Raíces amazónicas en Hong Kong

Sumy Kujón

Escribe: Adriana Seminario / Foto: Sergio Zúñiga
Nómade, la colección otoño-invierno 2013 de la diseñadora peruana Sumy Kujón abrió con éxito el Hong Kong Fashion Week y exhibió su última colección en la primera Semana de la Moda Peruana en Beijing. Ahora, de vuelta en Lima, Sumy cuenta cómo sus recuerdos en la selva peruana la inspiraron a crear.
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Todo empezó con una revista gigante llegando a sus manos. Fue el año pasado, cuando Cometa publicó una edición donde se documentaba la lucha de una tribu amazónica no contactada contra el impacto ambiental del proyecto del gas de Camisea. Al leer la revista, Sumy quedó impactada por la perseverancia y energía de estas comunidades aisladas del resto del mundo, y decidió ahondar un poco más. En ese momento, cuenta la diseñadora, nació Nómade, su última colección.

Sumy Kujon jamás imaginó que un año después sus diseños abrirían las pasarelas del Hong Kong Fashion Week, considerada una de las nuevas mecas de la moda mundial. La invitación para participar le llegó a mediados de 2012, y desde entonces estuvo trabajando para ese momento. «El mercado asiático es gigante. Quedé impresionada con Hong Kong, los edificios, cómo compra la gente, todo. Con decirte que el edificio de CCTV [la compañía de noticias más importante de China] ocupa una cuadra entera y tiene la forma de un clip. Todo es increíble», recuerda la diseñadora, que lleva catorce años de trayectoria en el mundo de las pasarelas. Periodistas de CCTV la entrevistaron luego de su desfile. China quería conocer la propuesta de esa diseñadora extranjera que abría el telón de la semana de la moda. Querían saber quién era, de dónde venía, por qué estaba allí.

Larga distancia desde China

Trece horas separan Lima de Hong Kong. Sumy Kujon luce un poco cansada, pero mantiene una imagen impecable. Cabello perfectamente lacio, maquillaje natural y una falda denim que no tiene ni una sola arruga. Ha tenido seis entrevistas en una semana y mañana tiene otra. Mientras el equipo compone el escenario de las fotos, me comenta sobre la melatonina, una hormona natural muy eficaz para controlar el jetlag. «Cuando llegué a China no sentía cansancio. La emoción, la prisa y mi agenda ajustada me mantenían ocupada. Recién aquí he sentido el golpe», dice Sumy, mientras echa hacia atrás su cabello negro azabache, lacio.

Sumy Kujon parece estar en control de todo. No levanta un decibel de su voz para llamar a sus asistentes y propone algunos encuadres para las fotos. Su atelier ocupa la totalidad del tercer piso de un clásico edificio en San Isidro, y en él se respira un orden oriental. El único detalle fuera de lugar son unas cuantas hojas marchitas que han caído del jarrón alto, al lado de la silla donde está sentada. Su voz es suave, pero decidida. Se ha cambiado tres veces de vestido para la primera foto y sabe cuándo sonreír, cómo cruzar las manos. Sumy se mueve con una fineza que recuerda la época en que era bailarina de danza moderna, a los dieciocho años.

De padre chino y madre peruana, el mundo de Sumy Kujon está lleno de riqueza bicultural. La pulcritud, organización y sistematización de la cultura oriental, y la energía, el sabor y la pasión del continente sudamericano. Por su madre, pasó varias temporadas de su infancia en la selva de San Martín, de modo que no fueron necesarios viajes de inspiración para esta colección. «Hace diecisiete años que no voy a la selva, así que considero esta colección como un homenaje a ella», dice Sumy. Un archivero mental de sensaciones la guió en su proceso creativo. La espesura de la vegetación, ese calor húmedo y denso en el aire, las líneas que forman las raíces que cavan profundo dentro de la tierra y que se alzan hacia el cielo, una vida sin contacto con el mundo exterior, errante, pasajera.

Ese universo, lleno de misterios y sensaciones desconocidas para un ciudadano oriental del primer mundo, es la matriz de Nómade. Sumy tenía al frente un gran reto: ¿cómo hacer una colección de invierno inspirada en la Amazonía? La solución fue no hacer algo literal. Su trabajo nunca ha sido literal, y nunca lo será. Nada de estampados de hojas, vestidos ligeros en tonos tierra y semillas bordadas en las mangas. Esas ideas, aunque válidas, no cuadran con las propuesta abstracta en la que se inspiró para sus diseños. Además, todas las piezas de Nómade fueron creadas con fibras peruanas de la más alta calidad. Baby alpaca, vicuña y baby alpaca con seda son algunas de las fibras top que materializan la colección.

Sumy Kujon no se guía por las tendencias, el color de temporada o el corte péplum que todas deberían tener en su clóset. Lo único que la guía en estos momentos es el largo de las faldas. Ese juego de alturas, tan de moda, le parece interesante, pero solo eso. «Si tuviera que hacer una colección basada únicamente en tendencias, digamos que eso sería un proceso mucho más lento», dice la diseñadora, suspira y sonríe ligeramente. Sumy Kujon solo puede ser fiel a su propio estilo.

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Lujo asiático

A Hong Kong le dicen el Nueva York de Asia. No es para menos. Es la tercera capital financiera del mundo, justo detrás de Nueva York y Londres. En una ciudad donde la gente hace fila en la puerta de Chanel, Pierre Cardin y Prada para hacer compras; una ciudad que maneja su propia moneda, el Hong Kong Dollar, y que tiene una de las economías más estables del planeta. ¿Cómo encaja en todo eso una diseñadora peruana?

El rostro de Sumy abandona por momentos sus gestos suaves y delicados cuando recuerda lo increíblemente organizada que es aquella ciudad. El día de su desfile, estaba muy nerviosa. Recién allá se enteró que ella abriría la semana de la moda, acompañada de una diseñadora china y otra japonesa. Estaba también un poco estresada por el tema de la comunicación. Modelos rusas, checas y chinas eran sus maniquíes de presentación. A pesar de tener una traductora al lado, Sumy no se daba abasto para transmitir sus ideas a las modelos, los estilistas, los vestidores y todo el personal que da vida a un backstage.

En medio de la locura del desfile, Sumy temía por sus prendas. Desde un vestuarista que se confundiera de vestido hasta un desliz en la traducción, un abanico de cosas podía pasar. Perder una prenda hubiera representado un problema en mayúsculas, ya que días después debía presentar la misma colección en Beijing. «Aquí siempre estoy muy pendiente de todo», comenta Sumy. «No respiro tranquila hasta que haya salido la última modelo y yo vaya a despedir la pasarela. Allá fue increíble. Casi nadie me entendía y todo salió perfecto. No se perdió ni un alfiler».

La crítica que recibió fue excelente. Asistió gente del consulado, de la embajada peruana en China y algunos periodistas nacionales que trabajan de corresponsales. Los ojos de la élite de moda asiática quedaron complacidos con las formas limpias, colores sobrios y la textura de las fibras peruanas. La diseñadora comenta que allá se manejan sumas fuertes de dinero, que la gente solo conoce el material más caro, la vicuña. Ella les presentó el baby alpaca, bien recibido pero con poco entusiasmo. En Hong Kong solo compran lo más fino.

Además de la inmensidad de los edificios y el transporte público tan perfecto, lo que más asombró a Sumy fueron las modelos. En Beijing, a diferencia de Hong Kong, todas sus maniquíes eran chinas. Chinas del norte, aclara, las famosas muñecas de porcelana. «Todas tienen un cutis muy pálido y perfecto, miden metro ochenta sin tacos y son largas y esbeltas». Lo que la desconcertó fue un problema con las tallas del calzado. «Yo llevé zapatos de la marca de Melissa del Solar, Lola, en talla 39, que es lo que suele calzar una modelo acá. Ninguno les entraba. Al parecer, todas calzan menos de 37». Sumy quedó asombrada e incluso les hizo quitarse los zapatos a algunas. Cutis perfecto, gran altura, manos y pies níveos y delicados.

Pero mayor fue el asombro que Sumy Kujon causó con su propuesta al público asiático. «Los chinos tienen una visión muy clara de lo que quieren. Han estado trabajando en automática por años y han finalmente alcanzado el desarrollo, pero todavía no pararon a ver qué hay más allá de ellos», comenta la diseñadora. Nómade rompió barreras culturales y sorprendió a un mercado que tenía un vacío mental en cuanto a moda peruana. Sumy Kujón logró impactar los rascacielos infinitos de Hong Kong con el espíritu de la Amazonía peruana.