándose hasta llegar a ser personas», dice. Y si bien los estudios de Hawking han sido trascendentales para estar un paso más cerca de comprender la naturaleza del cosmos, es en su ejemplo y carrera donde realmente se nota que los obstáculos, tales como una discapacidad, no hacen frente a la potencia de una mente. «Eso es lo maravilloso de Hawking y de los humanos», agrega Montoya. «Lo que lo diferencia del animal es su cerebro, y mientras este funcione todo resultará perfecto». La teoría del todo aguarda estreno para el próximo 26 de febrero en Lima, y Montoya promete estar ese día en primera fila.