Leslie Shaw

Are you really sure?

Escribe: Rafael Robles Olivos / Fotos: Yayo López / Dirección de Arte y Styling: Andrea García y Vanessa Vila para Producciones Atípicas
Los pros y contras de ser un objeto de deseo

Leslie Shaw no para de hablar por teléfono. Mientras lo hace, tampoco deja de mirarse en el espejo. No la culpamos. Qué más quisiera uno que ver aquel rostro las veinticuatro horas del día: al despertar por las mañanas, al lavarse los dientes y cuando se acomoda el espejo retrovisor del auto. Una vez que cuelga, la mujer que la maquilla le explica el concepto que tendrá la sesión de fotos. Leslie Ann Shaw Thays (su nombre, de por sí, ya suena famoso) escucha y asiente con el monótono entusiasmo que le da la experiencia de modelar desde adolescente. Así es imposible sospechar que solo tiene veintidós años y que afuera, en el mundo real, la prensa de espectáculos se ha puesto de acuerdo para vivir de lo que dice, hace y de lo que suponen que hará. «Me aburro de verme en los periódicos. Me imagino que la gente también se estará aburriendo de mí», es lo único que responde al respecto. La escena, recordando al Hollywood de los sesenta, sería redonda si terminara con un bostezo indiferente por parte de la bomba rubia, pero ella prefiere guardar silencio y esperar la siguiente pregunta. Está lejos de sentirse una diva.


Cuando habla sobre Carmín, el musical basado en la telenovela de los ochenta que se estrenará en julio bajo la dirección de Lucho Llosa, la emoción la traiciona. No puede ocultar que la obra, en la que compartirá roles con Diego Bertie (él como el profesor Mariano Tovar y ella como la alumna Fiorella Menchelli), se presenta como la oportunidad perfecta para que reafirme lo que desde niña ha soñado ser: una artista completa, que canta, baila y actúa. «Mi idea es darle duro a la actuación y al canto, para dejar de modelar poco a poco», confiesa Shaw, quien todavía no nacía cuando Carmín triunfaba en el rating nacional. «No he visto los capítulos porque me han dado la oportunidad de crear al personaje con total libertad. Fiorella Menchelli me recuerda a mí porque tiene que vivir entre ser mujer y una niña. Me sucede lo mismo con mi vida privada y mi vida pública».

Dicen que las mujeres feas tienen el mundo cuesta arriba. En el caso de Leslie Shaw, fantasía suprasexual que todo lo atrae, la belleza es un arma de doble filo. Por un lado, si bien en el Perú una rubia, que además es guapa, tendrá las puertas abiertas por naturaleza, el encasillamiento de solo ser una cara y cuerpo bonitos no deja de acecharla. Pocos saben que desde los diez años, gracias a las clases particulares que le daba una monjita, toca violín y sabe leer música. Entonces la consigna fue, desde la infancia, demostrar alguna vez lo que sabía hacer y, lo que es más importante, hacerlo bien.

Para Shaw, toda duda quedó despejada en Viña del Mar, frente a 15 mil personas. «Estaba preparada para ese momento hacía años. Luego de eso las cosas mejoraron. El Gran Show, lo que se viene con Carmín y el hecho de que en MTV esté sonando bastante (ha sido elegida entre las diez «chicas malas de América Latina» por la cadena musical) me motivan a seguir librándome de cualquier estereotipo. Prefiero que entren a mi web para escuchar mi disco a que solamente vean fotos mías
en Internet».


–¿Te incomodan los celulares filmándote mientras modelas y que luego se suba la grabación a Youtube? ¿Has leído los comentarios que ponen?
–A veces es difícil sonreír mientras modelo. Hay momentos en los que se nota mi cara de que quiero estar en otro lugar y no modelando. Los comentarios me dan mucha risa, no los tomo en serio.
–¿Y el Facebook? Tienes tantas solicitudes de amistad que ya no se te puede enviar ni una más…
–Al principio era para mis amigos, solamente. Recibo muchos mensajes. Me envían poemas, que la luna, que las estrellas, también declaraciones de amor, confesiones. Yo nunca les respondo. A lo mucho los leo cuando me siento deprimida. Todo lo que me escribe esa gente que no conozco me levanta la autoestima.
Para Leslie Shaw, ser la mujer más deseada del momento, tiene un precio más grande de lo que ella creía. Pero hay que ver cómo lo disfruta.