No hay derecho

Por Lucia Solis / Fotos de Oliver Lecca
La unión civil para personas del mismo sexo ha sido rechazada en el Congreso y las hermanas Del Río no se guardan nada. Ellas hablan de ¡hey, soy gay! [Editorial Planeta] que han lanzado juntas, del prejuicio, del rechazo y de ese momento en sus vidas que las puso frente a frente.
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La semana pasada, el Congreso de la República polarizó al país. Quienes estaban a favor y en contra de la unión civil reventaron las redes sociales, salieron a la calle, levantaron la voz, y se hirieron con palabras y frases afiladas. Por lo contrario a esas escenas, en la casa de Patricia del Río reina el silencio. Entonces Maria Luisa llega y comienza la charla. Ella ha confesado sentirse una lesbiana tardía y su hermana Patricia acepta haber tenido dificultades en aceptarla tal cual era. Ambas hermanas tuvieron que pasar por un proceso de entendimiento que las uniría mucho más. Por ratos sus voces parecen una sola y hasta tienen gestos parecidos. Ambas con las piernas cruzadas y mirada penetrante hablan de la noticia de la semana.

Maria Luisa: No me sorprende [que el Congreso de la República haya archivado la ley de unión civil], me lo esperaba. Los argumentos en torno a Dios y la naturaleza son ridículos. La supuesta protección a la niñez también lo es, y esto no lo afirmo por capricho; estoy hablando desde mi experiencia. La naturaleza no es restrictiva.

Patricia: Ni siquiera deberíamos estar discutiéndolo en el Congreso. No deberían pedirse permisos ni leyes para que la gente se ame y forme familias. El derecho al amor no se mendiga. La unión civil no es un derecho por el que deberíamos estar luchando. Es un derecho y punto. ¿Qué se creen quienes pretenden dar permiso a los otros para que se unan y sean felices?

ML: A la discriminación oficial que ejerce el Estado, actuando como si no existiéramos, se ha sumado la legitimación de la homofobia. Que dos personas del mismo sexo se casen no es legal, que un congresista o sacerdote insulte al 10% de los peruanos sí lo es.

P: A todos a los que el Congreso ignoró, a Luisi [así le dice a su hermana de cariño], a los millones que solo quieren que los dejen vivir en paz… Con ellos me disculpo porque me da vergüenza vivir en un país en el que gozo de privilegios que ellos, que son mucho mejores personas que yo, no tienen.

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Sobre ¡hey, soy gay! , ¿cómo así surgió la idea?

ML: La idea fue de Planeta.

P: Supongo que querían aprovechar la coyuntura de la discusión sobre la unión civil y exteriorizar un tema que ha despertado interés entre la gente. Y creo que nosotras asumimos el reto como…

ML: Como parte de un movimiento.

¿En qué etapa creen es más difícil aceptar la homosexualidad?

ML: Es más difícil asumirla en gente mayor porque han vivido una época mucho más represiva.

P: De alguna forma son personas que de pronto ya no esconden su homosexualidad, pero la han mantenido oculta durante mucho tiempo y con miedo. Y, claro, tuvieron que superar el tema de la familia como le pasó a Beto Ortiz, que nunca se lo pudo decir a sus padres.

¿Descubrieron algo de ustedes mismas gracias al libro?

P: Yo descubrí que soy más sensible al tema. Hubo un momento en que todo el mundo se asustó, hasta la editorial. Pero Maria Luisa nunca dejó de tener fe en que iba a salir, y yo tiré la toalla…

ML: Pero si tú en un momento me dijiste que me pepeé.

P: [Se ríe a carcajadas] Lo que pasa es que había un mil de dramas y aparte en Navidad todo el mundo se tiene que pepear.

¿Patricia, pudiste entender más a Maria Luisa a partir de otros testimonios?

P: Pude entender más a mi familia. Tal vez darme cuenta de que en algún momento nosotros nos habíamos sentido como unas bestias porque todos habíamos reaccionado de manera destemplada. Éramos la familia Ingalls.

ML: Claro [se miran y se ríen].

P: Tuvimos una especie de desconcierto inicial, y fue complicado. Me asustaba su felicidad y quería protegerla, y nos decía: ¡ustedes me quieren dejar en el clóset!

¿Qué sentiste tú, Maria Luisa?

ML: Yo estaba muy enamorada, y, para bien o para mal, eso en mi vida siempre ha sido un motor… cuando yo me siento enamorada, no me importa nada. Le doy demasiada importancia al amor.

¿Cómo fue el proceso con tu hija?

ML: Para mí fue sencillo porque ella era chiquita, y si algo no tienen los niños, son prejuicios. Mientras ellos vean a sus padres felices no tienen parámetros. Pero para otras personas debe ser difícil. El tema del colegio y esas cosas, se suele asociar homosexualidad con pedofilia. La enfermedad es la homofobia. Patricia, tú incluso escribiste una columna de disculpas para tu hermana.

P: Sí, porque creo que el temor no nos permitió ser empáticas. Le decíamos qué hacer y Maria Luisa hacía lo que podía. Una situación durísima.

ML: Pero Patricia también lleva estos temas desde su experiencia personal como una campaña necesaria; nosotros estamos al servicio.

P: Yo podría haber pedido disculpas en privado, que también lo he hecho, pero hacerlo público tiene una mayor significación. Fue una manera de asumir que tengo una hermana homosexual y me siento orgullosa de eso.

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¿En qué se diferencian?

P y ML: ¡En todo!

P: Siempre hemos sido distintas. Pero, por ejemplo, me ponían en ballet y ella iba a las clases conmigo. Hacía de árbol. Y a mí me metían en la clase de karate, Maria Luisa me tiraba un golpe en la cara y yo ya no quería volver.

ML: Yo de chica era ahombrada.

P: Una vez agarró mis Barbies, les cortó el pelo a todas y les puso crema bronceadora. Se subía a los árboles y no le pasaba nada.

¿Y en el colegio? ¿Qué tal?

P: Ella era tremenda.

ML: A mí me decían que tenía que ser como tú.

P: Pero yo era una gansa. Ella además era muy arriesgada: surfeaba, se iba a los muelles. Yo pensaba muchas veces que me iba a descalabrar. Probablemente yo evité que ella se muriera y ella evitó que yo fuera una cojuda.

De pronto la madre de Patricia y Maria Luisa irrumpe en la sala, se sienta en un sillón aparte y se queda observándolas con una sonrisa. A la pregunta de cómo son realmente sus hijas, no hace más que emocionarse y dar la descripción más precisa de las hermanas Del Río. Y con esa frase se termina esta conversación.

Mamá: ¿Cómo son? Diferentísimas y unidísimas.