Los coloristas del Amazonas

El bosque siempre te enseña

Escribe: Jack Lo Lau / Foto: Dana Bonilla
Una mujer convierte tierra del bosque en tintes de colores para enseñar a los niños a cuidar la selva amazónica. Ella hizo de sus tierras en Loreto un lugar donde los chicos aprenden de la naturaleza jugando con raíces y arcilla entre los dedos.

Cuando era una niña, Nancy Dantas disfrutaba mucho de pasear por este bosque de cedros y caobas que superaban los treinta metros. Hoy, después de varios años de cuidado, este pedazo de selva casi virgen lucha por no desaparecer: los bosques cercanos han sido talados por el hombre provocando que muchas especies huyan o mueran. Para Nancy Dantas –profesora, artista y conservacionista– proteger este bosque, el Área de Conservación Privada (ACP) Herman Dantas en Loreto, es su misión en la vida. Sin los cuidados de Nancy, distintas razas de monos, como los musmuqui, los tamarino de cabeza amarilla y los ardilla, se quedarían sin hogar o un sitio para realizar sus más arriesgados saltos. El sajino, el majaz y el añuje escaparían dejando sus huellas por otros campos. Los árboles terminarían siendo balsas o el piso de alguna casa en Lima. Nancy Dantas y su familia viven en este bosque para evitar que ello suceda. «Mi sueño es que este espacio sea ocupado por gente que aprecie el lugar, como artistas y ecologistas», dice Nancy. Para ella este es un sueño que siempre tuvo y que sigue vivo gracias al recuerdo de su hermano Herman, un apasionado por la Amazonía.

Un sueño fraternal

Hace treinta años, Herman Dantas, un ecologista de Iquitos, se enteró que en los alrededores del kilómetro setenta de la carretera a Nauta, en Loreto, vendían unos terrenos que ningún hombre habitó jamás. Dantas llegó al lugar junto a su hermana Nancy y no dudó en invertir todo lo que había en su cuenta bancaría para comprar esas tierras. Para él, ese lugar era parecido al paraíso.

Los hermanos adquirieron sesenta hectáreas con la única intención de que no se perdiera este trozo de vida en manos de personas que lo destruyeran todo. Herman Dantas estaba emocionado. Tenía distintas ideas para conservarlo y contribuir al desarrollo de las comunidades vecinas. Sin embargo, por falta de tiempo [Nancy era docente a tiempo completo en Iquitos], no pudieron concretar todas las ideas y dejaron el predio sin tocar por algunos años. Cuando los hermanos se decidieron a retomar esta aventura, Herman falleció.

Pasaron muchos años para que Nancy Dantas decidiera volver a ese terreno que la llenaba de pena. Pararse frente a estos bosques era recordar a su hermano Herman. Sin embargo, lo que vio cuando regresó fue más terrible incluso. Aquellos bosques habían sido talados y convertidos en carbón o en madera para fabricar muebles. Gran parte de su predio estaba arrasado. Esto fue agotando las fuentes de agua y los monos y aves dejaron de llegar a esta parte de la selva.

Los árboles extraen el agua subterránea a través de sus raíces y la liberan en la atmósfera. Mientras menos bosque tengamos habrá un clima más seco y, por lo tanto, menos agua. Entonces Nancy Dantas retomó la voluntad de su hermano y buscó la mejor opción para proteger su terreno. Conoció a la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) y, gracias a ellos, solicitó el reconocimiento de su predio como Área de Conservación Privada (ACP). En 2010 le fue otorgada esta responsabilidad por el Estado peruano. Lo llamó ACP Herman Dantas, en honor a su hermano.

Con mucho cuidado y respeto por la tierra, todo el bosque se mantiene en excelente estado de conservación y la naturaleza, sabia como es, le agradece todos los días con monos, aves y muchos niños que aprenden junto con ella.

Arte al natural

Después de viajar durante una hora y media en bus desde la ciudad de Iquitos por la carretera a Nauta, se llega al caserío Nuevo San Juan, en el límite de las provincias de Maynas y Loreto. Treinta minutos más de camino a través de una trocha y se llega al lugar donde Nancy Dantas juega con la tierra y la convierte en tintes de colores. Acá junta a decenas de niños y les enseña, jugando, sobre el valor y el cuidado de la naturaleza. En cada ejercicio que hacen, ella siempre les recuerda la importancia de proteger los bosques y mantener el río limpio. Les repite ese mensaje una y otra vez, y ellos ya lo están comprendiendo. Todas las semanas, los más pequeños llegan corriendo hasta la casa de Nancy Dantas para asistir a los talleres gratuitos de pintura y dibujo que ella dicta. Gracias a su dedicación y trabajo con los niños, Nancy se ha convertido en una de las personas más queridas en esta parte de la Amazonía. Aprender en medio de toda la naturaleza es algo que les quedará grabado por toda la vida.

Su alma de docente hizo que iniciara varias campañas relacionadas al arte para sensibilizar a los pobladores. Consiguió el auspicio de la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Iquitos e involucró a niños y a adultos. El resultado fue exitoso: la población cambió de actitud. Ahora respetan los árboles y no ensucian los ríos con basura. Sin darse cuenta, su familia se involucró totalmente en el proyecto, y empezaron a cuidar la selva en la que viven.

Hoy Nancy vive rodeada de aves y mamíferos que alegran sus días. Recuerda a su hermano mayor y sabe que sin él la recuperación del bosque y el regreso de aves y mamíferos no hubiera sido posible. La selva amazónica peruana contiene una de las zonas con mayor diversidad biológica del mundo: se disputa, junto con Colombia, el título del país con mayor cantidad de especies de aves del planeta, con cerca de 2 mil. Este bosque solo alberga una muestra de esa biodiversidad. Por eso, el trabajo de Nancy Dantas en esta parte de la selva es admirable. Va y viene, desde Nauta hasta Iquitos, con la ilusión de ver, algún día, ese bosque robusto y alto que sus padres vieron hace mucho. Mientras ese día llega, Nancy seguirá plantando árboles y embarrando niños con arcilla.