Microcuenca del Paria

El agua puede ser para todos

Escribe: Jack Lo Lau //Foto: Juan Puelles
En medio de la cordillera de Los Andes, los pobladores de la comunidad campesina de Huasta sintieron temor cuando se dieron cuenta de que sus nevados se despintaban. Inmediatamente pensaron que si no cambiaban de actitud, el líquido elemento no les duraría para siempre

Los pobladores de la comunidad campesina de Huasta miran sus nevados con pena. El blanco de sus apus se está desvaneciendo. Tan solo en el Perú, en las últimas tres décadas ha desaparecido un poco más del 25% de los nevados andinos. Una cifra que para algunas de estas monumentales montañas representa un retroceso de hasta 25 metros de nieve por año. De los 720 m2 de glaciares que había en 1970 en el país, ahora solo quedan 510. La misma área que Buenos Aires, la capital de Argentina. Por tal motivo, en Huasta están buscando soluciones para que esta porción de planeta no se muera. Y el agua es el principal motor de este movimiento.

Todo impacta, toda acción influye negativa o positivamente en el mundo. «Queremos conservar nuestra diversidad biológica, los queñuales son reguladores del recurso hídrico. Estos absorben las lluvias y en tiempo de verano autorregulan el bosque al expulsar el agua». Muy seguro de sus palabras, Alfredo Velásquez Montes, dirigente de la Comunidad Campesina de Huasta, muestra su preocupación. Tenemos que preservar el agua para las futuras generaciones. Habla en plural porque esta es una misión que le corresponde a toda la humanidad. Al fin y al cabo, el problema del agua será de todos, no de unos cuantos.

Mucho tiempo atrás, los paisajes de la comunidad campesina de Huasta eran naturaleza eriaza, inmutable para los lugareños. Pensaban que su ubicación privilegiada, entre el Parque Nacional Huascarán y la Zona Reservada Cordillera de Huayhuash, los iba a respaldar por toda la eternidad. Creían que los montes seguirían siendo verdes por sí solos y que los nevados nunca perderían su color. Sin embargo, el cambio climático de las últimas décadas los hizo darse cuenta de que aquel bosque estable, como hasta entonces lo conocían, podría perderse para siempre.

En 2009, el Instituto de Montaña realizaba estudios sobre plantas en la Cordillera de Huayhuash. Vieron las amenazas que tenía la zona, la buena situación de gran parte de sus bosques y todo el potencial que existía para conservar. Había que cuidar los queñuales. Estos árboles de tronco delgado y apariencia seca pueden llegar a medir quince metros de alto. Y fue esta organización quien motivó a la comunidad a convertir la Microcuenca del Paria en un Área de Conservación Privada (ACP). Y con esto, a obtener un respaldo legal que les garantice que sus tierras no morirán y que su agua no se enturbiará. Las ventajas del posible reconocimiento animaron a todos los pobladores. Entonces, se organizó una expedición de campo donde participaron profesionales del Instituto de Montaña junto a los comuneros de Huasta. Se tomaron medidas, datos, muestras y, posteriormente, dos años después, el Estado le entregó a la comunidad el reconocimiento de ACP.

«Económicamente no ganamos nada, sino que a futuro habrá más vida para nuestro pueblo, para todos. Nosotros debemos ser conscientes de que todos debemos gozar el derecho de agua», explica Alfredo Velásquez, en tanto que la comunidad no desmaya en su quehacer y ya tiene programado seguir sembrando miles de queñuales en lo que resta de este año y el próximo. No quieren parar porque saben que están conservando para los hijos de sus hijos y para todos nosotros.

Las consecuencias del cambio climático se ven inmediatamente en esta parte del departamento de Ancash. A unos kilómetros de Huasta se encuentra el nevado Pastoruri. Hasta el año 2007 se podía visitar sin problemas y realizar deportes de aventura. Se tuvieron que cancelar las visitas por el retroceso y deshielo del glaciar, que no daba seguridad a los visitantes. Sin embargo, en abril de 2011, el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (Sernanp), aprovechó el momento y puso en marcha el circuito turístico «La ruta del cambio climático», el mismo que sigue hasta hoy. Allí se puede ver cómo el hielo ha ido desapareciendo. Una forma de mostrar a las personas que los problemas ambientales que vive el planeta no son parte de una broma moderna.

Siéntase bien

La Microcuenca del Paria es un recinto lleno de plantas medicinales y muchas otras útiles. Se identificaron veintiocho especies de uso medicinal y también otros usos etnobotánicos, como teñidos, decoración y alimento. Entre ellos, resaltan la huamanpinta (con grandes propiedades diuréticas, muy buena para los males de la próstata y el funcionamiento del riñón), la huamanripa (un eficaz expectorante en los casos de tos persistente y enfermedades broncopulmonares), y la wila-wila (una maravilla en pacientes enfermos de asma bronquial, así como en la expulsión de cálculos renales, resfríos crónicos, dolores menstruales y úlceras del aparato digestivo). Un lugar, como tantos en Perú, en donde los remedios son gratuitos y la farmacia no cierra nunca.

Durante todo el día se pueden apreciar distintos tipos de aves y mamíferos en toda la Microcuenca del Paria. El cantar de estos plumíferos hace que levantes la mirada y goces de lo maravilloso de verlos planear a solo unos metros de ti. El Azulito Andino, el Tijeral Leonado, el Pájaro del Queñual o Pico Cono Gigante, el Tapaculo de Ancash, la Bandurrita peruana, y el endémico colibrí negro son algunas de ellas. A su vez, huidizas vizcachas toman sol sobre las piedras y te regalan un momento de ternura. Sin embargo, para muchas personas el máximo atractivo es el Nevado del Paria. Este imponente gigante guarda entre sus rocas al Yacupajta, un espacio místico en donde el agua brota del suelo. Tomar de este líquido, dicen, te renueva la vida.

Deben pasar entre quince y veinte años para que los miles de queñuales plantados sean adultos. El sueño de Alfredo, como todo progenitor, es verlos crecer. Está convencido de que estos llegarán a medir más de diez metros. Lo aguarda con el mismo entusiasmo con el que un padre ve a su hijo convertirse en adulto. Voltea a mirar a su alrededor y sus ojos reflejan la nieve escasa que se levanta en el pico del Nevado Paria. Para él no hay mejor lugar que los Andes. Estos que atraviesan siete países: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú. Acá, a casi 4 mil msnm, se respira mejor que en cualquier otro lugar. Le gusta la tranquilidad de su casa y despertar todos los días en medio de una de las cordilleras más importantes del mundo. No lo cambiaría por nada. Sin embargo, así como Alfredo, toda la comunidad campesina de Huasta, necesita ayuda.

Para que estas iniciativas se puedan ir concretando y el área se logre conservar, ellos tienen algunas necesidades que hasta el momento no se han cubierto del todo, como talleres, asesoría y financiamiento. Están buscando personas que se interesen en ellos y seguir juntos en esta tarea complicada pero revitalizadora que es cuidar nuestro planeta.

Vaya a dar una vuelta, conozca el Perú, haga ejercicio y contágiese de estas iniciativas que tan solo buscan conservar esta necesidad menor, llamada agua.