Lomas de Atiquipa

Cuando la necesidad se hace agua

Escribe: Jack Lo Lau //Foto: Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA)
En el sur del país un pueblo lucha por no quedarse seco. Cuentan que en este lugar del Perú los ancianos no se enferman, la medicina natural es la base de su salud y el agua que toman la cogen de la niebla. Hagamos que ellos cada día tengan más esperanza.

Cientos de árboles atrapan la neblina, la convierten en agua y la depositan en unos pozos naturales para darle de beber a un pueblo entero que nunca tuvo servicio de agua potable. Esto que parece un cuento es una realidad en las Lomas de Atiquipa, en las costas de Arequipa. Todos los días del año, sin falta, una densa neblina cubre el lugar durante unas seis horas, en dos turnos: a las seis de la mañana y a las cuatro de la tarde. Esta choca contra las hojas de la tara, se convierte en agua y gotea al piso. El árbol aprovecha el líquido que necesita para vivir y deja que el resto descienda a unos puquiales, los que terminan guardando el agua en pozos que son abiertos todos los días –tan solo de seis a ocho de la mañana– para que los pobladores abran sus caños y junten todo el líquido que van a utilizar durante el día. Si alguien se quedó dormido, simplemente ese día no toma agua. Desde épocas incaicas los pobladores de esta zona de la costa de Arequipa tuvieron que desarrollar esta tecnología para poder sobrevivir. Han transcurrido varios cientos de años y la situación no ha cambiado en el sur del Perú. Sin embargo, la naturaleza es sabia y este pueblo olvidado por todos se sigue manteniendo con vida. A pesar de ello, si seguimos deforestando los bosques, esta comunidad no seguirá existiendo por mucho tiempo más.
Julieta La Torre levanta sus dos brazos y da vueltas sobre su propio eje mostrando todo el lugar que ama. Está parada en frente de las andenerías incas que están en la playa de Jihuay, una de las zonas que comprende el Área de Conservación Privada (ACP) Lomas de Atiquipa, la misma que, según dicen, tiene la misma altitud y latitud de la playa privada donde vacacionan Brad Pitt y Angelina Jolie en Namibia, África. La playa se encuentra en un desierto y en las partes altas hay vegetación. Un fenómeno costero que no se produce con mucha facilidad. Julieta tiene una voz aguda y habla despacio, como si le estuviera hablando a niños. Pareciera que ha decidido hablar así para que la gente la entienda y sepa lo que ocurre en este lugar –cuyo nombre significa ‘quedarse a pastear’ o ‘pastorear’–. Entre julio y setiembre, estas 19 mil hectáreas dedicadas a la conservación, de apariencia seca, se llenan de vegetación, creándose un ambiente ideal para que los ganados se alimenten. Julieta tiene una mirada tímida y una sonrisa nerviosa. Sin embargo, cuando habla del lugar en el que nació, no para. Toda su vida fue puro sacrificio.

Volver a las raíces
Era el año 2007. Se quedó sin trabajo, su madre murió y sus ahorros se acabaron intentando salvarle la vida. No tenía adónde ir. Decidió volver a nacer. Regresó a su natal Atiquipa, un lugar que pocos conocen y en el que viven no más de ochocientas personas. Inició la construcción de su casa a la manera tradicional, con barro y caña. Los que la conocían pensaban que ella había quedado loca después de los difíciles momentos que le tocó vivir. Ella misma cortó la caña y tejió los techos. Para muchos no tenía sentido asentarse en un lugar que no tiene servicio de agua y menos construir un tipo de casa que fue desplazado en los tiempos modernos por el frío cemento. Su intención era ayudar a su gente a enfrentar las adversidades y mostrarles que utilizando métodos de vida ancestrales podrían vivir mejor. Han pasado cinco años y su mensaje está llegando en las Lomas
de Atiquipa.
El matico es una planta que regula el funcionamiento del estómago. El paico es un regenerador celular y sirve para desinflamar golpes. El arrayán es un fruto antioxidante. La paronca te limpia el hígado. Los atiquipeños son expertos en medicina natural, sin embargo es una costumbre que se estaba perdiendo. Dicen que en esta parte de Arequipa la gente muere de bien vieja, se come bien y se respira limpio. Julieta está incentivando a que los pobladores tengan una pequeña huerta-botiquín en casa con todas las plantas necesarias para tratar las más comunes enfermedades y no tener que subir al monte cada vez que las necesiten. Y mucho menos tener que tomar pastillas. Poco a poco, esos mismos que le decían loca, le van haciendo caso.