Mariana de Althaus

El drama de lo inexplicable

Escribe. Manolo Bonilla / Foto. Giancarlo Shibayama
La dramaturga escribe de lo que la atormenta mientras busca encontrar algo sobrenatural, algo que no pueda explicar. Mariana de Althaus ha escrito de adolescentes suicidas, de maternidad y de discriminación. En todas sus piezas, un elemento inexplicable irrumpe la historia. ¿Cómo seguir en un mundo de fantasía cuando tu hija de cinco años ya no cree en tus cuentos?

UNO. Sus ojos, verdísimos, parecen felinos. Y durante un tiempo, en que se vestía de negro y su pelo era un velo oscuro que le cubría las orejas, fue lo único de color que conservaba. En esa misma época, Mariana de Althaus Checa estudiaba Literatura en la Universidad Católica, leía a la argentina Alejandra Pizarnik –también idolatraba a otras poetas suicidas– y no hablaba con nadie. Pero de eso han pasado muchos años y otras tantas obras de teatro. Montó hace unos meses El Lenguaje de las Sirenas, en el auditorio del Museo de Arte, y ahora prepara El Sistema Solar en una casona de Barranco. Hoy Mariana tiene 38 años y una hija de cinco, que se llama Nerea. «Si no hubiera sido madre, seguiría escribiendo sobre el suicidio», dice la dramaturga que escribió En el borde, su primera obra, hace catorce años. Era una obra, digamos, emo: dos suicidas, dos adolescentes desconsolados, se interrumpen cuando están por saltar de un puente. «Ahora sé que fui emo. En mi época no había eso, éramos, más o menos, unos punk nerds. Una cosa así, ¿no? La maternidad me ha ayudado mucho a convertirme en una persona normal. Te permite encontrarte como eres. Antes, tienes más capas, miedos», dice Mariana de Althaus, la autora que empezó a escribir las obras que dirigía porque no encontraba en textos ajenos lo que verdaderamente quería transmitir en escena.

DOS. El Sistema Solar no es una obra convencional. Como Fausto en la casa del actor Edgard Guillén, el más reciente montaje de Althaus se desarrolla en una casona en Barranco. Solo hay cuarenta sillas y los espectadores asisten a la historia como si fueran fisgones invitados. El público está dentro del escenario. «Es toda una experiencia. La sensación de entrar a la sala de alguien para ver qué pasa ahí». La escribió hace dos años, en Buenos Aires, durante un programa llamado Panorama Sur, donde te obligan a escribir una obra en un mes. Una tarea casi imposible. Mariana de Althaus logró culminar una primera versión: los conflictos entre un padre y sus hijos en el contexto de una noche de Navidad. «Siempre me han resultado complicadas esas fiestas. Ese momento donde se suspenden los resentimientos y rencores, y uno tiene la ilusión de que todo va a ir mejor y que todos se van a querer. Pero al final, no pasa nada», dice Althaus una tarde en su departamento en Miraflores.
Ese es un quiebre. De niños, la ilusión es mágica conforme se acerca la noche de los regalos. Al crecer, esa ficción se desbarata y es reemplazada por la ilusión que la dramaturga plantea en la obra. «También hay un enfrentamiento: ¿cómo sobrellevar la muerte de tu padre? Incluso siendo adulto y teniendo muchas cosas que resolver, cuando todavía reina el rencor. Es decir, ya no vas a tener tiempo para pedir disculpas. Existe durante el montaje una esperanza de reconciliación. Hace un año no se ven, porque el padre se ha enamorado de la antigua novia de su propio hijo. Ese es uno de los conflictos principales de la obra», dice Mariana de Althaus, que durante muchos años odió la Navidad.
Como el Grinch.