La mujer Cecilia Borasino y el movimiento

Mezcló la danza con la Psicología para entender un poco más lo que sucedía dentro de ella

Escribe: Pedro Casusol / Foto: César Campos
Mezcló la danza moderna con la Psicología para entender un poco más lo que sucedía dentro de ella. Ahora Cecilia Borasino es una suerte de doctora que cura a través del movimiento, tratando de liberar esos problemas, a veces invisibles, que se alojan dentro de nosotros. ¿Qué clase de medicina secreta encierra la danza?

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Estás ahí, Cecilia, danzando como una mariposa salvaje. Llevas un conjunto color vino y pareces estar conectada con la tierra. Una tierra que tiembla por el trueno de los tambores, bombos y tarolas que acompasan tus movimientos. Alrededor tuyo hay una veintena de mujeres que unen sus trenzas con lazos multicolores hasta formar un solo conjunto vivo.Atrás quedó esa mujer calmada y dócil que hace unas horas, en una cafetería, me contaba cómo había dejado la Psicología por la danza, que su verdadera pasión había llegado como un hobbie, que antes había vivido muy triste y que solo la oscilación del cuerpo le había hecho sentir plena de vida. Esa eras tú, Cecilia, esa guerrera amazona que ahora observo en medio de esta performance llamada Trenzando, creada por la artista Sheila Alvarado. Es el Día de San Valentín y has tomado por asalto el patio de la escuela de arte Corriente Alterna, como parte de las actividades de Un Billón a Pie, evento creado para tomar conciencia sobre el maltrato que sufren las mujeres alrededor del planeta.

Todos estamos poseídos por tu fuerza. Sé que ahora mismo, en muchas partes del mundo, hay mujeres haciendo cosas parecidas por esta causa y eso me emociona.

Verte es asistir a una escena tribal, primitiva, salvaje. Algunos lo llamarán histeria colectiva, psicosis en masa o lo que sea. Pero para ti, para todos nosotros, está claro: es el poder de la danza. Nada más.

Eres, Cecilia, una psicóloga que cura a través de la danza, con los movimientos que enseñas, tratando de liberar esos problemas que se alojan en ciertas partes del cuerpo. «El estómago está relacionado al miedo; el útero, a la autoestima», explicas. «Hay que sacar lo que nos hace daño, dejarlo vacío, observarlo y descubrir qué es lo que vamos a poner».

Todo comenzó cuando estabas en la universidad y escuchaste hablar por primera vez del Movimiento Auténtico, esa terapia creada por Mary Whitehouse, quien a inicios de la década de los sesenta usó algunos postulados del psicoanálisis para establecer un diálogo entre el movimiento del cuerpo, las emociones y las sensaciones físicas. De ella supiste que era posible volver a unir aquellas conexiones perdidas entre el movimiento y las emociones. Hasta ese entonces, la danza para ti era solo una disciplina, un arte. Habías participado en coreografías, estudiado con las mejores bailarinas del medio. Pero nada parecido al Movimiento Auténtico.

Al principio viste técnicas de sanación a través del movimiento como algo bonito, pero también como algo muy hippie, new age. Estabas acostumbrada a ser científica, racional, empírica. Pero te preguntaste, ¿por qué? ¿Qué está pasando en nuestro cuerpo? ¿Por qué bailar nos genera bienestar y placer? Empezaste a investigar. Pasaste por la anatomía, el yoga, los pilates. Brindaste clases de danza solo para solventar tus clases. Interrogabas a tus profesoras. Les robabas tiempo a tus horas de psicología e investigación. Entonces las cosas empezaron a cobrar sentido.

Viajaste a Europa y Estados Unidos solo para entender mejor la forma en la que el movimiento podía curar. Por eso, Cecilia, llegó la gran revelación a tu vida. Y todo porque decidiste cambiar de rumbo. «Investigaba sobre la danza porque sentía que nada me gustaba. Era una época universitaria muy rara. Ahora lo cuento y parece divertido, pero sufría muchísimo», dices. «No lograba empatar las cosas. Estudiaba Psicología, pero la danza era mi pasión. “Eso me mueve”, pensaba. “Me hace sentir viva”».

Cambio, mudanza, transformación.

No le temiste a esos conceptos.

Al final, dices, todo trata sobre movimiento.


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Cuando decidiste ser madre te llenaste de felicidad. «Las mujeres somos diosas –te decías a ti misma–, podemos crear vida». Durante tu embarazo, sentiste que mente y cuerpo eran elementos en constante movimiento y armonía. Te sentiste vaca, elefante, yegua, ballena. Entraste en comunión con todos los mamíferos del mundo, sintonizados en un mismo acontecimiento orgánico, casi mágico.

Cuando nació tu hija, empezaste a comunicarte con ella a través del movimiento. Un año después de ser madre, regresaste a la universidad para terminar tu carrera. Como no podía ser de otro modo, hiciste tu tesis sobre la psicología del vínculo, luego de trabajar durante cuatro años en un hogar para madres adolescentes, donde aplicaste los ejercicios que tú misma habías hecho durante el embarazo. Siempre luchadora, siempre positiva. Tan sensorial.

En 2008, como una consecuencia natural de tu perseverancia, fundaste el Centro de Terapias de Movimiento Atmósfera, donde impartes talleres de danza, pilates, Movimiento Auténtico y otras disciplinas del cuerpo. «Los avances de la neurociencia, en los últimos años, han reforzado todas estas ideas que ya se tenían sobre la conexión entre cuerpo, mente y espíritu», dices.

Ahora más que nunca, Cecilia, estás convencida de que aquello que la medicina antigua llamaba energía, existe. Y lo demuestras con cada movimiento.