Postales a caballo

Por Rodrigo Alomía
La Asociación Peruana de Endurance Ecuestre trajo al Perú al jinete chileno Luis Enrique Opazo, creador de una competencia que combina las carreras de caballos con los paisajes más impresionantes de Sudamérica. ¿Qué retos depara el torneo a nuestros jinetes?
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Con una extensión de más de dos mil kilómetros cuadrados en la Patagonia, el Parque Nacional Torres del Paine es una de las reservas silvestres protegidas más grandes de Chile. Su territorio, que conjuga imponentes cadenas de montañas, valles, ríos y glaciares tan blancos como su cielo, ha sido catalogado como el quinto lugar más hermoso del mundo por la National Geographic.

Luis Enrique Opazo, heredero de una tradición ecuestre que lo llevó a treparse por primera vez sobre un caballo a los seis años, llegó hasta allí un día de 2004, atraído por la historia del lugar y un instinto viajero que cultiva desde joven. El día que visitó el parque nacional, el reconocido jinete tuvo una corazonada. Maravillado por los escenarios que encontró, imaginó cómo sería una competencia de jinetes a través de esa magnífica naturaleza.

«No me equivoco al decir que Torres del Paine es uno de los lugares más maravillosos del mundo; ahí me propuse unir mi pasión por los caballos con los destinos turísticos más exóticos de mi país», comenta Luis Enrique, emocionado, como si volviera a vivir ese día. Si bien por entonces el endurance ecuestre –prueba en que los jinetes deben completar un determinado número de etapas y saber dosificar el esfuerzo de sus caballos en campo abierto– ya se practicaba desde hacía diez años en Chile, Luis Enrique identificó Torres del Paine como el lugar ideal para llevar este deporte al máximo nivel. Así, al año siguiente, en 2005, la primera edición del Endurance X se realizó en esa extensa zona de la Patagonia, y hoy ya se ha convertido en la marcha de resistencia más austral del mundo.

Después los escenarios alternarían para que, año tras año, la competencia resultara más desafiante: a Torres del Paine le siguió San Pedro de Atacama, el desierto más árido del planeta; luego la isla de Pascua y su pintoresco pueblo rapanui, descendientes de los polinesios, y finalmente Tierra del Fuego y la isla Grande de Chiloé [Chile].

«Siempre hemos buscado territorios atractivos, sea por sus paisajes o sus condiciones extremas», indica Luis Enrique. Al margen de la competencia, una de las cosas de las que más disfruta es que a través del endurance ecuestre jóvenes y adultos pueden participar a la par sin distinciones de edad. «En una misma carrera he tenido tres generaciones juntas: desde jinetes de 6 años hasta de 75», revela. «Este valor agregado, dentro de un entorno natural y deportivo, llena de regocijo a cada participante».
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El reto peruano

Es una tarde soleada de enero en el Hipódromo de Monterrico. En un salón en el interior de las instalaciones de la Asociación de Criadores del hipódromo, Luis Enrique Opazo, camisa a cuadros y pantalón jean, dicta una clínica sobre endurance ecuestre a un grupo de más de quince veterinarios. Más tarde dará otra charla, pero orientada solo a los jinetes.

La labor conjunta entre jinetes y veterinarios es trascendental para el óptimo desarrollo del endurance. Una adecuada instrucción previa puede cambiar el destino de la carrera, más aún si se trata del caso peruano, donde por primera vez se llevará a cabo una competencia de este tipo a mediados de este año. Para Luis Enrique, el éxito del endurance radica en dos áreas diferentes que se complementan. «Por un lado se encuentra el trabajo que realiza el jinete y el caballerizo para entrenar y preparar al caballo antes de cada carrera, y, por otro, está el equipo de veterinarios que controla y evalúa a los animales durante toda la competencia».
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Hoy el Perú se ha integrado a la lista de países que practica el endurance, un deporte en que ya destacan Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador y Chile. «Este país tiene una gran tradición ecuestre que, combinada con sus atractivos turísticos y diversidad geográfica, le permite tener todo el potencial para ser protagonista de esta disciplina», dice Luis Enrique, que en 1986 vino al Perú por primera vez para participar en el Concurso Ecuestre Ciudad de Arequipa.

Durante la semana que dictó las clínicas, el jinete chileno acompañó a la Asociación Peruana de Endurance Ecuestre a revisar las rutas posibles en los sectores de Pachacamac, Mala y Villa. Los terrenos cumplen plenamente con las condiciones necesarias para desarrollar el deporte, por lo que solo es cuestión de tiempo ver cómo, a través de estos fascinantes paisajes, el galope de nuestros caballos transita al ritmo de sus jinetes.
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