Nudistas casi involuntarios

Una propuesta indescente para Bruno Ascenso

Texto: Mauricio Niño / Ilustración: Omar Xiancas
Bruno Ascenso es actor. Amigos con Derechos es el nombre de su programa en radio Studio92. El día de San Valentín estrenará la película Quizás Mañana, la que protagonizará junto a Gisela Ponce de León

nudistasNo fue en la noche de Año Nuevo, sino en alguna de las siguientes. De esas noches en que el alcohol que sobró de la fiesta obliga a continuar la celebración. Mi mejor amiga y yo nos habíamos quedado solos en aquella casa de playa con piscina incorporada en la que, junto a otros amigos, celebramos la llegada del año 2011. Entre tragos y bromas, una frase provocadora hizo que esa sala se llenara, por algunos segundos, de un silencio incómodo y cómplice a la vez:
-A que no te atreves a meterte al mar sin ropa.

No recuerdo de quién fue la invitación, pero no nos pareció una mala idea en ese momento. Salimos de la casa riéndonos a carcajadas. Ambos estábamos convencidos de que el otro se iba a acobardar en el último momento y de que aquella propuesta indecente sería solamente una de las tantas malas ideas que surgen de conversaciones entre copas.

Corrimos hacia el océano y, a solo unos pasos de la orilla, nos sacamos la ropa a toda velocidad; la tiramos en la arena y seguimos corriendo, totalmente desnudos, amparados solamente por la oscuridad de la noche.

Chapoteamos un rato, riéndonos de nosotros mismos, hasta que el frío del agua y el viento que corría nos devolvieron la cordura y decidimos salir del mar.

En ese momento, nos dimos cuenta de que hubiera sido buena idea poner rocas sobre nuestras prendas o marcar de alguna manera el lugar donde las dejamos. No las encontrábamos por ningún lado.

El pánico se apoderó de nosotros durante unos segundos. Corrimos, pero esta vez de regreso a la casa. Pensamos que, con suerte, la casa estaría vacía y podríamos buscar ropa para vestirnos. Entramos tratando de no hacer un solo ruido. Paso a paso, muy despacio. De repente, creímos escuchar algo y pensamos que nuestra única salvación era la piscina. Nos zambullimos para que, quien fuera la persona del ruido, no pudiera vernos desnudos.

No sé durante cuánto tiempo estuvimos en esa piscina ni tuve forma de saber qué hora era. Lo peor es que tampoco sabía cuándo –o si es que– regresarían los otros inquilinos. Para ella y para mí fue imposible no estallar a carcajadas. Nuevamente, el frío y el cansancio pudieron más que nuestro pudor. Salimos de la piscina, buscamos nuestra ropa por la casa y nos vestimos. Nuestros amigos llegaron al amanecer, y nuestro encuentro con ellos fue con los pijamas de rigor, acompañados de la resaca respectiva. Ante los ojos de ellos, nosotros pasamos una noche tranquila como cualquier otra en la playa.